356. Dedal ESPAÑA // SPAIN´s Thimble

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Dedal porcelana I Love España.

El dedal que os quiero enseñar hoy, es un dedal de porcelana de mi país, España. Era uno de los dedales que me faltaban en la colección de dedales y que llevaba tiempo detrás de él. Un dedal de “I love España“.

España, también denominado Reino de España, es un país transcontinental, miembro de la Unión Europea, constituido en Estado social y democrático de derecho y cuya forma de gobierno es la monarquía parlamentaria. Su territorio, con capital en Madrid,​ está organizado en diecisiete comunidades autónomas y dos ciudades autónomas, formadas estas, a su vez, por cincuenta provincias.

España se sitúa tanto al sur de Europa Occidental como en el norte de África. En Europa, ocupa la mayor parte de la península ibérica, conocida como España peninsular, y las islas Baleares (en el mar Mediterráneo occidental); en África se hallan las ciudades de Ceuta (en la península Tingitana) y Melilla (en el cabo de Tres Forcas), las islas Canarias (en el océano Atlántico nororiental), las islas Chafarinas (mar Mediterráneo), el peñón de Vélez de la Gomera (mar Mediterráneo), las islas Alhucemas (golfo de las islas Alhucemas) y la isla de Alborán (mar de Alborán). El municipio de Llivia, en los Pirineos, constituye un enclave rodeado totalmente por territorio francés. Completa el conjunto de territorios una serie de islas e islotes frente a las propias costas peninsulares.

Tiene una extensión de 505 370 km²,​ siendo el cuarto país más extenso del continente, tras Rusia, Ucrania y Francia. Con una altitud media de 650 metros sobre el nivel del mar es uno de los países más montañosos de Europa. Su población es de 46659302 habitantes (2018). El territorio peninsular comparte fronteras terrestres con Francia y con Andorra al norte, con Portugal al oeste y con el territorio británico de Gibraltar al sur. En sus territorios africanos, comparte fronteras terrestres y marítimas con Marruecos. Comparte con Francia la soberanía sobre la isla de los Faisanes en la desembocadura del río Bidasoa y cinco facerías pirenaicas.

De acuerdo con la Constitución, y según su artículo 3.1, “el castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla”.​ En 2012, era la lengua materna del 82 % de los españoles.​ Según el artículo 3.2, “las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos”.

El producto interior bruto coloca a la economía española en la decimotercera posición mundial. España es una potencia turística, pues es el segundo país más visitado del mundo, con 82 millones de turistas en 2017, y el segundo país del mundo en ingresos económicos provenientes del turismo.​ Es, además, el octavo país del mundo con mayor presencia de multinacionales.​ Tiene un índice de desarrollo humano muy alto (0.891), según el informe de 2017 del Programa de la ONU para el Desarrollo.​

La primera presencia constatada de homínidos del género Homo se remonta a 1,2 millones de años antes del presente, como atestigua el descubrimiento de una mandíbula de un Homo aún sin clasificar en Atapuerca. En el siglo III a. C., se produjo la intervención romana en la Península, lo que conllevó a una posterior conquista de lo que, más tarde, se convertiría en Hispania. En el Medievo, la zona fue conquistada por distintos pueblos germánicos y por los musulmanes, llegando estos a tener presencia durante algo más de siete centurias. No es hasta el s. XV, con la unión dinástica de Castilla y Aragón y la culminación de la Reconquista, junto con la posterior anexión navarra, cuando se puede hablar de la cimentación de España, como era reconocida en el exterior.​ Ya en la Edad Moderna, los monarcas españoles dominaron el primer imperio de ultramar global, que abarcaba territorios en los cinco continentes,​ dejando un vasto acervo cultural y lingüístico por el globo. A principios del XIX, tras sucesivas guerras en Hispanoamérica, pierde la mayoría de sus territorios en América, acrecentándose esta situación con el desastre del 98. Durante este siglo, se produciría también una guerra contra el invasor francés, una serie de guerras civiles, una efímera república reemplazada nuevamente por una monarquía constitucional y el proceso de modernización del país. En el primer tercio del siglo XX, se proclamó una república constitucional y se inició una guerra civil, consecuencia de un golpe militar que llevaría al poder al general Franco. El país estuvo bajo su dictadura hasta su muerte, en 1975, cuando se inició una transición hacia la democracia, cuyo clímax fue la redacción, ratificación en referéndum y promulgación de la Constitución de 1978, que propugna como valores superiores del ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

El actual territorio español aloja dos de los lugares más importantes para la prehistoria europea y mundial: la sierra de Atapuerca (donde se ha definido la especie Homo antecessor y se ha hallado la serie más completa de huesos de Homo heidelbergensis) y la cueva de Altamira (donde por primera vez se identificó el arte paleolítico).

La particular posición de la península ibérica como “Extremo Occidente” del mundo mediterráneo determinó la llegada de sucesivas influencias culturales del Mediterráneo oriental, particularmente las vinculadas al Neolítico y la Edad de los Metales (agricultura, cerámica, megalitismo), proceso que culminó en las denominadas colonizaciones históricas del I milenio a. C. Tanto por su localización favorable para las comunicaciones como por sus posibilidades agrícolas y su riqueza minera, las zonas este y sur fueron las que alcanzaron un mayor desarrollo (cultura de los Millares, Cultura del Argar, Tartessos, pueblos iberos). También hubo continuos contactos con Europa Central (cultura de los campos de urnas, celtización).

La datación más antigua de un hecho histórico en España es la de la legendaria fundación de la colonia fenicia de Gadir (la Gades romana, que hoy es Cádiz), que según fuentes romanas (Veleyo Patérculo y Tito Livio) se habría producido ochenta años después de la guerra de Troya, antes que la de la propia Roma, lo que la situaría en el 1104 a. C. y sería la fundación de una ciudad en Europa Occidental de referencias más antiguas. Las no menos legendarias referencias que recoge Heródoto de contactos griegos con el reino tartésico de Argantonio se situarían, por su parte, en el año 630 a. C. Las evidencias arqueológicas de establecimientos fenicios (EbususIbiza—, SexiAlmuñécar—, MalakaMálaga—) permiten hablar de un monopolio fenicio de las rutas comerciales en torno al Estrecho de Gibraltar (incluyendo las del Atlántico, como la ruta del estaño), que limitó la colonización griega al norte mediterráneo (Emporion, la actual Ampurias).

Las colonias fenicias pasaron a ser controladas por Cartago desde el siglo VI a. C., periodo en el que también se produce la desaparición de Tartessos. Ya en el siglo III a. C., la victoria de Roma en la primera guerra púnica estimuló aún más el interés cartaginés por la península ibérica, por lo que se produjo una verdadera colonización territorial o imperio cartaginés en Hispania, con centro en Qart Hadasht (Cartagena), liderada por la familia Barca.

La intervención romana se produjo en la segunda guerra púnica (218 a. C.), que inició una paulatina conquista romana de Hispania, no completada hasta casi doscientos años más tarde. La derrota cartaginesa permitió una relativamente rápida incorporación de las zonas este y sur, que eran las más ricas y con un nivel de desarrollo económico, social y cultural más compatible con la propia civilización romana. Mucho más dificultoso se demostró el sometimiento de los pueblos de la Meseta, más pobres (guerras lusitanas y guerras celtíberas), que exigió enfrentarse a planteamientos bélicos totalmente diferentes a la guerra clásica (la guerrilla liderada por Viriato —asesinado el 139 a. C.—, resistencias extremas como la de Numancia —vencida el 133 a. C.—). En el siglo siguiente, las provincias romanas de Hispania, convertidas en fuente de enriquecimiento de funcionarios y comerciantes romanos y de materias primas y mercenarios, estuvieron entre los principales escenarios de las guerras civiles romanas, con la presencia de Sertorio, Pompeyo y Julio César. La pacificación (pax romana) fue el propósito declarado de Augusto, que pretendió dejarla definitivamente asentada con el sometimiento de cántabros y astures (29-19 a. C.), aunque no se produjo su efectiva romanización. En el resto del territorio, la romanización de Hispania fue tan profunda como para que algunas familias hispanorromanas alcanzaran la dignidad imperial (Trajano, Adriano y Teodosio) y hubiera hispanos entre los más importantes intelectuales romanos (el filósofo Lucio Anneo Séneca, los poetas Lucano, Quintiliano o Marcial, el geógrafo Pomponio Mela o el agrónomo Columela), si bien, como escribió Tito Livio en tiempos de Augusto, “aunque fue la primera provincia importante invadida por los romanos fue la última en ser dominada completamente y ha resistido hasta nuestra época”, atribuyéndolo a la naturaleza del territorio y al carácter recalcitrante de sus habitantes. La asimilación del modo de vida romano, larga y costosa, ofreció una gran diversidad desde los grados avanzados en la Bética a la incompleta y superficial romanización del norte peninsular.

En el año 409 un grupo de pueblos germánicos (suevos, alanos y vándalos) invadieron la península ibérica. En el 416, lo hicieron a su vez los visigodos, un pueblo igualmente germánico, pero mucho más romanizado, bajo la justificación de restaurar la autoridad imperial. En la práctica tal vinculación dejó de tener significación y crearon un reino visigodo con capital primero en Tolosa (la actual ciudad francesa de Toulouse) y posteriormente en Toletum (Toledo), tras ser derrotados por los francos en la batalla de Vouillé (507). Entre tanto, los vándalos pasaron a África y los suevos conformaron el reino de Braga en la antigua provincia de Gallaecia (el cuadrante noroeste peninsular). Leovigildo materializó una poderosa monarquía visigoda con las sucesivas derrotas de los suevos del noroeste y otros pueblos del norte (la zona cantábrica, poco romanizada, se mantuvo durante siglos sin una clara sujección a una autoridad estatal) y los bizantinos del sureste (Provincia de Spania, con centro en Carthago Spartaria, la actual Cartagena), que no fue completada hasta el reinado de Suintila en el año 625. San Isidoro de Sevilla en su Historia Gothorum se congratula de que este rey “fue el primero que poseyó la monarquía del reino de toda España que rodea el océano, cosa que a ninguno de sus antecesores le fue concedida…” El carácter electivo de la monarquía visigótica determinó una gran inestabilidad política caracterizada por continuas rebeliones y magnicidios.​ La unidad religiosa se había producido con la conversión al catolicismo de Recaredo (587), proscribiendo el arrianismo que hasta entonces había diferenciado a los visigodos, impidiendo su fusión con las clases dirigentes hispanorromanas. Los Concilios de Toledo se convirtieron en un órgano en el que, reunidos en asamblea, el rey, los principales nobles y los obispos de todas las diócesis del reino sometían a consideración asuntos de naturaleza tanto política como religiosa. El Liber Iudiciorum promulgado por Recesvinto (654) como derecho común a hispanorromanos y visigodos tuvo una gran proyección posterior.

En el año 689 los árabes llegaron al África noroccidental y en el año 711, llamados por la facción visigoda enemiga del rey Rodrigo, cruzaron el Estrecho de Gibraltar (denominación que recuerda al general bereber Tarik, que lideró la expedición) y lograron una decisiva victoria en la batalla de Guadalete. La evidencia de la superioridad llevó a convertir la intervención, de carácter limitado en un principio, en una verdadera imposición como nuevo poder en Hispania, que se terminó convirtiendo en un emirato o provincia del imperio árabe llamada al-Ándalus con capital en la ciudad de Córdoba. El avance musulmán fue veloz: en el 712 tomaron Toledo, la capital visigoda; el resto de las ciudades fueron capitulando o siendo conquistadas hasta que en el 716 el control musulmán abarcaba toda la península, aunque en el norte su dominio era más bien nominal que efectivo. En la Septimania, al noreste de los Pirineos, se mantuvo un núcleo de resistencia visigoda hasta el 719. El avance musulmán contra el reino franco fue frenado por Carlos Martel en la batalla de Poitiers (732). La poco controlada zona noroeste de la península ibérica fue escenario de la formación de un núcleo de resistencia cristiano centrado en la cordillera Cantábrica, zona en la que un conjunto de pueblos poco romanizados (astures, cántabros y vascones), escasamente sometidos al reino godo, tampoco habían suscitado gran interés para las nuevas autoridades islámicas. En el resto de la península ibérica, los señores godos o hispanorromanos, o bien se convirtieron al Islam (los denominados muladíes, como la familia banu Qasi, que dominó el valle medio del Ebro) o bien permanecieron fieles a las autoridades musulmanas aun siendo cristianos (los denominados mozárabes), conservaron sus posición económica y social e incluso un alto grado de poder político y territorial (como Tudmir, que dominó una extensa zona del sureste).

La sublevación inicial de Don Pelayo fracasó, pero en un nuevo intento del año 722 consiguió imponerse a una expedición de castigo musulmana en un pequeño reducto montañoso, lo que la historiografía denominó “batalla de Covadonga“. La determinación de las características de ese episodio sigue siendo un asunto no resuelto, puesto que más que una reivindicación de legitimismo visigodo (si es que el propio Pelayo o los nobles que le acompañaban lo eran) se manifestó como una continuidad de la resistencia al poder central de los cántabros locales (a pesar del nombre que terminó adoptando el reino de Asturias, la zona no era de ninguno de los pueblos astures, sino la de los cántabros vadinienses​). El “goticismo” de las crónicas posteriores asentó su interpretación como el inicio de la “Reconquista”, la recuperación de todo el territorio peninsular, al que los cristianos del norte entendían tener derecho por considerarse legítimos continuadores de la monarquía visigoda.

Los núcleos cristianos orientales tuvieron un desarrollo inicial claramente diferenciado del de los occidentales. La continuidad de los godos de la Septimania, incorporados al reino franco, fue base de las campañas de Carlomagno contra el Emirato de Córdoba, con la intención de establecer una Marca Hispánica al norte del Ebro, de forma similar a como hizo con otras marcas fronterizas en los límites de su Imperio. Demostrada imposible la conquista de las zonas del valle del Ebro, la Marca se limitó a la zona pirenaica, que se organizó en diversos condados en constantes cambios, enfrentamientos y alianzas tanto entre sí como con los árabes y muladíes del sur. Los condes, de origen franco, godo o local (vascones en el caso del condado de Pamplona) ejercían un poder de hecho independiente, aunque mantuvieran la subordinación vasallática con el Emperador o, posteriormente, el rey de Francia Occidentalis. El proceso de feudalización que llevó a la descomposición de la dinastía carolingia, evidente en el siglo IX, fue estableciendo paulatinamente la transmisión hereditaria de las condados y su completa emancipación de la vinculación con los reyes francos. En todo caso, el vínculo nominal se mantuvo mucho tiempo: hasta el año 988 los condes de Barcelona fueron renovando su contrato de vasallaje.

En 756, Abderramán I (un Omeya superviviente del exterminio de la familia califal destronada por los abbasíes) fue acogido por sus partidarios en al-Ándalus y se impuso como emir. A partir de entonces, el Emirato de Córdoba fue políticamente independiente del Califato abasí (que trasladó su capital a Bagdad). La obediencia al poder central de Córdoba fue desafiada en ocasiones con revueltas o episodios de disidencia protagonizados por distintos grupos etno-religiosos, como los bereberes de la Meseta del Duero, los muladíes del valle del Ebro o los mozárabes de Toledo, Mérida o Córdoba (jornada del foso de Toledo y Elipando, mártires de Córdoba y San Eulogio) y se llegó a producir una grave sublevación encabezada por un musulmán convertido al cristianismo (Omar ibn Hafsún, en Bobastro). Los núcleos de resistencia cristiana en el norte se consolidaron, aunque su independencia efectiva dependía de la fortaleza o debilidad que fuera capaz de demostrar el Emirato cordobés.

En 929, Abderramán III se proclamó califa, manifestando su pretensión de dominio sobre todos los musulmanes. El Califato de Córdoba solo consiguió imponerse, más allá de la península ibérica, sobre un difuso territorio norteafricano; pero sí logró un notable crecimiento económico y social, con un gran desarrollo urbano y una pujanza cultural en todo tipo de ciencias, artes y letras, que le hizo destacar tanto en el mundo islámico como en la entonces atrasada Europa cristiana (sumida en la “Edad Oscura” que siguió al renacimiento carolingio). Ciudades como Valencia, Zaragoza, Toledo o Sevilla se convirtieron en núcleos urbanos importantes, pero Córdoba llegó a ser, durante el califato de al-Hakam II, la mayor ciudad de Europa Occidental; quizá alcanzó el medio millón de habitantes, y sin duda fue el mayor centro cultural de la época. En los años finales del siglo X, el general Almanzor dirigió cada primavera aceifas (expediciones de castigo y para conseguir botín) contra los cristianos del norte (Pamplona, 978, León, 982, Barcelona, 985, Santiago, 997). A su muerte en 1002, tras su derrota ante una coalición cristiana en la batalla de Calatañazor, comenzaron una serie de enfrentamientos entre familias dirigentes musulmanas, que llevaron a la desaparición del califato y la formación de un mosaico de pequeños reinos, llamados de taifas.

El reino de Asturias, con su capital fijada en Oviedo desde el reinado de Alfonso II el Casto, se había transformado en reino de León en 910 con García I al repartir Alfonso III el Magno sus territorios entre sus hijos. En 914, muerto García, subió al trono Ordoño II, que reunificó Galicia, Asturias y León y fijó definitivamente en esta última ciudad su capital. Su territorio, que llegaba hasta el Duero, se fue paulatinamente repoblando mediante el sistema de presura (concesión de la tierra al primero que la roturase, para atraer a población en las peligrosas zonas fronterizas), mientras que los señoríos laicos o eclesiásticos (de nobles o monasterios) se fueron implantando posteriormente. En las zonas en que la frontera fue una condición más permanente y la defensa recaía en la figura social del caballero-villano, lo que ocurrió particularmente en la zona oriental del reino, se conformó un territorio de personalidad marcadamente diferenciada: el condado de Castilla (Fernán González). Un proceso hasta cierto punto similar (aprisio) se produjo en los condados catalanes de la llamada Cataluña la Vieja (hasta el Llobregat, por oposición a la Cataluña la Nueva conquistada a partir del siglo XII).

El siglo XI comenzó con el predominio entre los reinos cristianos del reino de Navarra. Sancho III el Mayor incorporó los condados pirenaicos centrales (Aragón, Sobrarbe y Ribagorza) y el condado leonés de Castilla, estableciendo un protectorado de hecho sobre el propio reino de León. Los enfrentamientos entre las taifas musulmanas, que recurrían a los cristianos como tropas mercenarias para imponerse unas sobre otras, aumentaron notablemente su poder, que llegó a ser suficiente como para someterlas al pago de parias.

Los territorios de Sancho el Mayor fueron distribuidos entre sus hijos tras su muerte. Fernando obtuvo Castilla. Su matrimonio con la hermana del rey leonés y el apoyo navarro le permitieron imponerse como rey de León tras la muerte de su cuñado en la batalla de Tamarón (1037). A la muerte de Fernando se volvió a realizar un reparto territorial que multiplicó el número de territorios que adquirieron el rango regio: reino de León, reino de Galicia, reino de Castilla, así como la ciudad de Zamora. Sucesivamente se produjeron reunificaciones y divisiones, siempre revertidas, excepto en el caso del condado de Portugal, convertido en reino. La conquista de Toledo por Alfonso VI (1085) permitió la repoblación de la amplia región entre los ríos Duero y Tajo mediante la concesión de fueros y cartas pueblas a concejos con jurisdicción sobre amplias zonas (comunidad de villa y tierra) sobre los que ejercían una especie de “señorío colectivo”. Un proceso similar se produjo en el valle del Ebro, repoblado (en parte con mozárabes emigrados del sur peninsular) a partir de la conquista de Zaragoza (1118) por Alfonso I el Batallador, rey de Navarra y Aragón, que incluso llegó a ser rey consorte de Castilla y León (en un accidentado matrimonio con Urraca I de Castilla, que terminó anulándose). A su muerte sin herederos directos se separaron definitivamente sus reinos: mientras que Navarra quedó marginada en la Reconquista, sin crecimiento hacia el sur, Aragón se vinculó con Cataluña en 1137 por el matrimonio de la reina Petronila con el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona y formaron la Corona de Aragón.

Por su parte, la conformación de la Corona de Castilla como conjunto de reinos, con un único rey y unas únicas Cortes, no se consolidó hasta el siglo XIII. Los distintos territorios conservaban diversas particularidades jurídicas, así como su condición de reino, perpetuada en la intitulación regia: “rey de Castilla, de León, de Galicia, de Nájera, de Toledo,… señor de Vizcaya y de Molina“, añadiendo sucesivamente los títulos de soberanía de los nuevos reinos que se fueran conquistando o adquiriendo. Alfonso VII adoptó el título de Imperator totius Hispaniae. La repoblación de la amplia zona entre el Tajo y Sierra Morena, relativamente despoblada, se confió a las órdenes militares (Santiago, Alcántara, Calatrava, Montesa).

Los avances cristianos hacia el sur fueron confrontados sucesivamente por dos intervenciones norteafricanas: la de los almorávides (batallas de Zalaca, 1086, y Uclés, 1108) y la de los almohades (batalla de Alarcos, 1195), que unificaron bajo una concepción más rigorista del Islam a las taifas, cuyos gobernantes eran acusados de corruptos y contemporizadores con los cristianos. Sin embargo, la batalla de las Navas de Tolosa (1212) significó una decisiva imposición del predominio cristiano y los pocos años quedó un único reducto musulmán en la península, el reino nazarí de Granada. La decadencia política y militar de al-Ándalus fue simultánea a su mayor esplendor en los campos artístico y cultural (palacio de la Aljafería, Alhambra de Granada, Averroes, Ibn Hazm).

La Corona de Castilla, con Fernando III el Santo, conquistó en los años centrales del siglo XIII la totalidad del valle del Guadalquivir (reinos de Jaén, de Córdoba y de Sevilla) y el reino de Murcia; mientras la Corona de Aragón, tras frustrarse su expansión al norte de los Pirineos (cruzada albigense), conquistaba los reinos de Valencia y de Mallorca (Jaime I el Conquistador). El acuerdo entre ambas coronas definió las respectivas zonas de influencia, e incluso enlaces matrimoniales (de Alfonso X el Sabio con Violante de Aragón). La repoblación por los cristianos de estas zonas, densamente habitadas por musulmanes, muchos de los cuales permanecieron tras la conquista (mudéjares), se realizó mediante el repartimiento de lotes de fincas rurales y urbanas de distinta importancia según la categoría social de los que habían intervenido en la toma de cada una de las ciudades. La convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos produjo un intercambio cultural de altísimo nivel (escuela de traductores de Toledo, tablas alfonsíes, obras de Raimundo Lulio) al tiempo que se abrían varios studium arabicum et hebraicum (Toledo, Murcia, Sevilla, Valencia, Barcelona) y los studia generalia que se convirtieron en las primeras universidades (Palencia, Salamanca, Valladolid, Alcalá, Lérida, Perpiñán).

A partir de las vísperas sicilianas (1282), la Corona de Aragón inició una expansión por el Mediterráneo en la que incorporó Cerdeña, Sicilia e incluso, brevemente, los ducados de Atenas y Neopatria. En competencia con Portugal, la Corona de Castilla optó por una expansión atlántica, basada en su control del Estrecho. En 1402 comenzó la conquista de las islas Canarias, hasta entonces habitadas exclusivamente por los guanches. La ocupación inicial fue llevada a cabo por señores normandos (Juan de Bethencourt) que rendían vasallaje al rey Enrique III de Castilla. El proceso de conquista no concluyó hasta 1496, culminado por la propia acción de la corona. El deslindamiento de las zonas de influencia portuguesa y castellana se acordó en el tratado de Alcaçovas (1479), que reservaba a los portugueses las rutas del Atlántico Sur y por tanto la circunnavegación de África que permitiera una ruta marítima hasta la India.

La gran mortandad provocada por la Gran Peste de 1348, particularmente grave en la Corona de Aragón, precedida de las malas cosechas del ciclo de 1333 (lo mal any primer), provocaron una gran inestabilidad tanto económica y social como política e ideológica. En Castilla se desató la Primera Guerra Civil Castellana (1351-1369) entre los partidarios de Pedro I el Cruel y su hermanastro Enrique II de Trastamara. En Aragón, a la muerte de Martín I el Humano, representantes de los tres Estados de la Corona eligieron como sucesor, en el Compromiso de Caspe (1412), a Fernando de Antequera, de la castellana Casa de Trastámara. La expansión mediterránea aragonesa continuó con la conquista del Reino de Nápoles durante el reinado de Alfonso V el Magnánimo. La crisis fue particularmente intensa en Cataluña, cuya expresión política fueron las disputas entre Juan II de Aragón y su hijo, Carlos de Viana, aprovechadas por las instituciones representativas del poder local (la Generalidad o comisión permanente de las Cortes y el Consejo de Ciento o regimiento de la ciudad de Barcelona) para manifestar el escaso poder efectivo que la monarquía aragonesa tenía sobre el particularismo (pactismo, foralismo) de cada uno de sus territorios, donde prevalecían las constituciones, usos y costumbres tradicionales (usatges, observancias) sobre la voluntad real. Simultáneamente estallaron las tensiones sociales entre la Busca y la Biga (alta y baja burguesía de la ciudad de Barcelona) y las revueltas de los payeses de remença (campesinos sometidos a un régimen de sujección personal particularmente duro), todo lo cual hizo estallar la compleja Guerra Civil Catalana (1462 – 1472). El debilitamiento de Barcelona y Cataluña benefició a Valencia, que se convirtió en el puerto marítimo que centralizó la expansión comercial de la Corona de Aragón y alcanzó los 75000 habitantes a mediados de siglo XV, con un auge cultural que permite definirlo como Siglo de Oro valenciano. El reino de Aragón, sin salida al mar y centrado en actividades fundamentalmente agropecuarias, limitó su desarrollo económico y social. Los privilegios de ricoshombres y nobleza laica y eclesiástica impidieron el desarrollo de una burguesía pujante, y su peso relativo en el equilibrio entre los Estados de la Corona aragonesa disminuyó.

En 1479, con la subida al trono de Fernando el Católico, segundo hijo y heredero de Juan II, y rey consorte de Castilla por su matrimonio con Isabel la Católica, las tensiones sociales se redujeron, incluida la conflictividad campesina (Sentencia Arbitral de Guadalupe, 1486). El creciente antisemitismo, estimulado por predicadores como San Vicente Ferrer o el Arcediano de Écija, había explotado en la revuelta antijudía de 1391, que al provocar conversiones masivas originó el problema converso: la discriminación de los cristianos nuevos por los cristianos viejos, que llegó incluso a la persecución violenta (revuelta anticonversa de Pedro Sarmiento en Toledo, 1449) y suscitó la creación de la Inquisición española (1478).

El matrimonio de Isabel y Fernando (1469), y la victoria del bando que les apoyaba en la Guerra de Sucesión Castellana, determinaron la unión dinástica de las coronas de Castilla y Aragón. La unificación territorial peninsular se incrementó con la Guerra de Granada (1482-1492) y la anexión de Navarra (1512), y se prosiguió la expansión territorial por el norte de África e Italia. La política matrimonial de los Reyes Católicos, que casaron a sus hijos con herederos de todas las casas reales de Europa occidental excepto con la francesa (Portugal, Inglaterra y los Estados Habsburgo) provocó una azarosa concentración de reinos en su nieto Carlos de Habsburgo (Carlos I como rey de España -1516-, Carlos V como emperador -1521-), que junto con la enorme dimensión territorial de la recientemente descubierta América (1492), convertida en un verdadero imperio colonial, hizo de la Monarquía Hispánica la más poderosa del mundo. En el mismo annus mirabilis de 1492 se decretó la expulsión de los judíos y apareció la Gramática castellana de Antonio de Nebrija.

El poder de los “imperiales” no se afianzó en Castilla sin vencer una fuerte oposición (Guerra de las Comunidades), que evidenció la centralidad de los reinos españoles en el Imperio de Carlos. A pesar de su triunfo en las guerras de Italia frente a Francia, el fracaso de la idea imperial de Carlos V (en gran medida causado por la oposición de los príncipes protestantes alemanes) llevó al emperador a planificar la división de sus Estados entre su hermano Fernando I (Archiducado de Austria e Imperio germánico) y su hijo Felipe II (Flandes, Italia y España, junto con el imperio ultramarino). La alianza entre los Austrias de Viena y los Austrias de Madrid se mantuvo entre 1559 y 1700. La hegemonía española se vio incluso incrementada con la unión ibérica con Portugal, mantenida entre 1580 y 1640; y fue capaz de enfrentarse a conflictos abiertos por toda Europa: las guerras de religión de Francia, la revuelta de Flandes (1568-1648, que terminó con la división del territorio en un norte protestante –Holanda– y un sur católico -los Países Bajos Españoles-) y el creciente poder turco en el Mediterráneo (frenado en la batalla de Lepanto, 1571). El dominio de los mares fue desafiado por holandeses e ingleses, que consiguieron resistir a la llamada Armada Invencible de 1588. Dentro de España se sofocaron con dureza las alteraciones de Aragón (1590) y la rebelión de las Alpujarras (1568). Esta fue una manifestación de la no integración de los moriscos, que no encontró solución hasta la radical expulsión de 1609, ya en el siguiente reinado, que en zonas como Valencia causó una grave despoblación y la decadencia de la productiva agricultura característica de este grupo social.

La revolución de los precios del siglo XVI fue provocada por la masiva llegada de plata a Castilla, que monopolizaba el comercio americano, y causó el hundimiento de las actividades productivas locales, mientras se realizaban importaciones de productos manufacturados europeos. La crisis del siglo XVII afectó especialmente a España, que bajo los llamados Austrias menores (Felipe III, Felipe IV y Carlos II) entró en una evidente decadencia. Simultáneamente, el arte y la cultura española vivía los momentos más brillantes del Siglo de Oro. Superada la coyuntura crítica de la crisis de 1640, en que estuvo a punto de disolverse (revuelta de los catalanes, revuelta de Masaniello en Nápoles, alteraciones andaluzas, independencia de Portugal), la Monarquía Hispánica se redefinió, ya sin Portugal y con la frontera francesa fijada en el tratado de los Pirineos (1659).

La Guerra de Sucesión Española (1700-1715) y los tratados de Utrecht y Rastadt determinaron el cambio de dinastía, imponiéndose en el trono la Casa de Borbón (con la que se mantuvieron los pactos de familia durante casi todo el siglo XVIII), aunque significara la pérdida de los territorios de Flandes e Italia en beneficio de Austria y onerosas concesiones en el comercio americano en beneficio de Inglaterra, que también retuvo Gibraltar y Menorca. Dentro de España se impuso un modelo político que adaptaba el absolutismo y centralismo francés a las instituciones de la Corona de Castilla, que se impusieron en la Corona de Aragón (decretos de Nueva Planta). Únicamente las provincias vascas y Navarra mantuvieron su régimen foral. En el contexto de una nueva coyuntura de crecimiento, se procuró la reactivación económica y la recuperación colonial en América, con medidas mercantilistas en la primera mitad del siglo, que dieron paso al nuevo paradigma de la libertad de comercio, ya en el reinado de Carlos III. El motín de Esquilache (1766) permite comparar el diferente grado de desarrollo sociopolítico con Francia, que en una coyuntura hasta cierto punto similar desembocó en la Revolución, mientras que en España la crisis se cerró con la sustitución del equipo de ministros ilustrados y el freno de su programa reformista, la expulsión de los jesuitas y un reequilibrio de posiciones en la corte entre las facciones de golillas y manteístas.

La Edad Contemporánea no empezó muy bien para España. En 1805, en la batalla de Trafalgar, una escuadra hispano-francesa fue derrotada por el Reino Unido, lo que significó el fin de la supremacía española en los mares en favor del Reino Unido, mientras Napoleón Bonaparte, emperador de Francia que había tomado el poder en el país galo en el complejo escenario político planteado tras el triunfo de la Revolución Francesa, aprovechó las disputas entre Carlos IV y su hijo Fernando y ordenó el envío de su poderoso ejército a España en 1808. Su pretexto era invadir Portugal, para lo que contaba con la complicidad del primer ministro del rey español, Manuel Godoy, a quien había prometido el trono de una de las partes en las que pensaba dividir el país luso. El emperador francés impuso a su hermano José I en el trono, lo que desató la Guerra de la Independencia Española, que duraría cinco años. En ese tiempo se elaboró la primera Constitución española, de marcado carácter liberal, en las denominadas Cortes de Cádiz. Fue promulgada el 19 de Marzo de 1812, festividad de San José, por lo que popularmente se la conoció como “la Pepa”. Tras la derrota de las tropas de Napoleón, que culminó en la batalla de Vitoria en 1813, Fernando VII volvió al trono de España.

Durante el reinado de Fernando VII la Monarquía Española experimentó el paso del Antiguo Régimen al Estado Liberal. Tras su llegada a España, Fernando VII derogó la Constitución de 1812 y persiguió a los liberales constitucionalistas, dando comienzo a un rígido absolutismo. Mientras tanto, la Guerra de Independencia Hispanoamericana continuó su curso, y a pesar del esfuerzo bélico de los realistas, al concluir el conflicto únicamente las islas de Cuba y Puerto Rico, en América, seguían bajo gobierno español. Terminada la Década Ominosa y con el apoyo de los políticos liberales a la Pragmática Sanción de 1830, España se organizó nuevamente en monarquía parlamentaria. De esta forma ambos procesos revolucionarios dieron origen a los nuevos Estados nacionales existentes en la actualidad. El final del reinado de Fernando VII señaló también la extinción del absolutismo en todo el mundo hispánico.

La muerte de Fernando VII en 1833 abrió un nuevo período de fuerte inestabilidad política y económica. Su hermano Carlos María Isidro, apoyado en los partidarios absolutistas, se rebeló contra la designación de Isabel II, hija de Fernando VII, como heredera y reina constitucional, y contra la derogación del Reglamento de sucesión de 1713, que impedía la sucesión de mujeres en la Corona. Estalló así la Primera Guerra Carlista. El reinado de Isabel II se caracterizó por la alternancia en el poder de progresistas y moderados, si bien esta alternancia estaba más motivada por los pronunciamientos militares de ambos signos que por una pacífica cesión del poder en función de los resultados electorales.

La Revolución de 1868, denominada “la Gloriosa”, obligó a Isabel II a abandonar España. Se convocaron Cortes Constituyentes que se pronunciaron por el régimen monárquico y, a iniciativa del general Juan Prim, se ofreció la Corona a Amadeo de Saboya, hijo del rey de Italia. Su reinado fue breve por el cansancio que le provocaron los políticos del momento y el rechazo a su persona de importantes sectores de la sociedad, a lo que se sumó la pérdida de su principal apoyo, el mencionado general Prim, asesinado antes de que Amadeo llegara a pisar en España. Seguidamente se proclamó la Primera República, que tampoco gozó de larga vida, aunque sí muy agitada: en once meses tuvo cuatro presidentes: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar. Durante este convulso período se produjeron graves tensiones territoriales y enfrentamientos bélicos, como la declaración de independencia del Cantón de Cartagena, máximo exponente del cantonalismo. Finalizó esta etapa en 1874 con los pronunciamientos de los generales Martínez-Campos y Pavía, que disolvió el Parlamento.

La Restauración borbónica proclamó rey a Alfonso XII, hijo de Isabel II. España experimentó una gran estabilidad política gracias al sistema de gobierno preconizado por el político conservador Antonio Cánovas del Castillo, que se basaba en el turno pacífico de los partidos Conservador (Cánovas del Castillo) y Liberal (Práxedes Mateo Sagasta) en el gobierno. En 1885 murió Alfonso XII y se encargó la regencia a su viuda María Cristina, hasta la mayoría de edad de su hijo Alfonso XIII, nacido tras la muerte de su padre. La rebelión independentista de Cuba en 1895 indujo a los Estados Unidos a intervenir en la zona. Tras el confuso incidente de la explosión del acorazado USS Maine el 15 de Febrero de 1898 en el puerto de La Habana, los Estados Unidos declararon la guerra a España. Derrotada por la nación norteamericana, España perdió sus últimas colonias: Cuba, Filipinas, Guam y Puerto Rico.

El siglo XX comenzó con una gran crisis económica y la subsiguiente inestabilidad política. Hubo un paréntesis de prosperidad comercial propiciado por la neutralidad española en la Primera Guerra Mundial, pero la sucesión de crisis gubernamentales, la marcha desfavorable de la Guerra del Rif, que se agudizó como consecuencia de la oposición tribal autóctona al Protectorado español de Marruecos, la agitación social y el descontento de parte del ejército, desembocaron en el golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera el 13 de Septiembre de 1923. Estableció una dictadura militar que fue aceptada por gran parte de las fuerzas sociales y por el propio rey Alfonso XIII. Durante la dictadura se suprimieron libertades y derechos, lo que sumado a la difícil coyuntura económica y el crecimiento de los partidos republicanos, hicieron la situación cada vez más insostenible. En 1930 Primo de Rivera presentó su dimisión al rey y se marchó a París, donde murió al poco tiempo. Le sucedió en la jefatura del Directorio el general Dámaso Berenguer y después, por breve tiempo, el almirante Aznar. Este período es conocido como “dictablanda”.

Decidido a buscar una solución a la situación política y establecer la Constitución, el rey propició la celebración de elecciones municipales el 12 de Abril de 1931. Estas dieron una rotunda victoria a las candidaturas republicano-socialistas en las grandes ciudades y capitales de provincia, si bien el número total de concejales era mayoritariamente monárquico. Las manifestaciones organizadas exigiendo la instauración de una república democrática llevaron al rey a abandonar el país y a la proclamación de la misma el 14 de Abril de ese mismo año. Durante la Segunda República se produjo una gran agitación política y social, marcada por una acusada radicalización de izquierdas y derechas. Los líderes moderados fueron boicoteados y cada parte pretendió crear una España a su medida. Durante los dos primeros años, gobernó una coalición de partidos republicanos y socialistas. En las elecciones celebradas en 1933 triunfó la derecha y en 1936, la izquierda. Los actos violentos durante este período incluyeron la quema de iglesias, la sublevación monárquica del militar José Sanjurjo, la Revolución de 1934 y numerosos atentados contra líderes políticos rivales. Por otra parte, es también durante la Segunda República cuando se inician importantes reformas para modernizar el país —Constitución democrática, reforma agraria, reestructuración del ejército, primeros Estatutos de Autonomía…— y se amplían los derechos de los ciudadanos como el reconocimiento del derecho a voto de las mujeres, instaurándose el sufragio universal.

El 17 y 18 de Julio de 1936 se sublevaron contra el gobierno de la República las guarniciones militares del África española, golpe de Estado que triunfó solo en parte del país. España quedó dividida en dos zonas: una bajo la autoridad del Gobierno republicano —en la que se produjo la Revolución social de 1936— y otra controlada por los sublevados. La situación desembocó en la Guerra Civil Española, en la que el general Francisco Franco fue investido jefe supremo de los sublevados. El apoyo alemán de Hitler e italiano de Mussolini a los sublevados, más firme que el soporte soviético de Stalin y mexicano de Lázaro Cárdenas a los republicanos, y los continuos enfrentamientos entre las distintas facciones republicanas, entre otras razones, desembocaron en la victoria de los franquistas el 1 de Abril de 1939.

La victoria del general Franco supuso la instauración de un régimen dictatorial. El desarrollo de una fuerte represión sobre los vencidos obligó al exilio a miles de españoles y condenó a otros tantos a la muerte o al encarcelamiento. El apoyo de España a las Potencias del Eje durante la Segunda Guerra Mundial la condujo a un aislamiento internacional de carácter político y económico.​ No obstante, el anticomunismo del régimen español hizo que durante la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética y sus respectivos aliados, el régimen franquista fuera tolerado y finalmente reconocido por las potencias occidentales. A finales de los años 1950 finalizó su aislamiento internacional con la firma de varios acuerdos con los Estados Unidos que permitieron la instalación de bases militares conjuntas hispano-estadounidenses en España. En 1956, Marruecos, que había sido protectorado español y francés, adquirió su independencia y se puso en marcha un plan de estabilización económica del país. En 1968, Franco concedió la independencia a la Guinea Española y al año siguiente nombró a Juan Carlos de Borbón, nieto de Alfonso XIII, como su sucesor a título de rey. A pesar de que el régimen mantuvo una férrea represión contra cualquier oposición política, España experimentó un desarrollo industrial y económico muy importante durante los años 60 y 70.

Francisco Franco murió el 20 de Noviembre de 1975 y Juan Carlos I fue proclamado rey dos días después. Se abrió entonces un período conocido como transición a la democracia. Adolfo Suárez fue nombrado presidente del Gobierno por el rey y consiguió aprobar la Ley para la Reforma Política en las Cortes franquistas. En 1977 se celebraron elecciones democráticas. En 1978 se promulgó la Constitución española que estableció un Estado social y democrático de derecho con la monarquía parlamentaria como forma de gobierno. En 1979, tras las primeras elecciones bajo la nueva constitución, la coalición centrista Unión de Centro Democrático (UCD) obtuvo mayoría simple en el Congreso de los Diputados y Adolfo Suárez fue investido presidente de Gobierno. El 29 de Enero de 1981 dimitió por presiones internas de su propio partido.

Durante este periodo la banda terrorista vasca Euskadi Ta Askatasuna (ETA) cometió un gran número de atentados, especialmente contra miembros del ejército y de las fuerzas de seguridad, así como otros de carácter indiscriminado. Durante la sesión de votación de investidura del sucesor de Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo (UCD), el 23 de Febrero de 1981, tuvo lugar un intento de golpe de Estado promovido por altos mandos militares. El Palacio de las Cortes fue tomado por el teniente coronel Antonio Tejero, pero la intentona golpista fue abortada el mismo día por la intervención del rey Juan Carlos en defensa del orden constitucional. En 1981 se firmó en Bruselas el protocolo de adhesión de España a la OTAN, dando inicio al proceso de integración en la Alianza que terminó en la primavera de 1982, durante el Gobierno de UCD.

En las elecciones generales de 1982 venció por mayoría absoluta el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) liderado por Felipe González, que fue nombrado presidente del Gobierno y se mantuvo en el poder durante cuatro legislaturas. En 1986, España se incorporó a la Comunidad Económica Europea, precursora de la Unión Europea, y se celebró un referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN en el que ganó el sí. En 1992, España apareció de forma llamativa en el escenario internacional, ofreciendo una imagen de un país sólido y moderno, con la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona, la declaración de Madrid como Ciudad Europea de la Cultura y la celebración en Sevilla de la Exposición Universal.

Durante este período se produjo una profunda modernización de la economía y la sociedad españolas, caracterizada por las reconversiones industriales y la sustitución del modelo económico tardofranquista por otro de corte más liberal —lo que condujo a tres importantes huelgas generales—, la generalización del pensamiento y los valores contemporáneos en la sociedad española, el desarrollo del Estado autonómico, la transformación de las fuerzas armadas y el enorme desarrollo de las infraestructuras civiles —como la multiplicación de la red de autovías—. Sin embargo, hubo también una situación de elevado desempleo y hacia el final del mismo se produjo un importante estancamiento económico, que no inició su recuperación hasta 1999 —cuando la tasa de desempleo descendió del 23 % al 15 %—. 1994 y 1995 fueron dos de los peores años en democracia por la multiplicación y descubrimiento de los casos de corrupción: el terrorismo de Estado de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), el caso Roldán, las escuchas del CESID, etc.

En las elecciones generales anticipadas de 1996 venció el Partido Popular (PP) abriendo una nueva etapa política en España. No obstante, no obtuvo la mayoría absoluta por lo que José María Aznar tuvo que pactar con los partidos nacionalistas para poder ser investido presidente de Gobierno. Su Gobierno tuvo ante sí un reto clave: la mejora de los datos económicos que permitiera a España formar parte de los países miembros de la Unión Europea que compartirían la nueva moneda única, el euro, hito conseguido a finales de 1997. El terrorismo de ETA continuó activo. El 10 de Julio de 1997 ETA secuestró al concejal del PP de Ermua Miguel Ángel Blanco y amenazó con asesinarle si el Gobierno no cumplía sus exigencias. Dos días después, los etarras acabaron con su vida. Su muerte provocó un multitudinario movimiento de repulsa en el País Vasco y en el resto de España conocido como el Espíritu de Ermua.

El siglo XXI empezó con una brutal escalada terrorista de ETA en el año 2000 y con los efectos de los ataques terroristas del 11-S en los Estados Unidos, que provocaron que España apoyara las intervenciones militares estadounidenses en Afganistán (2001) e Irak (2003). Esta última se realizó sin el apoyo de la ONU y pese a recibir múltiples manifestaciones en contra por parte de la opinión pública española y mundial.

En 2002 el euro entró en circulación en España y en otros once países que conformaron la eurozona, sustituyendo a la peseta y a las respectivas monedas nacionales. Este cambio monetario provocó la subida encubierta de los precios.​ Entre 1994 y 2007 se produjo una importante expansión de la economía española, basada fundamentalmente en el sector de la construcción. A finales del siglo XX y a lo largo del siglo XXI España recibió una gran cantidad de inmigrantes de países latinoanoamericanos como Ecuador, Colombia, Argentina, Bolivia, Perú o República Dominicana, así como de diferentes zonas de África, Asia y Europa. El fuerte crecimiento económico de tipo expansivo que presentó el país desde 1993 requirió una gran cantidad de mano de obra.

El jueves 11 de Marzo de 2004 se produjeron en Madrid los atentados del 11M, el mayor atentado terrorista de la historia de España, que provocó la muerte de 192 personas y cerca de 1500 heridos. Se produjeron diez explosiones casi simultáneas en cuatro trenes en hora punta de la mañana en la red ferroviaria de cercanías de Madrid. Los ataques fueron revindicados por la organización terrorista islámica Al Qaeda. La consternación social ante los atentados y ante la discutida reacción del Gobierno causó una enorme movilización popular, en la que 11 millones de ciudadanos se manifestaron por las calles de casi todas las ciudades del país. Tres días después de los atentados se celebraron las elecciones generales de 2004. La agitación popular resultó definitiva en la resolución de las elecciones en las que el PSOE obtuvo la victoria. José Luis Rodríguez Zapatero se convirtió en el quinto presidente del Gobierno.

Con Zapatero como presidente del Gobierno se retiraron las tropas españolas que combatían en Irak. Ello ocasionó un considerable enfriamiento de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos. Se firmó la Constitución Europea y se realizó el referéndum de la Constitución Europea, en el que los ciudadanos españoles aprobaron el tratado. Sin embargo, el rechazo en referéndum en Francia y Holanda hizo que fracasara. También se aprobó el matrimonio homosexual, entre otras reformas de carácter social prometidas en el programa electoral de los socialistas.​

El 22 de Marzo de 2006, la organización terrorista ETA anunció su segundo alto al fuego, que rompió el 30 de Diciembre de ese mismo año con la colocación de una furgoneta bomba en la Terminal 4 del Aeropuerto de Barajas, atentado en el que dos personas perdieron la vida.

Las elecciones de 2008 dieron la victoria de nuevo al PSOE y Zapatero formó su segundo Gobierno. Estas elecciones consolidaron y reforzaron el bipartidismo: los dos grandes partidos ocuparon 323 de los 350 escaños del Congreso.​ Ese mismo año se celebró en Zaragoza la Expo 2008, cuyo eje temático fue el agua y el desarrollo sostenible. La Gran Recesión mundial y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria provocaron una gravísima crisis económica en España. A partir de Mayo de 2011 aparecieron movimientos sociales conocidos como “indignados” o 15-M que reclamaban una democracia más participativa. En Septiembre se reformó la constitución con el objeto de garantizar la estabilidad presupuestaria de la administración pública. El 20 de Octubre de 2011, la organización terrorista ETA anunció el “cese definitivo de su actividad armada” e hizo efectiva su disolución el 3 de Mayo de 2018.

Ante la difícil situación económica, se celebraron elecciones generales anticipadas en 2011 en las que el Partido Popular obtuvo mayoría absoluta y Mariano Rajoy fue investido presidente del Gobierno. Rajoy tuvo que afrontar una situación económica y social particularmente difícil, tensiones territoriales en Cataluña y un creciente descrédito de la clase política. En 2012, aprobó un severo plan de recortes sociales y en junio solicitó a la Unión Europea el rescate de las entidades financieras, tras la quiebra de Bankia. En el primer trimestre de 2013, el número de parados en España tocó techo al superarse por primera vez los seis millones de desempleados.

El 2 de Junio de 2014, el rey Juan Carlos I expresó su intención de abdicar la Corona en favor de su hijo. Felipe VI fue proclamado rey de España ante las Cortes Generales el 19 de Junio del mismo año, tras hacerse efectiva la abdicación.

Las elecciones generales de 2015 vio la entrada de dos nuevos partidos: Podemos y Ciudadanos, conduciendo a un escenario de cuatro partidos que no consiguieron investir a un presidente del Gobierno. Rajoy rechazó ir a la investidura y el socialista Pedro Sánchez fracasó en su intento. En 2016, se volvieron a celebrar elecciones generales con resultados parecidos. Rajoy, apoyado por Ciudadanos, se presentó a la investidura pero fue rechazado. Finalmente, la abstención de un PSOE sumido en una profunda crisis interna permitió a Rajoy ser investido y formar su segundo Gobierno luego de diez meses de Gobierno en funciones. Pedro Sánchez fue investido presidente del gobierno tras vencer en su moción de censura contra Rajoy (1 de Junio de 2018).

España volvió a ser víctima de un atentado yihadista en Cataluña cuando en los días 17 y 18 de Agosto de 2017, terroristas del Estado Islámico asesinaron a 16 personas en Barcelona y Cambrils.​ El 1 de Octubre, se realizó un referéndum de independencia de Cataluña no reconocido por el Estado; el Parlament catalán proclamó la independencia (27 Octubre) y el Gobierno aplicó el artículo 155 de la Constitución y convocó elecciones autonómicas; el president Carles Puigdemont huyó del país y fue detenido en Alemania en Marzo de 2018, pero la Justicia alemana le negó a España la extradición.

(12/01/2018)

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354. Dedal SEGOVIA // SEGOVIA´s Thimble

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Dedal Menta & Limón Segovia.

En esta ocasión, el dedal que os quiero enseñar me lo traje de mi segunda visita a la ciudad de Segovia ya hace unos añitos, aunque no había tenido mucho tiempo de subirlo al blog. Es un dedal de la colección Menta & Limón en el que podemos ver diferentes dibujos con algunos de los monumentos importantes que podemos ver en la ciudad de Segovia, entre ellos el Acueducto, el alcázar y una vista general de la ciudad, además del cochinillo típico de la ciudad.

Segovia es una ciudad y municipio español en la parte meridional de la comunidad autónoma de Castilla y León, capital de la provincia del mismo nombre. Se sitúa en la confluencia de los ríos Eresma y Clamores, al pie de la sierra de Guadarrama. La ciudad vieja y el acueducto de Segovia fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985. El acueducto, de 818 metros de largo, es considerada la obra de ingeniería civil romana más importante de España, y es uno de los monumentos más significativos y mejor conservados de los que dejaron los romanos en la península ibérica. El término municipal cuenta con una población de 51756 habitantes (INE 2017).

Cochinillo asado, una de las principales especialidades segovianas.

En las cocinas de Segovia, las de los mesones y las de las casas, se han elaborado durante siglos los alimentos autóctonos, naturales de las fértiles tierras circundantes, hasta convertirlos en exquisitas recetas. Las tierras de la provincia, generosas, aportan buenos productos, comenzando por el alimento más popular, el pan, elaborado con el trigo de nuestros campos de “pan llevar”, o la leche, base de los quesos de la provincia de Segovia.

El tierno lechazo asado o el cochinillo son parte de la oferta de carnes de los restaurantes de la capital, completada por los mil y un productos obtenidos de la matanza del cerdo, ritual éste que todavía se celebra en los pueblos de la provincia durante los meses más fríos.

Los ríos serranos de las cercanas cumbres aportan la exquisita trucha, y las generosas huertas una variada y rica oferta de temporada. Si se desea, el menú se completa con los postres ideados con delicadeza por monjas de clausura, experimentados pasteleros y reposteros concienzudos: rosquillas, soplillos, florones, hojuelas, tortas y, sobre todo, el delicado ponche segoviano, de cremoso interior y tostada apariencia.

Una comida en Segovia no puede dejar de ser acompañada por alguno los reconocidos vinos que se producen en la provincia como los Blancos de Nieva o los Tintos de Valtiendas.

Los monumentos que destacan en la ciudad son:

Acueducto de Segovia.

El acueducto de Segovia, localizado en la emblemática plaza del Azoguejo, es el símbolo distintivo de la ciudad;​ se desconoce la fecha de su construcción, que pudo llevarse a cabo a finales del siglo I o principios del siglo II,​ y se trata de la obra de ingeniería civil romana más importante de España.​ Fue realizado con unos 25000 sillares de granito unidos sin ningún tipo de argamasa, tiene una longitud de 818 metros en su parte más visible; aunque no hay que olvidar que su recorrido total es de unos 15 km desde la presa de captación próximo al embalse de Puente Alta. Consta de más de 170 arcos y su parte más alta mide 29 metros, medida que alcanza en el Azoguejo, su zona más visitada.

Alcázar de Segovia.

El alcázar de Segovia, palacio real situado en lo alto de una roca entre los ríos Eresma y Clamores, aparece documentado por primera vez en 1122, aunque es posible que existiese en época anterior. Fue una de las residencias favoritas de los reyes de Castilla, construido en la transición del románico al gótico, y en el que destaca la decoración mudéjar de sus amplios salones. El edificio se articula a través de dos patios y posee dos torres, la del Homenaje y la de Juan II. Fue residencia favorita de Alfonso X el Sabio y de Enrique IV, y de él partió Isabel la Católica para ser coronada reina de Castilla en la plaza mayor. Devastado por un incendio en 1862, fue posteriormente reconstruido. Alberga en la actualidad el Archivo General Militar de Segovia y el museo del Real Colegio de Artillería, gestionado por el Patronato del Alcázar.

Monasterio de San Antonio el Real.

El monasterio de San Antonio el Real era el antiguo pabellón de caza de Enrique IV y más tarde se convirtió en convento. Son únicos sus techos artesonados de estilo mudéjar que datan todos de 1455, son todos de época (al contrario de los techos del Alcázar de Segovia que fueron destruidos durante el incendio de 1862 y reconstruidos a principios del siglo XX). La iglesia presenta un techo mudéjar y el claustro (ahora convertido en museo) presenta otros ejemplos de techos mudéjares de técnica nazarí. Diez monjas siguen viviendo en el convento.

Catedral de Santa María.

La catedral de Santa María es la última catedral gótica que se construyó en España. Está considerada como la obra maestra del gótico vasco-castellano y se la conoce como “La Dama de las Catedrales”. Se trata de la tercera catedral de la ciudad, y conserva el claustro de la segunda, ubicada frente al alcázar y destruida durante la Guerra de las Comunidades en 1520. En sus obras trabajaron Juan y Rodrigo Gil de Hontañón, y otros maestros de la arquitectura española. Fue consagrada en 1768 y tiene unas dimensiones de 105 metros de largo, 50 de ancho y 33 de altura en la nave central; consta de 18 capillas y dispone de tres puertas de acceso: la del Perdón, la de San Frutos y la de San Geroteo, primer obispo de la diócesis.​

Murallas de Segovia.

Las murallas de Segovia ya existían cuando Alfonso VI de León arrebató la ciudad a los árabes, quien mandó ampliarla llegando a tener un perímetro de 3 kilómetros, ochenta torres, cinco puertas y varios postigos. Su construcción se realizó principalmente con sillares de granito, aunque también se reutilizaron lápidas de la necrópolis romana. La muralla recorre el casco antiguo, y en la actualidad conserva tres puertas: San Cebrián, de gran austeridad; Santiago, de aspecto mudéjar; y San Andrés, puerta de acceso a la judería; y los postigos del Consuelo, de San Juan, del Sol y de la Luna.

(17/12/2016)

353. Dedal LAS NAVAS DEL MARQUÉS // LAS NAVAS DEL MARQUÉS´Thimble

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Dedal de porcelana de Las Navas del Marqués (Ávila).

El pasado mes de Septiembre, en una de mis escapadas a la capital, hemos visitado un nuevo pueblo de la provincia de Ávila, que se llama Las Navas del Marqués.

No contaba con encontrar tiendas de regalos para traerme algún recuerdo del paso por el pueblo, pero como siempre hago, para ver si puedo traerme algún dedal para incorporar a la colección, busqué por internet a ver si encontraba alguna tienda de la que pudiese llevarme un dedal. Cual fue mi sorpresa que encontré una Floristería que tenía recuerdos de Las Navas, y allí fuímos. Me traje tres dedales de esta visita, y el dedal que os quiero enseñar hoy, es uno de ellos, un dedal en el que está representado el Castillo de Las Navas del Marqués. Esta floristería se llama “Floristería Las Dalias“.

Las Navas del Marqués es un municipio de España perteneciente a la provincia de Ávila, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Con 5187 habitantes en 2017 era el cuarto municipio más poblado de la provincia, tras la capital provincial, Arévalo y Arenas de San Pedro.

Rodrigo Méndez Silva, en el siglo XVII, escribe en su obra “Población de España“:

“Faldas de vna fierra diftante tres leguas al Efcurial, que del otro lado cae, yaze la villa de las Nauas, llamada del Marques, 800. vezinos, gran trato de muy buenos paños, proueyendo varias partes deftos Reynos, mucho ganado, caças, razonablemente pan. Tiene vna Parroquia, vn Conuento de Frayles Dominicos, y funtuofo Palacio: haze por armas las de fus dueños, en efcudo azul treze roeles de oro. Fundaronla Hebreos de Nabucodonofor, Años 590. antes de nuesftra falud, nombrando Nauas, que fuena Majada de paftores, o lugar de buenos paftos.
Eftando defierta, la pobló nueuamente el Conde don Ramon, yerno de Alonfo Sexto Caftellano, año 1090.
Y boluiendo a deshabitarfe, Gil Blazquez de Auila, Hernan Lian, don Iñigo, y don Marquez, a orden del Rey Alonfo Sabio año 1275. Es cabeça de Marquefado, cuyo titulo dio el Emperador Carlos V a don Pedro de Auila, tercer Conde de Rifco.”

Rodrigo Méndez Silva. Población de España. Siglo XVII.

Si bien la tradición sitúa el nacimiento de Las Navas en la época de Nabucodonosor II, por judíos, no existe ninguna prueba que lo atestigüe y la teoría se considera, en la actualidad, descabellada. Sí existen pruebas de asentamientos humanos durante la Alta Edad Media, probablemente pastores, que utilizaban estas tierras al tratarse de “tierra de nadie”, enclavadas entre el norte cristiano y el sur musulmán. Las navas debe su nombre al marqués Don Pedro de Dávila, que mandó construir el castillo-palacio de Magalia hacia el 1540.

Se puede decir que la historia de Las Navas, la historia del último siglo, se va conociendo poco a poco. Y mal. No hay un estudio serio. Hay estudios parciales. Tenemos la Alcabala del Viento. Respuestas Generales del Catastro de Ensenada. Nº 50. Las Navas del Marqués, que se cita, más abajo como libro. Así como las repercusiones de la Desamortización de Mendizabal. Y en cuanto al hecho más relevante y trágico como fue la guerra del 36-39 se pasa de puntillas aún. Se debe sin duda a que ya perdura en el recuerdo y algunos de los que participaron viven. Se sabe que por aquí estuvo la mítica Columna Mangada,​ fiel a la República y que se dieron combates encarnizados. El pueblo, como la mayoría de los pueblos, quedó dividido entre los partidarios de una parte y de la otra.

Las tropas nacionales de Rada y Angulo tomaron Las Navas el 22 de Octubre de 1936.

El término municipal de Las Navas del Marqués cuenta con dos edificios de interés histórico catalogados con la figura de protección de Bien de Interés Cultural. Se tratan del Palacio Castillo de Magalia y del Convento de Santo Domingo y San Pablo.

Castillo-Palacio de Magalia.

El castillo-palacio de Magalia​ es un edificio de estilo renacentista situado en la localidad española de Las Navas del Marqués, en la provincia de Ávila. Construido en la primera mitad del siglo XVI, fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1931 y en la actualidad cuenta con el estatus de Bien de Interés Cultural.

La denominación actual, de Palacio Castillo, deja entrever que fue concebido como un palacio renacentista sin olvidar elementos propios de los castillos defensivos de épocas anteriores, como el torreón de planta circular que data del siglo XI.

En el conjunto destacan la fachada principal con balcones volados, ventanas renacentistas y puerta de entrada con arco de medio punto, el zaguán de piedra, dos ventanas renacentistas y dos puertas de arco conopial, así como un magnífico banco de piedra con dedicatoria de los primeros marqueses, el patio de dos galerías, la inferior de veinticuatro arcos de columnas jónicas con los escudos de los Dávila y Córdoba, y la superior con igual número de columnas arquitrabadas de estilo dórico, así como dos bóvedas planas situadas en uno de los torreones. Estas bóvedas son únicas en el mundo, ya que solo hay otra en el Real Monasterio de El Escorial. Posee además pinturas y mobiliario de gran valor artístico. Todos los cuadros del palacio pertenecen al Museo del Prado.

En el torreón se encuentra la capilla, con pinturas cubistas del artista Francisco Farreras.

Fue construido por los primeros marqueses de Las Navas, Pedro Dávila y Zúniga y su mujer, María de Córdoba, que lo utilizaron como residencia y centro administrativo de su marquesado. Cuando el marquesado pasó a formar parte del Ducado de Medinacelli en el siglo XVIII el edificio fue abandonado y finalmente vendido, en 1906, junto con los terrenos de Las Navas a la empresa Resinera Española, que posteriormente lo cedió al Estado para que hiciera uso de él con fines culturales.

Tras la Guerra Civil fue gestionado por la Sección Femenina de la Falange que lo empleó como residencia universitaria.

En la actualidad es gestionado por el Ministerio de Educación y Cultura y es utilizado para albergar congresos, reuniones de empresa y eventos culturales. La oficina de turismo de Las Navas del Marqués ofrece visitas guiadas gratuitas al conjunto.

Dispone de 41 habitaciones, una lujosa suite, que ocupa la primera planta del torreón oriental, comedor, con capacidad para 84 personas, varios salones de actos, sala de juegos, biblioteca, gimnasio y piscina climatizada.

(01/09/2018)

348. Dedal ARANDA DE DUERO // ARANDA DE DUERO´s Thimble

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Dedal porcelana Aranda de Duero (Burgos).

Hace muy poquito he estado visitando Aranda de Duero de donde me he traido unos cuantos dedales para la colección ya que no tenía ninguno de la provincia de Burgos. Con este dedal que os quiero enseñar hoy inauguro una nueva categoría en mi blog.

Aranda de Duero es una ciudad de la provincia de Burgos, en el Partido judicial de Aranda de Duero. Capital de la comarca de la Ribera del Duero, en Castilla y León, España. Se encuentra ubicada al sur de la provincia. Cuenta con una población de 32.621 habitantes (2016),​ siendo el tercer municipio no capital de provincia más poblado de Castilla y León.

La ciudad acoge la sede del Consejo Regulador de la Indicación Geográfica Protegida (I.G.P.) Lechazo de Castilla y León, las sedes centrales de las multinacionales Grupo Leche Pascual y Glaxo Wellcome (GlaxoSmithKline) y la sede del Consorcio turístico Ruta del Vino Ribera del Duero.​ Produce vinos de la D.O. Ribera del Duero y en su momento fue la primera localidad de Castilla y León en producir cava con denominación de origen.

Históricamente es conocida por haberse celebrado en 1473 el Concilio de Aranda, con presencia de la todavía princesa Isabel I de Castilla. También por el Plano de Aranda, realizado en 1503, siendo el mapa urbano más antiguo de España y el documento cartográfico más antiguo del Archivo General de Simancas, en el cual se basaron para el desarrollo de las ciudades del Nuevo Mundo recién descubierto por la Corona de Castilla. Por Aranda además cruza la Cañada Real Segoviana, desde 2007, incluida en la lista indicativa de la Unesco, como futura candidatura a Patrimonio de la Humanidad.

En el plano turístico es especialmente conocida por su gastronomía, sus vinos de D.O. Ribera del Duero, habiendo acogido su Consejo Regulador durante los primeros años, el lechazo asado y la morcilla de Aranda. De su patrimonio arquitectónico destacan las iglesias de Santa María la Real, y de San Juan, hoy museo sacro, el Santuario de San Pedro Regalado, la Iglesia de San Nicolás de Bari, los 7 km. de Bodegas Subterráneas construidas entre los siglos XII y XVIII, que se encuentran en el subsuelo del casco antiguo de la ciudad y el Palacio de los Berdugo en el que se hospedó Napoleón en 1808. También son de interés la cercana ciudad romana de Clunia Sulpicia y el Monasterio de Santa María de La Vid. La Semana Santa de Aranda está declarada de “Interés Turístico Regional”.

Es el 3.er polo industrial de Castilla y León, con 4872 trabajadores dedicados al sector, en 136 empresas, y la 1.ª ciudad en porcentaje: el 32,9% de la población activa (dic 2007).​ En la ciudad se encuentran algunas de las mayores empresas de la Comunidad Autónoma: Grupo Leche Pascual (8.ª), GlaxoSmithKline (15.ª), Grupo Gerardo de la Calle – Artepref (167.ª), así como una gran factoría del grupo Michelin entre otras.

En 1990 celebró el Campeonato Mundial de BMX y en 2003 el Campeonato Mundial de Mushing sobre tierra. Durante los años 60 celebró el Festival de la canción del Duero, reputado festival internacional. Desde 1998 celebra el Festival Sonorama Ribera, el festival de música pop rock más importante de Castilla y León y referente nacional. Anualmente la ciudad acoge el Congreso Internacional Fine Wine de la D.O. Ribera del Duero, considerado el mayor encuentro internacional sobre vino y cultura.​ Y la Milla de Aranda, la “milla” deportiva más importante de España.​ En 2014 la capital ribereña fue elegida para albergar la XIX edición de la exposición de Las Edades del Hombre.

(09/06/2018)

346. Dedal SAN SEBASTIÁN // SAN SEBASTIÁN´s Thimble

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Dedal Vintage Porcelana San Sebastián (País Vasco).

En esta entrada os quiero enseñar un nuevo dedal que me han regalado hace muy poquito. El dedal que os quiero enseñar hoy, es un dedal de porcelana que pertenece a la ciudad de San Sebastián, y fue un regalo de mi amigo Rubén, que se lo encontró en uno de sus viajes por trabajo y decidió regalarmelo para mi colección. Un dedal panorámico vintage.

San Sebastián​ (oficialmente: Donostia/San Sebastián)​ es una ciudad y municipio situado en el norte de España, en la costa del golfo de Vizcaya y a 20 kilómetros de la frontera con Francia. La ciudad es la capital de la provincia de Guipúzcoa, en la comunidad autónoma del País Vasco. La población del municipio es de 186.064 habitantes (2016),​ y su área metropolitana alcanza los 436.500 (2010). Es la cabecera de la Eurociudad Vasca BayonaSan Sebastián, una conurbación de más de 620.000 habitantes.

Sus principales actividades económicas son el comercio y el turismo,​ constituyendo en el pasado uno de los más famosos destinos turísticos de España. Su paisaje, dominado por la bahía de La Concha, así como su desarrollo arquitectónico moderno iniciado en la segunda mitad del siglo XIX, que configuró una ciudad de corte francés y aburguesado, propiciaron el desarrollo de la actividad turística a escala europea. Todo ello, unido a eventos internacionales como el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, el Festival de Jazz de San Sebastián, la Quincena Musical o el Festival de Cine de Terror, ha dado proyección exterior a la ciudad, a pesar de sus pequeñas dimensiones. San Sebastián fue Capital Europea de la Cultura en 2016 junto con Breslavia, Polonia.

Historia.

Fundación.

Si bien se desconoce de manera exacta su fundación, el primer dato lo aporta un documento —considerado falso por la mayoría de los historiadores— del año 1014 de Sancho el Mayor de Navarra, según el cual el monasterio de San Sebastián se pone en manos del abad de Leyre y obispo de Pamplona. Dicho documento será confirmado, en 1101, por el rey Pedro Ramírez (Pedro I de Aragón, rey de Navarra y Aragón). Las primeras noticias escritas de San Sebastián hacen referencia a un monasterio, situado en el barrio que aún hoy se denomina San Sebastián El Antiguo. A aquel lugar se le conoció primitivamente, según algunos historiadores, como Izurum. El término español San Sebastián y la palabra vasca Donostia surge etimológicamente de la evolución de la palabra Donebastian (de Domine o Done = Santo, y Sebastián).

En los siglos XI y XII, el monasterio de San Sebastián El Antiguo, al mismo tiempo que centro espiritual, lo era de la naciente vida social y administrativa de la población de esta zona, que, con el tiempo, de no ser por diversos avatares que tendrán lugar posteriormente, habría cristalizado en un municipio.

San Sebastián fue fundada hacia 1180 por Sancho el Sabio, rey de Navarra, para ser puerto marítimo de Navarra, e inicialmente cumplió su misión como tal. Guipúzcoa a partir del año 1200 rindió vasallaje al rey castellano Alfonso VIII, enemigo de Sancho el Fuerte. Tradicionalmente, se ha tendido a creer que ese cambio de un reino a otro se dio a través de una negociación o pacto. Sin embargo, a tenor de la relectura de fuentes históricas conocidas, parece que San Sebastián pasó a Castilla mediante conquista militar. ​En cualquier caso, los comerciantes de San Sebastián se acostumbraron rápidamente al cambio, puesto que pasó de ser el puerto de un pequeño estado sin posibilidades de expansión territorial (Navarra), a servir de salida al mar de una monarquía, la castellana, mucho mayor, más rica y en plena expansión.

Edad Media.

Los Reyes de Castilla contaron en 1248 por primera vez con fuerzas navales de San Sebastián, que tomaron parte en inutilizar la escuadra de moros y el puente de Triana, cuyo resultado fue la rendición de la ciudad de Sevilla.

Alfonso VIII juró los fueros e inició la larga serie de privilegios otorgados a San Sebastián, tendentes a mantener unos vivo el tráfico navarro y otros una situación privilegiada de los comerciantes donostiarras en el mercado español. Esta prosperidad es la que la hizo resurgir de los múltiples incendios que padeció a partir de 1266, llegando a arder por completo seis veces en dos siglos y cuarto.

La Guerra de los Cien Años, las Guerras de bandos y la evolución de Navarra en dirección francesa por motivos dinásticos trajeron para San Sebastián, en la segunda mitad del siglo XIV, una consecuencia grave: el desplazamiento de las principales líneas de tráfico hacia Bilbao, sustituyendo a San Sebastián como centro de gravedad del tráfico comercial. En Enero de 1489 un incendio redujo a cenizas la villa. Este desgraciado acontecimiento tuvo como medida la construcción en piedra de la villa. Este incendio sería el último de la época medieval de San Sebastián.

A partir del último cuarto del siglo XV, San Sebastián pasó de ser un emporio mercantil gracias su situación estratégica, a ser plaza militar y su puerto principal, Pasajes, de ser esencialmente comercial a cumplir las funciones de base naval.

Plaza militar: siglos XV-XIX.

Tras la catástrofe de 1489, más que de una reconstrucción de la villa hay que hablar de una nueva forma de vida de la colectividad donostiarra. A partir del último cuarto del siglo XV, San Sebastián pasará, de ser un emporio mercantil por su situación estratégica, a ser plaza militar; y su puerto principal, Pasajes, pasará de ser esencialmente comercial, a cumplir las funciones de base naval de la Escuadra Cantábrica, fuerza marítima que mantendrá durante siglos (hasta el XIX) la lucha contra las escuadras francesa, holandesa y británica.

Este nuevo papel de San Sebastián como fortaleza, encargada de frenar las acometidas de los franceses, dará lugar a que la villa tome nuevos derroteros, por los cuales ganó los títulos de Noble y Leal. En el período entre los Reyes Católicos y Felipe V, trescientos años aproximadamente, la villa sufrió numerosos sitios. Este continuo estado de guerra supuso para San Sebastián un fuerte deterioro de su economía, motivado por los gastos en las fortificaciones, el mantenimiento de la guarnición y la continua caída del comercio marítimo, que, a partir de 1573, se agravó aún más, pues Sevilla adquirió el monopolio de las transacciones con América.

Después de llevar dos siglos cumpliendo heroicamente su misión bélica, Felipe IV le concedió en 1662 el título de Ciudad. Hasta su fundación sólo había pequeñas zonas residenciales en el barrio del Antiguo, en la Parte Vieja y en el valle del Urumea, emprendiendo hasta el siglo XV un lento proceso de crecimiento.

En 1719 San Sebastián fue tomada, por primera vez, por un poderoso ejército francés mandado por el duque de Berwick, quien se encontró una ciudad débil en fortificaciones y una pequeña guarnición con escasez de víveres y munición. La ciudad estuvo ocupada por una guarnición de 2000 soldados franceses hasta el 25 de Agosto de 1721 en que fue evacuada por el Tratado de La Haya.

Durante la Guerra de la Independencia, San Sebastián fue ocupada en 1808 por las tropas napoleónicas. Nombrado José I (José Bonaparte) soberano de España, entró el 9 de Junio en San Sebastián y recorrió la calle Narrica, en la que permanecieron todas las ventanas cerradas. En Junio de 1813, los aliados (las tropas anglo-portuguesas, bajo el mando directo de sir Thomas Graham y teniendo por generalísimo al duque de Wellington, con un fuerte contingente de tropas y armas), sitiaron la ciudad. Después de varios días de intenso bombardeo y un primer asalto fallido, el 31 de Agosto tuvo lugar el asalto definitivo, realizado a través de la brecha abierta en las murallas, lo que obligó a las tropas francesas a replegarse hacia el Castillo, donde capitularon el 8 de Septiembre.

El saqueo de las tropas anglo-portuguesas causó un gran incendio, del que solo se salvaron treinta y cinco casas, que servían de alojamiento para los oficiales británicos y portugueses, mientras iniciaban el ataque al Castillo, así como las edificaciones situadas al norte de la calle de la Trinidad (iglesias de Santa María y de San Vicente y conventos de San Telmo y de Santa Teresa).

Siglo XIX: hacia el Ensanche.

Tras la guerra, los vecinos más representativos se reunieron en las afueras, en Zubieta, y decidieron reconstruir la ciudad.

La división del reino en cincuenta y dos provincias establece la capitalidad de Guipúzcoa en San Sebastián; hasta entonces ésta se había turnado entre San Sebastián, Tolosa, Azpeitia y Azcoitia, en función de dónde se realizaban las reuniones de Juntas y residiera el corregidor (representante del rey en la provincia). Tras un nuevo traslado a Tolosa (1844), en 1854 se declara San Sebastián capital de la provincia. Se decide el retroceso de las aduanas al Ebro y el cierre de San Sebastián como puerto habilitado para el comercio con América.

En la provincia se formaron dos bandos, carlistas y liberales, estos últimos partidarios de la Constitución. Ambos defendían los fueros, pero de diferente manera. San Sebastián optó por el liberalismo frente a la mayor parte de la Guipúzcoa rural.

En 1863, y tras un intenso debate, se derribaron las murallas, que limitaban el desarrollo de la ciudad. El 4 de Mayo, a los acordes de una marcha expresamente realizada para tal acontecimiento, se procedió a quitar la primera piedra que, hecha pedazos, se repartió entre los invitados de primera fila.

San Sebastián cambió de orientación: terminada su etapa como fortaleza, pasó a cumplir la función de capital de la provincia, comenzando su expansión reflejada en el plan de Antonio Cortázar para la nueva ciudad.

La Belle Époque donostiarra.

A la muerte del rey Alfonso XII de España, en 1885, su viuda, la Reina Regente María Cristina, traslada todos los veranos la corte a San Sebastián, residiendo en el Palacio de Miramar. El Ayuntamiento de San Sebastián, en reconocimiento a la gran labor en favor de la ciudad, la nombró alcaldesa honoraria. Más adelante, ya en pleno desarrollo del Ensanche Cortázar, que dotó a la ciudad de su actual atractivo arquitectónico, la construcción del Casino en 1887 aumentó el número de veraneantes.

De esta etapa son todos los edificios reseñables de la ciudad (aparte de los presentes en la Parte Vieja, los más antiguos), como la Catedral del Buen Pastor de San Sebastián, la Escuela de Artes y Oficios (actual sede de Correos) y el Instituto Peñaflorida (luego ocupado por la Escuela de Ingenieros Industriales y hoy en día por el Centro Cultural Koldo Mitxelena), el Palacio de Miramar, el Teatro Victoria Eugenia, el Hotel María Cristina, las villas del Paseo de Francia o la estación del Norte, así como el resto de edificios del Área Romántica, todos ellos con un marcado estilo francés que hizo acreedora a San Sebastián del sobrenombre de Pequeña París o París del Sur.

En 1914, y con el inicio de la I Guerra Mundial, San Sebastián se convirtió en la ciudad más cosmopolita de Europa. En su Casino se dieron cita todos los personajes de la vida europea, Mata Hari, León Trotsky, Maurice Ravel, Romanones, Pastora Imperio, el torero de fama, el banquero ostentoso…; fueron los tiempos de la Belle Époque donostiarra, y en San Sebastián actuaron la compañía francesa de opereta, los ballets rusos, cantantes de ópera y muchos otros artistas famosos.

En 1930, la ciudad acogió la reunión de políticos republicanos que se dio en llamar Pacto de San Sebastián, que tuvo una gran trascendencia en el posterior advenimiento de la II República el 14 de Abril de 1931; de hecho, el primer gobierno republicano estuvo formado, en gran medida, por el núcleo de políticos participantes en el “pacto”. La elección de la capital donostiarra se debió, por una parte, a la proximidad de la ciudad con la República Francesa y al hecho de que San Sebastián fuera la capital de verano de la Corte. Fernando Sasiaín, anfitrión del Pacto, fue el alcalde de San Sebastián durante la República.

Dictadura franquista.

Al comenzar la Guerra Civil, el nacionalista vasco Telesforo Monzón se hizo cargo de la Comisión de Orden Público, creada por la Junta de Defensa de Guipúzcoa, en la que se reunían nacionalistas vascos, republicanos, comunistas y socialistas. Constituido el Gobierno de Euskadi, el 7 de Octubre de 1936, Telesforo Monzón ocupó asimismo el Ministerio de la Gobernación.

Al poco de estallar la Guerra Civil Española, San Sebastián cayó en manos de los golpistas el 13 de Septiembre de 1936. La dictadura mantuvo a San Sebastián en el papel de Ciudad Capital de Veraneo. Franco residió durante los meses de Agosto desde 1940 hasta 1975 en el palacio de Ayete, que, comprado por el ayuntamiento, fue ofrecido al general. Durante ese período se celebraron en dicho lugar los Consejos de Ministros.

En 1946, durante el mandato de Rafael Lataillade Aldecoa, se llevó a cabo la recuperación del Gran Casino para reconvertirlo en Casa Consistorial.

En 1953, y a iniciativa de un grupo de comerciantes de la ciudad, nació el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, con el doble objetivo de alargar el veraneo en la capital donostiarra y de devolver a San Sebastián la actividad cultural y el glamour perdidos desde la Guerra Civil. El éxito de la primera edición llevó a la dictadura a hacerse cargo del evento, que progresivamente fue ganando peso y prestigio hasta convertirse en uno de los eventos culturales más importantes y con mayor proyección exterior de España, y en uno de los mejores festivales de cine del mundo, escenario de algunos estrenos cinematográficos históricos y punto de encuentro de buena parte de las más importantes estrellas del séptimo arte.

Desarrollo moderno.

En 1955 se inició el segundo y más importante proceso de ensanche de la ciudad, en lo que se denominó Ensanche de Amara, dando lugar a un barrio del mismo nombre (que aludía a las marismas que había en dicho terreno antes de su construcción). Uno de los primeros pasos en la construcción del ensanche fue el traslado de la Escuela de Artes y Oficios y Comercio, situada en el centro, a unas escuelas de nueva construcción, así como el del Instituto Peñaflorida, pasando a denominarse Instituto Usandizaga en su sección femenina. Puede considerarse que el proceso de consolidación del barrio de Amara finalizó en 1993, con la construcción del Estadio de Anoeta y la renovación total de la ciudad deportiva de la ciudad (situada en Amara).

Tras ambos ensanches la ciudad consolidó su eje principal, alrededor del cual continúa expandiéndose aunque a un ritmo mucho menor. Hoy las prioridades de la ciudad son la mejora de las infraestructuras (potenciación del aeropuerto, mejores comunicaciones ferroviarias, mejora de las carreteras), la regeneración de los barrios de la periferia, el mantenimiento y potenciamiento del turismo, principal fuente de ingresos, y hasta hace unos años la lucha contra el terrorismo de ETA y la violencia callejera, que castigaron a la ciudad con intensidad. El crecimiento urbanístico pretende combinarse con el cuidado del medio ambiente, la lucha a escala municipal contra el cambio climático y la sostenibilidad. Fruto de los esfuerzos realizados en dicha dirección, San Sebastián fue premiada en 2008 por la Federación Española de Municipios y Provincias como la ciudad más sostenible de España.​

A la muerte del dictador Francisco Franco se constituyó, en 1978, una gestora presidida por el socialista Ramón Jáuregui encargada de dirigir las instituciones municipales hasta las primeras elecciones municipales de la democracia, en 1979. En dichos comicios electorales resultó vencedor el PNV y el primer alcalde de la nueva etapa democrática fue Jesús María Alkain. Le sucedió, en 1983, Ramón Labayen, también del PNV, quien a su vez fue sustituido por el nacionalista Xabier Albistur, de Eusko Alkartasuna, en 1987. En el marco de la fuerte reconversión industrial que vivió el País Vasco en la década de 1980 y el clima de tensión interno, algunos informes de la época situaron a San Sebastián como la ciudad con mayor proporción de adictos a la droga del mundo.​ El socialista Odón Elorza, del Partido Socialista de Euskadi, alcanzó la alcaldía en 1991 a pesar de ser el candidato de la tercera fuerza más votada, gracias al apoyo del PNV y el PP. El 23 de Enero de 1995, en vísperas de las elecciones municipales de mayo, la banda terrorista ETA asesinó al teniente de alcalde, Gregorio Ordóñez, candidato del Partido Popular. Ordóñez había mejorado progresivamente sus resultados electorales en el País Vasco. Tras su asesinato, el candidato del Partido Socialista, Elorza, revalidó su cargo al ser el candidato más votado y ostentó la alcaldía de la ciudad ininterrumpidamente desde entonces hasta su derrota en las elecciones municipales del 22 de Mayo de 2011.

(07/12/2017)

345. Dedal CAMBADOS // CAMBADOS´Thimble

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Dedal Escudo Cambados (Pontevedra).

 

En esta ocasión, os quiero enseñar un nuevo dedal de porcelana que me traje de mi visita a este municipio pontevedrés, Cambados. Es un dedal de porcelana que lleva impreso el escudo del municipio. Este dedal lo compré en una de las tiendas de souvenirs del municipio, paseando por sus bonitas calles. El nombre de esta tienda es Capricho´s.

Cambados es un municipio situado en la comarca del Salnés, el centro de las Rías Bajas, en la provincia de Pontevedra, en Galicia (noroeste de España).

Historia

Sobre el origen de su nombre existen varias teorías (todas precientíficas). una de ellas dice que este nombre deriva de los descendientes de la familia Camba; otra, que se debe a los celtas, de Cambrae (Cambra, cuna). Una tercera dice que deriva de los vocablos cam (lago) y bados (casa). Cualquiera que sea verdad, lo cierto es que hay vestigios de poblados en sus montes y bosques, en las proximidades de los ríos y el mar, en los siglos -VI y -V

Posteriormente, al igual que toda la costa gallega, fue explorada por los fenicios en busca de cobre y estaño, de lo que es testigo la torre de Lobeira, que desempeñó funciones de faro para la navegación de estos comerciantes, establecidos en la desembocadura del Umia, donde también aprovecharon las riquezas salinas de las tierras del Salnés.

Durante la dominación romana, desde la zona de Cambados se organizaron luchas contra el invasor. Ejemplo de esto fueron las luchas contra el procónsul Décimo Junio Bruto, con el cual se llegó a firmar un tratado, aunque posteriormente este procónsul arrasó la zona, perdiendo ésta una gran parte de su importancia.

El rey godo Éxica designó a su hijo Witiza, futuro rey de los Godos, como Gobernador de Galicia. Durante su gobierno concedió grandes privilegios a Cambados.
Durante la invasión árabe, Abdelaziz entró en Galicia atacando Lugo, Tui, Orense y Cambados; posteriormente, Fruela I, hijo de Alfonso I, los vencería a orillas del Umia. En las continuas razzias de los árabes por el norte de la Península Ibérica y durante el siglo siguiente, entre los años 816 y 821, siguieron atacando las poblaciones gallegas; en la segunda de estas fechas, el Rey Alfonso I el Casto los derrotó y después de eso, Cambados buscando una protección, se hizo feudo del obispado de Tui, ya que había pertenecido a su antigo dominio Tudem Graviorum.

Durante los siglos IX e X, Cambados fue también víctima, como casi toda la costa gallega, de las correrías y tropelías de los normandos.

Fernando II, Rey de León, en 1170 le concedió el título de “Muy Real Villa” y le confirmó los privilegios que Witiza le había otorgado.

En el siglo XII el núcleo más antiguo de Cambados, denominado Vila Vella, estaba constituido por San Tomé do Mar y Santa Mariña. Diego Gelmírez incorporó la villa a la Diócesis de Compostela. En el siglo siguiente y por aforamiento, pasó a ser señorío de Paio Gómez Charino y durante muchos años estuvo vinculada a la casa de Sotomayor y Chariño, e también a los condes de Castronuevo y Villaumbrosa.

Durante el levantamiento de los Irmandiños, se unen las fuerzas de sus parroquias, que actuaron por las zonas limítrofes, llegando hasta Ponte Sampaio.

Los Reyes Católicos concedieron también privilegios a Cambados por sus merecimientos y valor en la conquista de Granada, eximiéndola de muchos tributos que estaban obligados a pagar al obispo Compostelano.

El 25 de Septiembre de 1484, la Reina Isabel mandó restituir al Conde de Caminha, sus lugares de Cambados y Meis.

La zona de Cambados había sido donada primeramente a las Órdenes del Temple y del Santo Sepulcro y posteriormente a la de San Juan de Jerusalén, aforándola estas Órdenes a las Casas de Soutomaior y de Ulloa, pasando después a la Casa de Monterrey y de ésta a la de Alba.

Felipe IV concede una cédula para que no sean llevados los marineros de San Tomé do Mar para a su Real Armada, puesto que éstes han de defender esta villa de los ataques de los piratas.

En 1709, el señorío y xurisdición de San Tomé y Santa Mariña pasan por venta del IV Conde de Castronuevo al I Marqués de Montesacro.

Durante la Guerra de Independencia, los vecinos de Cambados actuaron continuamente acosando a las divisiones de los Mariscales Soult y Ney, contribuyendo así a la derrota de los franceses.

En 1820 nace el Ayuntamiento de Cambados, cabeza de partido judicial, integrando la totalidad del territorio actual, además de el de Ribadumia. En 1841 se segregaron este municipio y también la parroquia de Deiro, incorporada al ayuntamiento vecino de Villanueva de Arosa. Cambados mantuvo la capitalidad de partido judicial.

Escudo

La descripción del escudo solamente la he encontrado en gallego, por lo que os dejo la descripción y también su traducción al castellano.

Gallego. Escudo municipal de Cambados (Pontevedra, Galicia): En campo de azur, un cáliz de ouro, surmontado dunha forma sagrada de gules, e orlado nos flancos e na punta cun cordón de prata, acabados os seus extremos en forma de lazo; todo isto surmontado da coroa do rei Witiza, de ouro. Ó timbre coroa real pechada. (Heráldica municipal de Pontevedra. Diputación de Pontevedra). O blason ten dito prata para a corda, bien que ela mostrase en gules nas representacions oficiais. A coroa de Witiza es unha reproduccion de a mostrada neste sello.

Castellano. Escudo municipal de Cambados (Pontevedra, Galicia): En campo de azur, un cáliz de oro, surmontado de una forma sagrada de gules, y orlado en los flancos y en la punta con un cordón de plata, acabados sus extremos en forma de lazo; todo esto surmontado de la corona del rey Witiza, de oro. Al timbre corona real pechada. (Heráldica municipal de Pontevedra. Diputación de Pontevedra). El blason tiene dicha plata para la cuerda, bien que ella enseñase en gules en las representaciones oficiales. La corona de Witiza es una reproducción de la enseñada en este sello.

(25/03/2016)

344. Dedal PEDRAZA // PEDRAZA´s Thimble

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Dedal escudo Pedraza (Segovia).

Seguimos con dedales,

El dedal que os quiero mostrar hoy es un dedal que me traje de mi visita al pueblo segoviano de Pedraza. Es un dedal de porcelana que lleva una pegatina del escudo del pueblo. Además, el dedal lleva un búho en uno de sus laterales. Me pareció un dedal curioso, porque tengo otro dedal similar con el escudo de la ciudad de Lugo. Este dedal lo compré en una de las tiendas de souvenirs que se pueden encontrar paseando por las calles empedradas de este pueblo medieval.

Pedraza es una localidad y municipio de la provincia de Segovia (España), situado a 37 km al nordeste de Segovia capital y con una población residente de 467 personas (INE 2011). Se trata de una villa medieval amurallada, cuya cuidada rehabilitación motivó su declaración como Conjunto Histórico en 1951.

El municipio se compone de Pedraza y de las localidades de Rades de Abajo y La Velilla.

Símbolos.

El escudo heráldico que representa al municipio se blasona de la siguiente manera:

“Escudo medio partido. Primero, de gules con una torre ochavada de obro, almenada y mazonada de sable, puesta sobre peñas de plata. Segundo, azur con una banda de oro, acompañada en lo lato de un león de plata. Timbrado de la Corona Real Española.”

Boletín Oficial del Estado nº 81/1995 de 05 de Abril de 1995

La descripción textual de la bandera es la siguiente:

“Bandera cuadrada de proporción 2:3, de color rojo, con una cruz amarilla, de borde a borde, y brochante al centro, el escudo municipal en sus colores.”

Boletín Oficial del Estado nº 81/1995 de 05 de Abril de 1995

Historia.

Su nombre parece derivar de la Pretaria romana, aunque los primeros datos históricos se remontan a Don Fernando Gómez de Albornoz, comendador mayor de Montalbán, que fue nombrado por el rey Enrique II de Castilla Señor de Pedraza. Posteriormente pasó a manos de la familia Herrera y a finales del siglo XV pasó a los condestables de Castilla por el matrimonio entre Doña Blanca Herrera y Don Bernardino Fernández de Velasco. Se mantuvo en estas manos hasta que en el siglo XIX se abolieron los señoríos. Los condestables se asentaron allí, siendo el lugar sitio de paso para grandes personalidades, como artistas, nobles y monarcas. En el siglo XVI y XVII tiene lugar la época de mayor esplendor del pueblo, y es de cuando datan la mayor parte de casas y palacetes. Esta prosperidad fue debida, entre otras cosas, a la exportación hacia el Norte de Europa de la lana de sus rebaños de ovejas merinas y a sus excelentes tejidos, capaces de competir con los mejores que se elaboraban en Flandes.

(18/12/2016)