164. Dedal TARRAGONA // TARRAGONA´s Thimble

Dedal Grès Escudo Tarragona.

Dedal Grès Escudo Tarragona.

El dedal que os muestro en esta entrada, forma parte de mi colección de dedales desde hace unos meses. Es un dedal de porcelana grès en el que podemos observar el escudo de la ciudad de Tarragona impreso.

El escudo de la ciudad de Tarragona consiste en un campo de oro (amarillo o dorado), con cuatro verados en ondas de gules (rojo) en pal.

Se trata, pues, de una variación del Señal Real de la Corona de Aragón (Tarragona es de jurisdicción real desde 1173), en la que los cuatro palos de gules se han modificado en verados. Como sucede con muchos escudos de los primeros tiempos de la heráldica, se trata de elementos geométricos sin ninguna significación concreta más allá de la señoría real de la ciudad en la Edad Media.

En el diseño que se aprobó por el pleno municipal el 30 de noviembre de 1892, y que se ha usado desde entonces, se representa sobre pergamino de plata. Por timbre, la llamada corona de príncipe, abierta y sin diademas que es un círculo de oro (aunque habitualmente representado en plata o blanco), engastado de piedras preciosas, compuesto de ocho florones, visibles cinco, interpolados de perlas; surmontada de una palma de sínople (verde). El todo rodeado por una corona formada por una rama de laurel y otra de encina de sínople unidas por una cinta de púrpura con el lema Fidelísima y Ejemplar (que habitualmente no se representa).

Los testimonios más antiguos conservados de los verados en pal del blasón de Tarragona son del siglo XIV, ya que aparecen en libros de actas del Consejo Municipal de 1369, 1388 y 1397, aunque sin representación del color. Las primeras referencias al color del escudo son del siglo XV. Así, en 1416, hay constancia de la compra de seda roja y amarilla para unos pendones con las ondas o señal de la ciudad y hay anotaciones similares de 1443, 1447 y 1448. Las primeras imágenes a color del escudo son de 1465 (Liber notacionum praesentis civitatis) y de 1568 (Llibre de les actes de les aygües).

La corona y palma sobre el escudo de armas provienen de un privilegio concedido por Felipe IV, en 1645, para premiar la adhesión de los tarraconenses al bando real durante la Guerra de los Segadores. Los títulos de Fidelísima y Ejemplar fueron concedidos por Isabel II en el Real Decreto de 23 de febrero de 1856 en premio a los servicios prestados durante la Guerra del Francés.

Con la evolución de la heráldica, a partir del siglo XVI se generaliza el uso de figuras que simbolizen alguna característica del lugar que representan: como algún accidente geográfico o el nombre. Respecto a las armas antiguas, que simplemente representan formas geométricas, se inicia la tradición erudita de buscarles un significado (aunque éste sea legendario). En el caso del escudo tarraconense, es en este momento (1585), cuando empiezan a confundirse los verados con olas del mar.

Un siglo después, se pasó de interpretar que el escudo representa las olas del mar a pretender que sus colores sean azul sobre plata (forma habitual de representar el mar). Así, en 1675, Rodrigo Mendes Silva blasona el escudo de Tarragona como sigue:

Haze por Armas en plateado escudo unas açules ondas de alto à abaxo, timbrado de corona.

Rodrigo Mendes Silva, Poblacion general de España: sus trofeos, blasones y conquistas heroycas… . Miranda, 1675, pág. 192 verso

En el siglo XVIII, se produce la curiosa situación de que, mientras en la ciudad se sigue usando el escudo tradicional verado de oro y gules (uso que recogen los heraldistas locales); los repertorios generales perpetúan el ondado de plata y azur inexistente, así como unas explicaciones eruditas más o menos legendarias. Este contraste entre el uso real y el erudito se alargará hasta avanzado el siglo XX y supondrá la perplejidad entre los tarraconenses cada vez que se encuentran con reproducciones de un escudo de Tarragona que no es el que han conocido. Ya en el siglo XIX, esta perplejidad también se manifiesta en sentido contrario. Así, Josef Salat, en el Tratado de las monedas labradas en el Principado de Cataluña, después de blasonar, siguiendo la tradición erudita, “el escudo en plata de las armas de Tarragona con líneas ó palos ondeados, que demuestran las ondas del mar, á cuya orilla está situada” se sorprende al no verlo en las monedas de Tarragona que estudia, confunde el verado tradicional con un ajedrezado como el del Condado de Urgel e incluso llega a criticar a los autores que habían dado la coloración correcta de gules y oro por confundir el escudo “de Tarragona con el de Cataluña“.

En 1850, con motivo de la construcción del Congreso de los Diputados se pidió a todas las capitales de provincia una copia de su escudo para decorar el edificio. El Ayuntamiento de Tarragona comisionó al historiador local José María de Torres (discípulo de Hernández Sanahuja), quien influido por la tradición erudita, definió el escudo como ondado de azur sobre plata. Y, de esta forma, se convirtió en escudo oficial de la ciudad, hasta que Carlos Morenés y Tord, IV barón de las Cuatro Torres, rehabilitó el escudo auténtico y original en una comunicación a la Real Sociedad Arqueológica Tarraconense en 1891. Atendiendo a dicho estudio, el Ayuntamiento de Tarragona oficializó el escudo tradicional verado en ondas de gules sobre dorado el 30 de noviembre de 1892.

Según la normativa de la Generalidad de Cataluña, ésta es la institución que regula y registra los símbolos, tales como la bandera o el escudo, de las entidades locales. Para poder registrar el escudo hay que cumplir ciertas condiciones como que la forma del escudo sea caironada o embaldosada (cuadrado apoyado sobre uno de sus vértices y con una de las diagonales dispuesta verticalmente y la otra horizontalmente). Por este motivo, entre otros, el escudo oficializado en 1892 no está reconocido por la Generalitat y se considera que no es oficial.

El dedal del escudo de la ciudad de Tarragona, me lo trajo mi novio de esta ciudad como todos los dedales que tengo en mi colección de la ciudad de Tarragona. Y la tienda en donde lo compró está situada en la Plaça de la Font, y su nombre es Basar Souvenirs Radio Brey.

(10/07/2015)

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101. Dedal MADRID // MADRID´s Thimble

Dedal de grès de la chulapa madrileña.

Dedal de Grès de la chulapa madrileña.

Continuamos esta entrada con el otro dedal de los chulapos madrileños de grès. En esta ocasión os muestro el dedal de la chulapa. Como podéis observar es un dedal tan bonito y trabajado como el anterior, por lo que a mi forma de ver son auténticas joyas. Este dedal, como el de la entrada anterior, también lo conseguí en la tienda de la Plaza Mayor, “Gritos de Madrid“.

A continuación vamos a empezar con la vestimenta tradicional de las chulapas, información que podemos encontrar en una página de internet del diario ABC, en la sección de la ciudad de Madrid.

Las chulapas vestían con blusa blanca ceñida en la cintura con mangas de farol, falda de lunares o vestido de lunares hasta los pies, pañuelo sobre la cabeza (y asomando dos claveles sobre la cabeza) anudado al cuello con el pelo recogido en un moño y mantón de Manila. En tiempos era corriente llevar un delantal vistoso para proteger la falda. El vestido ceñido es una evolución de la falda ancha y acabó siendo tan representativo como éste o más.

Hoy en día, los madrileños se visten con este traje típico en las fiestas y verbenas como las de San Isidro,que se celebra el 15 de Mayo, las de San Antonio de la Florida (13 de Junio) o las verbenas de San Cayetano (7 de Agosto), San Lorenzo (10 de Agosto) y La Paloma (15 de Agosto). Aunque tenemos que recordar que el traje típico madrileño no es el traje de los chulapos sino el de los Goyescos.

Aunque hoy en día los términos «manolo» y «chulapo» se utilizan indistamentemente, en su momento eran «grupos» rivales que residían en los barrios cercanos de Lavapiés y Maravillas o Malasaña respectivamente. Este nombre se originó cuando, muchos de los judíos conversos que quedaron en la ciudad tras la expulsión decretada por los Reyes Católicos y que vivían concentrados fundamentalmente en este barrio -la sinagoga estaba en el solar que hoy ocupa la Iglesia de San Lorenzo-, en un alarde por demostrar que eran cristianos nuevos ponían frecuentemente el nombre de Manuel a sus primogénitos, por lo que ante la abundancia de estos en el barrio comenzó a ser conocido por los madrileños como el barrio de los Manolos.

(19/03/2015)

100. Dedal MADRID // MADRID´s Thimble

Dedal de Grès del chulapo madrileño.

Dedal de Grès del chulapo madrileño.

En el día de hoy, os muestro mi dedal número 100. Como ya os habréis dado cuenta por la foto, es un dedal de grès que representa a un chulapo madrileño. Hace ya unas cuantas entradas, casi al principio del blog, os enseñaba este mismo dedal pero con los chulapos en resina, pero una vez más encontré estos otros chulapos que me parecieron super bonitos, y muy trabajados en la tienda de “Gritos de Madrid“, y no me lo pensé mucho, y aquí están, formando parte de mi colección. Este dedal me pareció el dedal adecuado para mostraros mi dedal número 100, ya que es un dedal especial, como los poquitos dedales de grès que tengo en mi colección.

A finales del siglo XIX y principios del XX recorrían las calles de Madrid diferentes personajes que formaban parte del casticismo de la corte y que, dependiendo del barrio en el que se habían criado y vivían, adoptaban una forma de vestir que acompañaban de un determinado comportamiento social. Aunque su origen data del siglo anterior, es en estos años cuando viven su mayor apogeo las clases más castizas de Madrid con una moda que buscaba diferenciarse de la élite social afrancesada.

Con el paso de los años los términos “chulapo”, “chulapa”, “chulo” y “chulapona” se han convertido en formas genéricos de aludir al madrileñismo castizo, aunque en origen convivieron en el Madrid de la época con otros identificativos locales, como los de “manolos” y “manolas”, “chisperos”, “isidros” o “majos” y “majas”, que se diferenciaban entre sí por los colores y cortes de sus trajes y en las formas de las patillas y tupés.

Los chulapos y chulapas eran los vecinos del barrio de Malasaña o de Maravillas que se distinguían, según el diccionario de la Real Academia Española, “por cierta afectación y guapeza en el traje y en el modo de conducirse” y tenían un toque de golfería, que en ocasiones rondaba el mundo de la delincuencia. Las chulapas o chulaponas son las típicas planchadoras de las Cavas, modistas, fruteras, floristas, cigarreras, lavanderas, alegres y felices.

Su vestimenta se forja en la época del Madrid capital del Estado en una monarquía parlamentaria, con sus habitantes en calidad de ciudadanos de un Estado liberal, y acabó convirtiéndose en todo un fenómeno sociológico: “el orgullo en el ánimo del pueblo llano de su condición social, elevándola a la categoría de casta popular, diferenciada claramente de las otras clases sociales, y despreciativa de éstas” afirma la Asociación Madrid Eterno. Es esta época especial se construyó la identidad del madrileño actual, que aún perdura hasta nuestros días.

La peculiar indumentaria de este grupo chulesco fue inmortalizada a través de las zarzuelas de los grandes compositores como Bretón, Chueca, Chapí, Moreno Torroba y tantos otros y no al revés como asegura la Asociación Madrid Eterno en su página web, donde afirman que “decir lo contrario es tan ridículo como pensar que los madrileños goyescos copiaron sus trajes de los que Goya se había inventado en sus pinturas, o que los sevillanos copiaron sus trajes de los sainetes de los hermanos Alvarez Quintero“.

El traje de chulapo o chulapa tan reconocible y asociado a Madrid no debe confundirse con el traje regional de la comunidad, que es el goyesco, sino que es un traje típico de la región, usado en el siglo XIX como atuendo diario de la población; se convirtió en la vestimenta para los días de fiesta como San Isidro, La Paloma o La Almudena, y a principios del siglo XX se afianzó como el traje típico de Madrid gracias a las populares zarzuelas.

El traje de chulapo está compuesto por pantalones oscuros, ajustados y largos. La camisa es de color blanco y sobre ella se coloca el chaleco, que lleva un clavel en la solapa y suele estar confeccionado con una tela de pequeños cuadros y de apariencia grisácea, con los vivos en color negro, al igual que ocurre con la chaqueta. Se anuda un pañuelo blanco al cuello y la cabeza se tapa con la “parpusa”, la gorra del chulapo, con visera, y cosida con la misma tela y de la misma manera que el chaleco y la chaqueta. (Trajetipico.com)

Más allá de la meras prendas de vestir, el casticismo estereotipado del chulapón conlleva el desarrollo de una pose chulesca, algo estirada y que se complementa con un vocabulario particular del que surgieron expresiones populares madrileñas que han sobrevivido a lo largo de la historia.

(19/03/2015)

64. Dedal GRAN CANARIA // GRAN CANARIA´s Thimble

Dedal traje típico mujer isla Gran Canaria.

Dedal traje típico mujer isla Gran Canaria.

En el día de hoy os voy a mostrar la otra parte de la entrada anterior, el dedal número 64, en el que tenemos la mujer de la isla de Gran Canaria, vestida con su traje típico. Como el dedal anterior, este dedal también es un dedal de Grès, y también fue regalo de mi amiga Albiña. Así que sin más dilación, vamos a pasar a saber algo más sobre el traje tradicional de la mujer de esta isla.

Vestimenta Femenina, información también sacada de la página http://www.culturatradicionalgc.org/

  • Sombreros. Esta pieza es más conocida en el argot popular como cachorro, cachorra o cachorrilla. Su forma será diferente según la localidad de la Isla que lo fabrique. Esas diferencias se concentran básicamente en el ala y la copa. Los del norte suelen tener la copa redondeada y el ala doblada hacia arriba. Los del centro de la Isla se diferencian en que tienen una copa redonda y un poco más baja y el ala es más recta. Y ya en los municipios de Firgas, Arucas y Moya, lo común, es que la copa sea más alta y redondeada y el ala un poco virada hacia arriba. Cierto es que la producción sombrerera, a medida que evoluciona, genera otras diferencias entre las zonas de la Isla, con modelos nuevos o diferentes, o con el uso de materiales tales como la lana, el pelo de camello o la piel de conejo. Podríamos decir que hay dos tipos de sombreros en Gran Canaria: la cachorra, que era de copa baja y redondeada y el sombrero troncocónico, que tenía la copa alta y el ala recta. La industria sombrerera de Gran Canaria contaba, entre sus otras cualidades, con un alto nivel de producción, de hecho abastecía a gran parte del Archipiélago. La Real Sociedad Económica se preocupó por fomentar la industria en cuestión, ofreciendo incluso, premios y ayudas por su prosperidad. La industria del sombrero fue cayendo poco a poco ya que no podía competir con los importados, aunque a fines del siglo XIX se seguían haciendo. La sombrerería en Gran Canaria va a influir en el uso, incluso en los tocados femeninos. Las mujeres tenían mejor acceso a los cachorros y otros sombreros por la abundancia que de ellos había, y que además tenían precios más asequibles. Los sombreros se adornaban con hebillas de plata o de oro, dependiendo de la posibilidades económicas. Estas se colocaban trabadas en una cinta en la parte baja y delantera de la copa. Otros adornos más molestos y menos vistosos eran: una flor, una espiga o medallitas de santos, que podían ser de plata o de mezcla con bronce. La cachorra se ha utilizado, en el caso de las mujeres, siempre sobre un pañuelo o mantilla, lo que les proporciona una presencia más elegante. Los sombreros para hombres, convivían con las monteras, y su modelo variaba según la zona en la que se fabricara. Ya en el último tercio del siglo XIX, la única diferencia con el sombrero femenino es el tamaño. Una de las peculiaridades del sombrero masculinos es una referencia al sombrero de tres puntas. Éste solía ser llevado por lo señores, aunque pocas veces lo lucían puesto que tenían que llevar puestas sus empolvadas pelucas. Dicha pieza tenía una base en forma de triángulo, donde cada una de las alas se levantaba hacia arriba de manera considerable. Podía estar decorado con guarniciones de color blanco o con cintas de color oro y plata. Su uso se generalizó en la segunda mitad del siglo XVIII, por lo que también lo podían portar las clases populares.
  • El Pañuelo de Cabeza. Podríamos decir que esta pieza es como un cuadrado de tela de más 80 cm. El tejido preferido para hacerlos es el algodón, pero daba igual del tipo que fuera este. Los colores usados dependían del gusto de cada persona. Los pañuelos podían ser lisos o bien con una serie de estampados y/o lunares. Había dos formas de usarlo: debajo de la mantilla o dejando las puntas sueltas. También había diversas formas de atarlo: atado atrás, a la nuca, debajo de la barbilla, cruzando las puntas rodeando el cuello y sujetando las puntas en la nuca, o bien, cruzando detrás de la nuca las puntas que caen delante y llevarlas encima de la frente con un par de nudos.
  • El Pañuelo de Hombros. Tiene las mismas características que el pañuelo de cabeza en cuanto a tejidos, colores, estampado y forma, pero difiere en su tamaño, ya que es mayor. Las puntas delanteras de este pañuelo se cruzan dentro del justillo, llegando incluso, a asomar por debajo. Recubría todo el escote, de hecho, va un poco abullonado cayendo una serie de pliegues sobre las asillas.
  • La Pañoleta o Pañolón. Es una pieza con forma de cuadrado amplio, que doblado de una punta a otra queda con forma triangular. Se coloca sobre los hombros, cayendo una punta por detrás y las otras dos por delante. Para su elaboración se empleaban diversos materiales como lana, seda, paño fino, bayeta y algodón.
  • La Toca. Cobertura que tapa la cabeza, los hombros y llega al pecho. Tenía forma semicircular, solía ir colocado sobre la cabeza de la portadora y atada en la barbilla de la misma. Era un distintivo de las monjas, pero antiguamente, lo usaban las viudas y las mujeres del pueblo. Para su elaboración se solían usar telas finas como el lino, la seda y la beatilla.
  • El Sobretodo. Esta es una prenda que se va a caracterizar por tener una forma cuadrada y rodeada por flecos de la misma pieza. Su uso comenzó en el siglo XIX, coincidiendo con una de las crisis económicas que, con tanta frecuencia, azotaban las Islas. Y es que se trataba de una prenda sencilla, barata y por lo tanto, de fácil acceso para las clases más populares. Era una prenda que solía ser importada desde Inglaterra o desde la Península. Los materiales más comunes para su elaboración eran la lana, la franela y el algodón. Su colorido era también muy variado, desde los cuadriculados en negro con otros colores, pasando por los marrones, hasta los rayados o listados a la escocesa. Se puede colocar de diferentes formas. La más común es la que se pone a modo de mantilla, o sujeto por el cachorro, pero también enrollado al cuello. Además se le dio otros usos como el de alforja para llenarlo de mercancías, o colocarlo como pañolón.
  • La Mantilla. Es una de las prendas de vestir femeninas más realzadas y mimadas en Gran Canaria, de hecho, será como un sello de identidad de la mujer de la Isla, puesto que será donde más tiempo se conserve. Su origen es claramente peninsular, sobre todo de la zona de Castilla, pero también es cierto, que podemos encontrar mantillas en sitios tan dispares como Nápoles y Venecia o en los países árabes del mar Mediterráneo. También podría decirse de la mantilla canaria, que tiene muchas similitudes con la que utilizaban las mujeres musulmanas en España, para cubrirse el rostro. La forma de la mantilla es, más o menos, como un enorme triángulo, y el ángulo que cae en la espalda va tomando forma redondeada. Los lados que van desde la base al vértice están ligeramente recortados hacia dentro y así, las manos tienen la facilidad de sujetar la mantilla. Una vez colocada la mantilla, esta debe llegar por detrás a tapar desde la espalda hasta los glúteos, y por delante, las puntas deben llegar a medio muslo. En cuanto a los colores, predominan el blanco y el negro ya que eran los más usados. La negra concretamente pervivirá un tiempo más, después de la desaparición de la blanca. También hay otros colores, pero éstos tendrán un uso más destacado en zonas de la Isla, como Guía y Artenara, que eran de color azul. La mantilla también podía estar decorada con cenefas, vuelos, encajes, bordados, y hasta con borlas, tres normalmente, y su función era la de servir de adorno y la de asentar la mantilla, que iba sobre la frente, sirviendo de contrapeso para que no se fuera para atrás.
  • El Manto y la Saya. El conjunto de manto y saya fue un vestido muy generalizado en el Archipiélago Canario. Consiste en unas faldas ajustadas a la cintura, una cae a los pies, la otra se sube por la espalda hasta cubrir la cabeza. Hay referencias de su uso desde el siglo XVI, y se continuó usando hasta el siglo XIX, aunque a mediados de este siglo este traje deja de verse. La supervivencia del manto y la saya en Canarias durante tanto tiempo, se debe al aislamiento y al bajo poder adquisitivo de los pobladores. Este traje pertenece a los modelos de tapadas, pues el manto era lo que les cubría la cara, aunque es un vestido que es usado tanto para ir a la iglesia, de paseo, de calle, o incluso, de luto. Como es lógico, existían diferencias en la calidad de los tejidos del vestido, según las posibilidades de las portadoras. De entre los materiales usados, el que prevalecía era el anascote, junto con las sayas de lana y las variedades de seda. Las dos piezas solían estar ribeteadas con un cordón que podía ser de color encarnado o amarillo, o incluso del color del mismo vestido, que era normalmente, negro. De este vestido hay muchos detractores, los cuales han intentado ridiculizarlo por diferentes motivos, y entre ellos están aquellos que lo hacían para intentar erradicar esa costumbre local y darle mayor cobertura a las nuevas influencias europeas y conseguir así, dar a la ciudad un aire más cosmopolita. El manto y saya, junto con los trajes de viuda son los que darán origen a los modelos de las Dolorosas.
  • El Camisón. Es una prenda interior, que se caracteriza por tener contacto directo con la piel y que se usaba sobre todo en invierno. La forma era recta, de cuello redondo, abierto por delante hasta medio pecho y con un largo que variaba, entre el que llegaba un poco más abajo del medio muslo y el que llegaba al borde de la falda. Sus mangas también podían tener dos formas o tamaños: las que eran muy cortas, a la altura del hombro y las que eran largas hasta el puño. El material por excelencia utilizado era el lino.
  • El Capotillo. Prenda femenina con forma de capote o esclavina corta, usada como prenda de abrigo. A la hora de ponersela, es una pieza que va sobre los hombros y que llega hasta la cintura. Los materiales más usados para su elaboración son: la bayeta, el barracán y el paño. Y los colores más usuales son el granate, blanco, azul y verde. También suelen ir ribeteados con una cinta de color amarilla, azul o del tono del capote. En Gran Canaria esta pieza era habitual verla en Telde, Agüimes, Santa Brígida, San Mateo y zonas de la cumbre.
  • La Casaquilla. Se trata de una chaquetilla corta, muy ceñida al cuerpo y que termina en la cintura, aunque hay algunos modelos que llevan unas pequeñas faldillas que caen sobre la cadera. Además tienen las mangas largas, con puño y se colocan sobre el justillo. Los materiales con los que se suele elaborar son el tafetán, damasco, anascote, princesa y el paño, que además era el más barato. Los colores de esta prenda son muy variados, pero los más comunes son: amarillo, azul, negro y listadas en azul y blanco.
  • La Blusa (de manga corta). La blusa es una prenda de cuerpo recto, cuello holgado con una fina jareta donde se cogen los pliegues, por cuyo interior pasa una cinta que sirve para cerrar la camisa con un lazo. Se coloca bajo el justillo y suele ser de lino. Lo más laborioso de elaborar de la prenda son las mangas porque son muy amplias y han de ir finamente plegadas para que queden bien abombadas. En la axila tiene un rombo de tela que proporciona más libertad de movimientos. Otro modelo es el de las campesinas para los días de fiesta, cuyo material y elaboración es similar a lo dicho anteriormente, con la salvedad de que esta se amarra a la espalda, de que la tela va muy plegada a la jareta del cuello y que las mangas son muy amplias, ceñidas al codo desde donde cae una amplia banda de encaje. El otro tipo de blusa se caracteriza al igual que las otras por su carácter popular. Se diferenciará de las otras en que tiene el cuerpo más largo, de hecho llega hasta el medio muslo, porque las mangas son más amplias y largas y porque el cuello puede ser tanto cuadrado como redondo, siendo también posible contar con la abertura por delante como por detrás. Aunque el lino era el material más usado, la calidad no era siempre la misma, puesto que dependía del grosor del lienzo. Por esto es que se diferenciaba entre el lino fino y el lienzo de tierra.
  • El Jubón. Esta prenda tiene la misma función y forma que el justillo, con una salvedad, que este tiene mangas, por lo que se deduce que se trata de una pieza de invierno. Las mangas pueden ser cortas (a la altura del codo), o bien largas (a la altura de la muñeca), con un pequeño corte lateral donde irían los botones, lo que facilita el paso de las manos.
  • El Justillo. Es una pieza que no tiene mangas y que se ciñe al cuerpo pero que no sobrepasa la cintura. También se le llamaba monillo o cotilla. El justillo usado en Canarias no difiere mucho de los que se utilizan en otros países. Será una pieza que podían llevar todas las mujeres, independientemente de su estrato social. La función de esta pieza es la misma que la del corsé: ajustar el cuerpo. La estética y uso estarán influenciados tanto por el material, como el color del que está hecho, y eso es lo que condicionará a las portadoras. Los justillos tienen asillas y la abertura del mismo viene condicionada por lo justo y el apretado de los cordones, que los ciñe al cuerpo, con un serpenteado; y con ojetes a ambos lados de la parte delantera. A la hora de confeccionarlos, los tejidos predominantes son la seda, lienzo y lana, aunque los últimos, los encontramos con menor cantidad. También los hay de brocado y de telas muy ricas pero esos son los que menos abundan. En cuanto a los colores, hay cierta variedad, pero el tono preferido es el encarnado. Esta pieza solía ribetearse con una fina cinta de la misma calidad que la del tejido y color de la pieza, u otro que contrastara.
  • Delantal. Es una pieza de tela que se colocaba alrededor de la cintura y se amarraba a la espalda con un lazo. Su tamaño era variable dado que había diferentes largos. A la hora de elaborarlo, dada su función, que era la de proteger las faldas de la suciedad en el transcurso de la faenas de trabajo, se usaban diferentes tipos de telas, e incluso, se adornaban con bordados y encajes.
  • La Manteleta. Es una especie de esclavina, con puntas largas por delante, que se coloca como un chal y que tenía la función de abrigo o de adorno. En Canarias había prendas de abrigo más cómodas que la manteleta, como por ejemplo el sobretodo, por lo que ésta tendrá un marcado carácter de ornamentación y de ostentación. De hecho es una prenda de vestir de las mujeres acomodadas, y su uso va está estrechamente ligado a las zonas urbanas.
  • La Falda. Es la parte del vestido que va desde la cintura hacia abajo, llegando a los pies, es una de las prendas más valoradas del vestuario dada su vistosidad. Esta prenda también es conocida como: nagua o enagua, saya, brial, guardapié, y en el léxico popular de Gran Canaria también se la conoce como jato. Igual de variada que su denominación, son múltiples los tipos de faldas que nos podemos encontrar, dado la diversidad de colores y de telas que se usan para su elaboración. En Gran Canaria, en el uso de enaguas se generalizaron los colores marrones, el pardo, o bien el azul. Estas se protegían ribeteandose con un cordón encarnado, negro, o bien azul o del color de la falda. Esta preferencia por las enaguas pardas se encontraba relacionada con su facilidad para encontrarlas o porque eran usadas en caso de promesa o de luto. Las faldas listadas eran una de las predilectas para la mujer canaria. Su tejido se hacía en telares manuales en lamparilla y cordoncillo o revés y derecho. Hay algunas de las listadas que por su color y orden las podemos encontrar también en otras Islas, tal y como es el caso del azul y blanco, dada la facilidad de su obtención. El ancho de las listas solía ser igual, pero cuando se quería resaltar algún color , éste aparecería en una lista más ancha o bien con más frecuencia dentro de la trama de la tela. El ancho de la tela estaba condicionado por el ancho del telar, por ello, también condicionaba el hecho de que la falda fuera partida, es decir, hecha de dos trozos, o bien enteriza. Otra modalidad son las enaguas de Chorros, que eran las que tenían un adorno de diferentes filas de encajes o trozos de tela plegados. Estos encajes eran manufacturados por las artesanas, o bien por las monjas de los conventos. Los tejidos para los chorros tenían que ser de calidad, y por ello la preferencia estaba en la muselina, la batista, la seda y los encajes. Otro formato que también estaba bastante generalizado, eran las faldas de listado en amarillo, azul y rojo. La falda cuenta también con una serie de peculiaridades. Entre ellas está el tema de su confección, y por otro lado está su forma. Tendrá la cintura abierta a ambos lados, y en sus extremos tiene una cinta que servirá para amarrarla ajustándola así a la cintura. En el borde inferior de la falda tiene dos elementos para protegerla, el ribete, que es una cinta de algodón o de seda que queda a la vista y que embellece la falda a la par que la protege del roce con el suelo. Y luego nos encontramos con la barredera, que es una franja de tela que rodea todo el vuelo y lo protege. Reemplazar estas dos piezas era más fácil y económico que hacer una falda nueva.
  • El Refajo. Es una enagua interior a la que también llamaban zagalejo, aludiendo a la que va por debajo de la falda. Solía ser de color encarnado generalmente, y el uso de este color estaba íntimamente relacionado con el período menstrual y las dificultades que las mujeres tenían en esos días; y también era usado por ellas en el luto más riguroso. Los tejidos con los que se elaboraban eran la franela y la bayeta , ya que el refajo es una prenda de invierno, se adorna con una cintas negras en la parte baja de la falda, rodeándola.
  • El Zagalejo. Es una enagua interior que utilizan las mujeres y que va desde la cintura hasta los pies, de hecho es la pieza que mantiene contacto directo con la piel. Normalmente está elaborada de lino y suele estar carente de adornos. Estos llegaron posteriormente. Los encajes y las tiras bordadas son recientes. En algunos documentos aparecen los zagalejos como ropa blanca.
  • Medias. Es una prenda tejida a punto de dos agujas, que cubre tanto el pie como la pierna. Servía tanto de abrigo como de adorno. El cuchillo es cada una de las dos piezas triangulares que se ponen a los lados de la media, a la altura del tobillo, que puede ser de igual color que el resto de la media o bien de otro color, y que empalman la caña con pie. Esta es una prenda de uso tanto masculino como femenino. Además cuenta con una variedad de colores en los que se incluyen: el verde, negro, blanco, encarnados, color marrón oscuro.Y sus materiales en la elaboración son: el estambre, algodón, seda, griseta, hilo y lana. Su elaboración podría ser o profesional, o casera, pero el panorama de su fabricación se irá modificando a partir de 1857 con la aparición de las máquinas de tricotar circulares, hasta llegar en 1872, a la automatización de su elaboración.
  • Los Zapatos. La descripción de los modelos de zapatos se reducen a: los que utilizaban las clases pudientes y los que utilizaban las clases más populares y los de las mujeres de sociedad para los días de fiesta, que solían usar escarpines bordados de seda con hilo de ese mismo material o con hilo de oro o plata. El zapato femenino solía ser un zapato plano, de influencia francesa, aunque luego empezaron a llegar los zapatos de tacón, y estos también serían bordados. Se les añadía unas hebillas de oro o plata, ya que era una pieza indispensable dentro de la dote de las muchachas casaderas. Los zapatos de los hombres se fabricaban con cuero virado o piel vuelta, en diferentes modelos: de caña baja o alta. Los de tipo popular o de faena difieren un tanto de los de la clase acomodada, y los que usaban en los días de fiesta, que se embellecían con hebillas de plata, que frecuentemente se encontraban en las dotes masculinas. La rentabilidad del calzado en Canarias fue fomentada por la Real Sociedad Económica. Los zapateros de Gran Canaria abastecían el mercado, aunque los modelos de las clases populares no tenían un diseño espectacular, su comodidad si que era reconfortante. A la entrada y salida de las ciudades, generalmente al lado de las portadas había poyos, donde tras descansar, los hombres y las mujeres se calzaban para entrar, después de haberse lavado los pies en una acequia o pila cercana, pues los caminos se hacían descalzos. El uso de las alpargatas fue bastante tardío.

63. Dedal GRAN CANARIA // GRAN CANARIA´s Thimble

Dedal traje típico isla Gran Canaria.

Dedal traje típico hombre isla Gran Canaria.

En esta nueva entrada os voy a mostrar unos dedales que en pocas tiendas de la isla de Gran Canaria podéis encontrar, exactamente no puedo deciros la tienda en donde me los han comprado, porque son un regalo de mi amiga Albiña, pero sí que es una tienda de “Artesanía y Souvenir Kactu´s. Gran Canaria“. Así que esta entrada del dedal número 63, y la entrada siguiente del dedal número 64, irán dedicadas a mostraros dos dedales del traje tradicional de la isla de Gran Canaria. Este dedal que os muestro hoy, es de un nuevo material que es el grès. No tenía ningún dedal de este material hasta que me regalaron estos dos. Ahora vamos a pasar a describir un poco el traje tradicional de hombre de la isla.

Con el paso del tiempo, la vestimenta ha evolucionado tanto en su función como en su estética.

Vestimenta masculina, información sacada de la página http://www.culturatradicionalgc.org/

  • La Montera. Es un distintivo del traje tradicional del canario. Es la cobertura de la cabeza, y fue usada en muchas de las Islas. Su origen parece estar en los cascos militares, pero para el caso de Canarias hay que desviar la vista hacia lugares como Galicia, Asturias, Portugal, o Valencia. La suma de todas estas aportaciones dará como resultado la configuración del prototipo que hoy conocemos. Pero no podemos obviar en cuanto a este tema, la influencia que tuvieron los turbantes que usaban los moriscos como complemento de su vestuario. La hechura de la montera la forman: el casco, que es de forma cónica, la visera, que está unida al casco a la altura de la frente, y la capa, que se cose al casco cubriendo el cuello y cerrándose bajo la barbilla. La montera es una prenda generalizada en las Islas dado su bajo coste, y esto es lo que explica que, a pesar de que en Gran Canaria se contaba con una industria sombrerera, la mayoría de los hombres usaran la montera. El interior de la montera estaba forrada normalmente de bayeta o franela encarnada. Lleva también tres borlas de seda negra que se colocaban en las tres puntas de la pieza. Aun así, hay diferentes tipos de monteras. Hay modelos que carecen de capa, otras en cambio, tienen el casco más bajo, y las hay también que tienen el cono más largo, que suelen ser de color pardo o marrón oscuro. El más curioso de los tipos de montera que hay, es aquel que se compone de un largo cono, esto hace que sea uno de los modelos más originales de Gran Canaria, a pesar de su procedencia portuguesa. También se denominaba montera al gorro frigio encarnado que usaban los marineros, de hecho, en Gran Canaria se usarán hasta los años treinta, viéndose como parte de la vestimenta de los viejos” rocotes” del barrio de San Cristóbal. Diferentes autores hablarán de la montera, su forma y uso, pero a pesar de esto, esta prenda va a contar con un surtido grupo de detractores que intentarán ridiculizar su forma.
  • La Camisa. Es una prenda interior que está en contacto directo con el cuerpo, y lo más destacado de esta pieza es su exagerado tamaño. Los modelos conocidos en Gran Canaria solo varían de los de otras Islas, en la forma del cuello y de los puños, que podían ser tanto estrechos como amplios. Además la única diferencia de los modelos populares con los que usaban la gente más adinerada, era la inclusión de elementos como las chorreras de encaje. Normalmente la manga solía ser amplia, y debajo de la axila se le añadía un rombo de tela que permitía mayor movilidad. El tejido más usual para su elaboración es el lino, su coste era más alto cuanto más fino fuera el dicho tejido. Se le denominaba “camisón delgado”, a todas aquellas camisas que fueran elaboradas con un tejido de mayor calidad que el lino. El color habitual de esta prenda es el blanco, a excepción de la que usaban los marineros y pescadores de la Isla que solía ser de colores llamativos como el rojo, amarillo o azul. La hechura de la pieza no es sencilla, a la base del cuello van fruncidos los lienzos delantero y trasero de la camisa. Lleva un refuerzo cuadrado de lino desde el inicio de la bocamanga a la mitad del hombro. A todo esto hay que añadir los retoques como la añadidura de los puños, los refuerzos, etc.
  • La Almilla, Armador y el Chaleco. Las descripciones que recoge el diccionario de la lengua nos remiten a la palabra jubón, que se trata de una vestidura que cubre desde los hombros hasta la cintura, y que está ceñida al cuerpo. La almilla es pues un jubón, y puede tener o no tener mangas. El armador tiene similares características, pero es un término que cayó en desuso. Se trata pues, siguiendo las líneas de las anteriores prendas, de una pieza sin mangas, que se abotona y se ciñe al cuerpo, va desde el pecho a la cintura y se pone sobre la camisa. Al igual que con las chupas, los delanteros se hacían con materiales más ricos, mientras la trasera se elaboraba con telas más baratas. Los tejidos utilizados eran: tafetán, cotonia, paño, género de la tierra, lienzo casero, tapicería, griesete y variedades de seda bordadas. Tanto el forro de los delanteros del chaleco, como la trasera del mismo se hacía de lino. Y el refuerzo de la prenda lo componía un ribeteado con una cinta o cordón. Los colores más usados en la confección de esta pieza de la indumentaria masculina son: azul, negro, marrón, verde, grana, más los listados y los bordados con hilos de seda, plata y oro. El hacerlo con unas determinadas características dependía de la economía de los portadores. En un principio estas prendas no tenían ni cuello ni solapas, posteriormente se fueron incorporando. También se caracterizaran por su abertura delantera. La sujeción de las almillas al cuerpo, inicialmente se hacía con cordones, aunque lo más usual eran los botones: desde los más económicos que eran de hueso, a las “fiscas” de plata y oro, o de plata afiligranada de las clases pudientes. La fisca era la botonadura más común, se trataba de una moneda, aunque de forma irregular, que se acuñaba en Perú.
  • La Manta. Es un elemento de abrigo que usaron, básicamente, los pastores y campesinos de las Cumbres de la Isla. Se confecciona a base de mantas de lana importadas desde Inglaterra. Tiene una hechura sencilla: se dobla por la mitad del largo, aunque eso depende de la altura de la persona, porque el tamaño normal es aquel que llega un poco más abajo de las pantorrillas. La parte doblada se pliega con un hilo fuerte, así se forma un estrecho cuello que se forra de negro. Además todo el borde de la abertura va ribeteado con una cinta negra de terciopelo, hasta abajo. La manta suele ser de color blanco con una serie de listas azules, que normalmente son tres, de las cuales, la central es la más ancha. En Gran Canaria se introdujeron a mediados del siglo XIX. Es una prenda que pueden usar tanto hombres como mujeres.
  • La Faja o Fajín. Es una tira o banda larga, que rodea la cintura y sujeta los riñones y los calzones. El ceñidor o fajín, como también puede ser denominado, es en la actualidad un elemento ornamental, aún así es la última prenda que se abandona del traje tradicional. Otra función de la faja, es la de servir de soporte para colocar la vaina que contiene el naife o cuchillo canario, o bien para portar la tabaquera. El fajín se enrolla con dos o tres vueltas alrededor de la cintura, y en los extremos se deja un trozo de urdimbre sin tejer a manera de flecos. Las fibras más usadas son: la lana, la seda y el algodón. Los colores más usuales para la faja son: negro, blanco, azul y encarnado. A la hora de elaborarlo, se pueden usar tanto los colores lisos como los listados verticales y horizontales.
  • La Nagüeta o Calzoncillo. Es como se denominan en Gran Canaria a los amplios calzoncillos. Se colocan bajo el calzón, pero en verano o en labores de faena se usaban solos, sin nada encima. Se confeccionaban en lino o en lienzo casero. El largo de los amplios perniles dependía del lugar o zona de la Isla: en el sur más largos que en el norte. Remangadas resultan esenciales en la lucha canaria para pegar la agarrada.
  • El Calzón. Se trata de una pieza netamente masculina, que cubre desde la cintura hasta la rodillas. Se divide en dos piernas o cañones para cubrir los muslos. Estos perniles van cosidos en la parte superior a una pretina que rodea la cintura y que se abrocha por delante, donde tiene un alzadón. Por la parte de atrás, tiene una abertura en forma de uve, con ojetes, por donde se pasa un cordón que sirve para ajustar el calzón. Los extremos de los perniles eran abiertos en la parte baja, pero posteriormente, se prolongó dicha abertura por encima del medio muslo, cerrándose con botones de plata, oro o una mezcla de nácar y hueso. La jarretera es la tira de paño, seda o material del calzón, que se sobrepone en el extremo interior de los perniles para sujetarlos a la pierna por medio de una hebilla llamada también, jarretera. Esta hebilla es otra de las escasas joyas del ajuar masculino. Éstas podían ser de plata, oro, e incluso de piedras preciosas. Los tejidos usados en la elaboración de los calzones son muy dispares, de hecho hay una diferenciación entre las materias ricas (damasco, terciopelo y seda), y las más corrientes. El interior de los calzones se forraban de una tela ligera, a la par que fuerte, como el lienzo casero. En el aspecto de los colores, hay un claro predominio de los tonos oscuros como: negro, azul, morado, pardo, encarnado o verde.
  • Las Polainas. Es una pieza de abrigo y adorno que cubría la pierna desde la rodilla al tobillo, además tenía una prolongación que cubría parte del talón del zapato y del empeine. Normalmente se ajustaba por debajo de la rodilla con un cordón de lana. Su uso es prioritariamente masculino, pero en días fríos las mujeres no desdeñaban el utilizarlo. Era corriente ver a los campesinos, labradores y pastores tejiendo sus polainas con las agujas de madera y la madeja de hilo. Para su elaboración se usa un tipo de punto sencillo, variando en el adorno de la unión. El color más usual es el crudo de lana, pero también se usaban el matizado (mezcla de lana blanca y negra), en negro, en azul oscuro y el gris azulado de pura lana tintada. Hay diferentes tipos de polainas: se le llamaba “polaina rabona, mancada o partida” cuando no cubría el empeine. También había polainas de cuero, que eran menos corrientes y que se hacían adaptando el material a la forma de la pierna. Esta se abrochaba con pequeños enganches, o con botones, o bien con un trenzado. De cuero hay otro modelo que se llama “polaina cubana”, que era poco corriente y que solo se usaba para faenas de trabajo, se sujetaba a la pierna con hebillas metálicas. La calceta, es una prenda muy parecida a la polaina, sólo que esta es como una media sin puntera ni talón, se confecciona con lino y cubre desde la rodillas hasta los tobillos.
  • Zapatos. La descripción de los modelos de zapatos se reducen a: los que utilizaban las clases pudientes y los que utilizaban las clases más populares y los de las mujeres de sociedad para los días de fiesta, que solían usar escarpines bordados de seda con hilo de ese mismo material o con hilo de oro o plata. El zapato femenino solía ser un zapato plano, de influencia francesa, aunque luego empezaron a llegar los zapatos de tacón, y estos también serían bordados. Se les añadía unas hebillas de oro o plata, ya que era una pieza indispensable dentro de la dote de las muchachas casaderas. Los zapatos de los hombres se fabricaban con cuero virado o piel vuelta, en diferentes modelos: de caña baja o alta. Los de tipo popular o de faena difieren un tanto de los de la clase acomodada, y los que usaban en los días de fiesta, que se embellecían con hebillas de plata, que frecuentemente se encontraban en las dotes masculinas. La rentabilidad del calzado en Canarias fue fomentada por la Real Sociedad Económica. Los zapateros de Gran Canaria abastecían el mercado, aunque los modelos de las clases populares no tenían un diseño espectacular, su comodidad si que era reconfortante. A la entrada y salida de las ciudades, generalmente al lado de las portadas había poyos, donde tras descansar, los hombres y las mujeres se calzaban para entrar, después de haberse lavado los pies en una acequia o pila cercana, pues los caminos se hacían descalzos. El uso de las alpargatas fue bastante tardío.