275. Dedal SANTIAGO DE COMPOSTELA // SANTIAGO DE COMPOSTELA´s Thimble

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Dedal letras de Santiago de Compostela.

En mi nueva entrada os traigo un nuevo dedal de la ciudad de Santiago de Compostela. No podía faltar en mi colección este dedal con el nombre de Santiago y entre el nombre de la ciudad dos de sus más famosos elementos: la Catedral de Santiago de Compostela y la Cruz de Santiago, de los cuales vamos a hablar a continuación.

Catedral de Santiago de Compostela.

La catedral de Santiago de Compostela es un templo de culto católico situado en la ciudad homónima, en el centro de la provincia de La Coruña, en Galicia. Acoge el que, según la tradición, es el sepulcro del Apóstol Santiago, lo cual convirtió al templo en uno de los principales destinos de peregrinación de Europa durante la Edad Media a través del llamado Camino de Santiago, una ruta iniciática en la que se seguía la estela de la Vía Láctea comunicando la Península Ibérica con el resto del continente. Esto fue determinante para que los reinos hispánicos medievales participaran en los movimientos culturales de la época; en la actualidad sigue siendo un importante destino de peregrinación. Un privilegio concedido en 1122 por el papa Calixto II declaró que serían “Año Santo” o “Año Jubilar” en Compostela todos los años en que el día 25 de Julio, día de Santiago, coincidieran en domingo; este privilegio fue confirmado por el papa Alejandro III en su bula Regis aeterni en 1179.

Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1896, y la ciudad vieja de Santiago de Compostela, que se concentra en torno a la catedral, fue declarada bien cultural Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985.

Según la tradición, el Apóstol Santiago el Mayor difundió el cristianismo en la Península Ibérica. En el año 44 fue decapitado en Jerusalén y sus restos fueron trasladados posteriormente a Galicia en una barca de piedra. A raíz de las persecuciones romanas de los cristianos de Hispania, su tumba fue abandonada en el siglo III. Siempre según la leyenda, esta tumba fue descubierta en torno al año 814 por el ermitaño Pelayo (Pelagius) después de ver unas luces extrañas en el cielo nocturno. El obispo Teodomiro de Iria reconoció este hecho como un milagro e informó al rey Alfonso II de Asturias; el rey ordenó la construcción de una capilla en el lugar. Dice la leyenda que el rey se convirtió en el primer peregrino en este santuario. Esta capilla fue seguida por una primera iglesia el año 829 y posteriormente por una iglesia prerrománica el 899, construida por orden del rey Alfonso III, convirtiéndose gradualmente en un importante lugar de peregrinaje. El año 997 esta iglesia primitiva fue reducida a cenizas por Almanzor, comandante del ejército del califa de Córdoba. Las puertas y las campanas de la iglesia, portadas a hombros por cautivos cristianos hasta Córdoba, se añadieron a la mezquita aljama. Cuando Córdoba fue tomada por el rey Fernando III de Castilla en 1236, estas mismas puertas y campanas fueron transportadas por prisioneros musulmanes a Toledo, y se incluyeron en la Catedral de Santa María de Toledo.

La construcción de la actual catedral se inició en 1075 bajo el reinado de Alfonso VI y el patrocinio del obispo Diego Peláez. Fue construida según el mismo plano que la iglesia de ladrillo monástica de San Sernín de Toulouse, probablemente el mayor edificio románico de Francia. El templo fue construido fundamentalmente en granito. La construcción se detuvo en distintas ocasiones y, según el Liber Sancti Iacobi, la última piedra fue colocada en 1122 y la catedral fue consagrada en 1128. Según el Codex Calixtinus, los arquitectos fueron “Bernardo el viejo, un maestro maravilloso”, su ayudante Galperinus Robertus y, más tarde, posiblemente “Esteban, maestro de catedrales”. En la última etapa “Bernardo, el joven” (que posiblemente era hijo de Esteban) terminaba el edificio, mientras que Galperinus estuvo a cargo de la coordinación. También construyó una fuente monumental delante de la portada septentrional en 1122.

La última etapa de construcción comienza en 1168 cuando el capítulo encarga al maestro Mateo la realización de la cripta y el Pórtico de la Gloria, y la catedral es definitivamente consagrada en abril de 1211, en la mañana del jueves de la segunda semana de Pascua, por el arzobispo Pedro Muñiz, en presencia del rey Alfonso IX y su hijo, además de numerosas autoridades eclesiásticas y civiles.

La iglesia se convierte en sede episcopal en 1075 y, en buena medida gracias a las gestiones del obispo Diego Gelmírez y a su creciente importancia como lugar de peregrinación, Calixto II la consolida como sede arzobispal en 1120. La catedral fue embellecida y ampliada entre los siglos XVI y XVIII.

Los orígenes del culto a Santiago en Gallaecia se pierden en los anales de los tiempos. A finales del siglo VII se difunde al noroeste de la Península Ibérica la leyenda de que Santiago el Mayor había sido enterrado en esas tierras, después de evangelizarlas. Esta idea es recogida en la península por el tratado De Ortu et Obitu Patrum, de Isidoro de Sevilla, y en Inglaterra por el obispo Aldhelmo de Malmesbury.

El año 813, ocho siglos después de la muerte del Apóstol Santiago, un ermitaño llamado Pelayo (o Paio o Pelagio), junto con otros fieles, vio unas luces en las proximidades de un lugar conocido por el nombre de Solovio y lo comunicó a Teodomiro, obispo de Iria Flavia, (actualmente Padrón). Después de tres días de ayuno, el obispo y sus acompañantes fueron al lugar y descubrieron entre los matorrales un monumento hecho de losas de mármol, y no tuvieron ninguna duda de que se tratara del sepulcro del Apóstol y de sus dos discípulos, Atanasio y Teodoro. El obispo comunicó el hallazgo al rey de Asturias Alfonso II el Casto, que viajó con su corte al lugar y otorgó las tierras cercanas al sepulcro al obispo, más sus correspondientes rentas, y mandó construir una pequeña iglesia supra corpus apostoli “encima del cuerpo del Apóstol”, junto a un baptisterio y otra iglesia dedicada al Salvador. Tiempo después, en un documento fechado el 4 de septiembre del 834, el rey decía:

Pues en nuestros días nos ha sido revelado el preciado tesoro del bienaventurado Apóstol, es decir su santísimo cuerpo. Al tener noticia de lo cual, con gran devoción y espíritu de súplica, me apresuré a ir a adorar y veneré tan precioso tesoro, acompañado de mi corte, y le rendimos culto en medio de lágrimas y oraciones como Patrón y Señor de España, y por nuestra propia voluntad, le otorgamos el pequeño obsequio antes referido, y mandamos construir una iglesia en su honor.

Alfonso II el Casto, 4 de septiembre del 834.

En el transcurso de unas excavaciones realizadas el año 1879 bajo el ábside de la catedral dirigidas por el historiador López Ferreiro, siendo arzobispo de Compostela Miguel Payá y Rico, se descubrieron los cimientos del sepulcro primitivo, denominado “Arca marmárica”, con restos de un altar que constaba de una losa lisa sobre un fuste de piedra también liso. Presentaba una planta de unos ocho metros por lado, con otro cuerpo central, más pequeño y rectangular, construido con grandes sillares de piedra y los muros exteriores estaban realizados en mampostería. Tenía un pórtico con columnas y pavimento con losas de granito; una orla de mosaico romano rodeaba la tapa del sepulcro. La iglesia que mandó construir Alfonso II respetó la antigua celda del sepulcro, se derrocaron las columnas y se construyó un muro cerca del arca marmórea en forma de nave con un pequeño ábside y finalmente se cubrió todo con una techumbre de madera.

Durante el reinado de Alfonso III, ante el número creciente de peregrinos y las pequeñas dimensiones de la iglesia, se decidió la construcción de otra edificación, de estilo prerrománico y más amplia que la anterior. Se realizó con una planta de tres naves, quedando íntegramente en su presbiterio la antigua iglesia. No se tocaron las sepulturas de Santiago y sus discípulos, en la cabecera central se colocó un altar dedicado a San Salvador y en los absidiolos laterales a la derecha se situó el altar de San Pedro y a la izquierda el de San Juan. La consagración, con gran ostentación, tuvo lugar en mayo del año 899 con la asistencia de “la familia real, 17 obispos, 14 nobles y otras personalidades”. En un libro de pergamino de la catedral se conserva la escritura de donación por parte del rey Alfonso III de Asturias.

En verano del 997 Santiago de Compostela fue atacada por Almanzor, el auténtico dominador del Califato de Córdoba, después de que, temiendo sus intenciones, el obispo Pedro de Mezonzo evacuara la ciudad. Almanzor y sus huestes musulmanas quemaron el templo prerrománico dedicado a Santiago, respetando el sepulcro. Eso permitió la continuidad del Camino de Santiago. Hacia el año 1000 se volvió a reconstruir por el obispo Pedro de Mezonzo.

El templo del siglo X también resultó insuficiente para atender las numerosas peregrinaciones que acudían a Santiago de Compostela. Bajo el impulso del rey Alfonso VI el Bravo y del obispo Diego Peláez se iniciaron las obras de una gran catedral románica en el año 1075, a cargo de los maestros de obra Bernardo el Viejo y su ayudante Galperinus Robertus con medio centenar de canteros, según el Codex Calixtinus. El obispo Diego Peláez fue destituido en 1088, parándose las obras por algún tiempo.

Cinco años más tarde las obras estaban en marcha, impulsadas por el recién nombrado administrador de la diócesis, Diego Gelmírez, con el apoyo del nuevo obispo Dalmacio y de Raimundo de Borgoña. En 1101 abandona la ciudad de Compostela el maestro Esteban dejando completadas las capillas del deambulatorio e iniciadas las obras de la fachada de las Platerías. Desde este momento se continuaron con regularidad los trabajos, y durante las dos primeras décadas del siglo XII se remataron los trabajos de los brazos del crucero (en 1111), hasta la colocación de la última piedra, que, si atendemos las indicaciones del Codex Calixtinus, tuvo lugar en el año 1122. Diego Gelmírez, nombrado obispo en 1100 y primer arzobispo de Compostela en 1120, fue la figura más importante en la tarea de impulsar la actividad constructora en Santiago. Aunque hubo diversas paradas durante su construcción, la gran cantidad de limosnas conseguidas hizo posible su vuelta al culto y su consagración en 1128. En el año 1140 ya se habían cubierto seis tramos de las naves, y el maestro Mateo se hizo cargo de la dirección de obras en 1168 cuando inició el pórtico de la Gloria y, aunque continuaron las obras hasta buena parte del siglo XIII, se consagró definitivamente la catedral el año 1211.

Aproximadamente desde el 813, con el hallazgo de las reliquias del Apóstol y bajo la protección del rey Alfonso II de Asturias, la noticia se extiende con rapidez por toda la Europa cristiana y los peregrinos empiezan a llegar al lugar, el denominado Campus Stellae (que degenerará en el término Compostela), y que se convirtió progresivamente en un centro de peregrinación con la fundación de un convento y diversos hospedajes en la propia ciudad. El año 850, Gotescalco, obispo francés de Le Puy-en-Velay peregrinó hasta el sepulcro y está considerado como el primer peregrino extranjero documentado.

Religiosos vinculados a la Orden de Cluny elaboraron el Codex Calixtinus y la Historia compostelana para el arzobispo Diego Gelmírez y los reyes peninsulares favorecieron la constitución y proyección de una red de monasterios cluniacenses en el norte de la península y especialmente en las proximidades del Camino de Santiago, consiguiendo así grandes edificaciones de estilo románico. Se concedió un privilegio, confirmado por el papa Alejandro III, consistente en que el año en que el 25 de Julio, fiesta de Santiago el Mayor, coincidiera en domingo se podrían ganar en la iglesia de Compostela las mismas gracias que se otorgaban en Roma los años jubilares, que allí acostumbran a coincidir cada veinticinco años. Se trata de la bula de concesión más antigua que se conserva, la Regis aeterni, fechada en 1179. En esta bula se confirma un privilegio otorgado por el papa Calixto II.

Durante el siglo XIV se produjeron grandes convulsiones sociales en Europa que desviaron a los peregrinos hacia otros destinos. Por otra parte, la Reconquista desplazó toda la atención económica y gubernamental de los reinos españoles hacia el sur. El Cisma de Occidente en 1378 daña y divide la cristiandad. El siglo XV tampoco ayudó a su revitalización, pleno de desagradables acontecimientos en el viejo continente: guerras, hambre, peste y malas cosechas. A pesar de todo, muchos creyentes continuaban acudiendo hasta la tumba del Apóstol para cumplir su penitencia pero posteriormente el Camino fue cayendo en el olvido, y después de la Edad Media y Moderna fue perdiendo importancia. Desde el Año Santo de 1993, el gobierno autónomo gallego decidió potenciar su valor enfocándolo como un recurso turístico y dirigido a personas con el perfil del peregrino religioso tradicional; de esta manera se lanzó una gran campaña publicitaria para la Compostela de ese año: el “Xacobeo 93”. Gracias a este plan de potenciación se restauraron tramos de la ruta y las infraestructuras para los peregrinos y se contó con la colaboración de las comunidades autónomas por las que atraviesa el Camino. Éste se encuentra indicado por flechas pintadas de amarillo, conchas de vieira, cruces de Santiago y otras señales. En 1993 fue considerado bien cultural Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco.

Los tramos son senderos de gran recorrido (GR) que tienen generalmente una longitud de más de cincuenta kilómetros y están pensados para caminatas de más de dos jornadas. Unas marcas de pintura blanca y roja van guiando al caminante. Los peregrinos que llegan a la catedral tienen que mostrar la “credencial” del Camino, que demostrará que han recorrido y se han alojado en los lugares que en ella se muestran. La “Compostela” es un certificado expedido por las autoridades eclesiásticas y que se entrega a los peregrinos cuando acaban su peregrinaje en la catedral, y para obtenerla se necesita haber recorrido un mínimo de cien kilómetros a pie (doscientos si se va en bicicleta o a caballo). Durante la Edad Media la “Compostelana” era un medio de indulgencia, que permitía reducir a la mitad el tiempo de estancia del alma en el purgatorio, y si ésta había sido obtenida en un Año Santo compostelano, se obtenía la indulgencia plenaria.

Son numerosas las rutas de peregrinación compostelana que se han ido creando a lo largo de los siglos. En España se inicia en los puertos de Somport (Vía Tolosana) o de Roncesvalles (Navarra). Aunque los caminos por los que llegan los fieles a Santiago son muy numerosos, uno de los recorridos más conocido es el llamado Camino Francés; se trata de un recorrido de gran riqueza cultural y artística al que van sumándose otras rutas que los nuevos peregrinos van forjando cada año, aprovechando los trazados históricos a los cuales añaden nuevas rutas. Los peregrinos van en aumento año tras año.

Cruz de Santiago.

La Cruz de Santiago es una cruz latina de gules simulando una espada, con los brazos rematados en flor de lis y una panela (heráldica) en la empuñadura. Se dice que su forma tiene origen en la época de las Cruzadas, cuando los caballeros llevaban pequeñas cruces con la parte inferior afilada para clavarlas en el suelo y realizar sus devociones diarias.

Las tres flores de lis representan el honor sin mancha, que hace referencia a los rasgos morales del carácter del Apóstol.

La espada representa el carácter caballeresco del apóstol Santiago y su forma de martirio, ya que le cortaron la cabeza (fue decapitado) con una espada. También puede simbolizar, en cierto sentido, tomar la espada en nombre de Cristo.

En particular, es el emblema desde el siglo XII de la Orden de Santiago, nombrada en referencia al santo patrón de España, Santiago el Mayor. El diseño de esta cruz también se llama Cruz de los Caballeros de Santiago, ya que éstos portaban la cruz estampada en el estandarte y su capa blanca. La cruz del estandarte tenía forma de cruz con una venera en el centro y otra al final de cada uno de los brazos.

En los escudos heráldicos de diversas poblaciones anteriormente pertenecientes a esta Orden Militar aparece representada esta cruz, como es el caso de Quintanar de la Orden y Cabezamesada, en la provincia de Toledo; Villamayor de Santiago, Horcajo de Santiago y Santa María de los Llanos en la de Cuenca o Campo de Criptana y Villanueva de los Infantes en Ciudad Real, entre muchos otros casos.

Este dedal de porcelana de la ciudad de Santiago de Compostela fue comprado en una tienda de la Rúa do Vilar que se llama Bazar Vergel, en donde ya compré otros dedales de esta misma ciudad.

(09/10/2015)

274. Dedal VIGO // VIGO´s Thimble

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Dedal con el escudo de Vigo. Pontevedra.

 

Después de unos días sin actualizar el blog por motivos personales, aquí vuelvo a traeros un nuevo dedal. Esta vez le ha tocado el turno a otro de los dedales de la ciudad pontevedresa de Vigo que tengo en mi colección desde hace algún tiempo. Es un dedal de porcelana en el que tenemos representado el escudo de la ciudad olívica.

Vigo es una ciudad y un municipio de España, perteneciente a la provincia de Pontevedra, situada en la comunidad autónoma de Galicia, al noroeste de España. Es conocida como la ciudad olívica.

Es el municipio más poblado de Galicia y el decimocuarto de España (siendo la ciudad no capital de provincia más poblada de España), con 294.997 habitantes empadronados en el año 2014, de los cuales 200.832 lo estaban en la ciudad de Vigo, capital municipal, situada en el extremo norte del municipio; los restantes 93.971 habitantes se distribuyen en 16 parroquias periurbanas y una parroquia rural, que albergan una elevada densidad de población; el conjunto del municipio cuenta con una densidad poblacional de 2.726,43 hab/km² en un término municipal de 109,06 km² en el cual se incluye el archipiélago de las Islas Cíes.

Vigo —del latín VICVS, aldea (romana), en contraposición al castrum prerromano indígena sobre el vicus—

Vigo está situada en la parte occidental de la provincia de Pontevedra, de la que forma parte como municipio costero de las rías Bajas, y que limita al norte con la ría de Vigo, al noreste con el municipio de Redondela, al este con el de Mos, al sur con los municipios de Porriño y Gondomar y al suroeste con el de Nigrán. Al otro lado de la ría, y justo enfrente de la ciudad se encuentran las villas de Cangas y Moaña, a 5 y 3,6 km de distancia, respectivamente, que forman parte del área metropolitana de esta ciudad. Se enclava en la comarca histórica del Valle del Fragoso, cuyas tierras ocupa actualmente el término municipal de Vigo, que forma parte, además, de la Comarca de Vigo, junto con otros diez ayuntamientos de su área metropolitana.

La ciudad de Vigo se extiende en dirección noreste-suroeste en la orilla sur de la ría homónima, a los pies del cerro llamado Monte del Castro, al que acabó rodeando completamente debido al crecimiento urbano.

El término municipal ocupa todo el Valle del Fragoso, antigua vega agraria hoy transformada en zona periurbana, vertebrado por el río Lagares y encerrado por las estribaciones del monte de Penide, del monte de Cela, de los montes de Fragoselo y de Serra do Galiñeiro, donde se alcanza la altitud máxima de Vigo (Pico do Galiñeiro, 690 metros). Se trata pues de una amplísima cuenca o valle bordeada de sierras y montes de mediana altura y una estrecha franja litoral de 20 kilómetros de largo. La ciudad primitiva ocupaba las terrazas que bajaban por las laderas norte y oeste del Monte del Castro hasta el mar, pero el descomunal crecimiento demográfico experimentado por la ciudad durante el siglo XX hizo que el núcleo urbano creciera hacia el valle y a lo largo de la orla costera.

En el dedal que os quiero enseñar hoy podemos observar el escudo de la ciudad olívica, que es sobre lo que va a tratar la entrada de hoy. A continuación, os dejo información sobre este:

El escudo de la ciudad de Vigo se encuentra regulado por un acuerdo de su Ayuntamiento aprobado el 7 de abril de 1987. La descripción del escudo tal y como aparece en la norma que lo regula es la siguiente:

En campo azul claro, un castillo de base cuadrada terminado en una torre almenada, todo en oro, en la puerta baja una puerta con arco de medio punto, dos ventanas cuadradas en el cuerpo medio y dos troneras, también cuadradas en la torreta. En la parte izquierda del castillo hay un olivo de sinople con tronco marrón. Todo en una isla sobre un mar de seis franjas ondeantes de azul marino.

Una bordura de gules separada por una pequeña cinta blanca.

Al timbre, una corona real cerrada de oro.

Una cinta de divisa en plata y como lema “Fiel, Leal, Valerosa e Sempre Benéfica Cidade de Vigo” (“Fiel, leal, valerosa y siempre benéfica Ciudad de Vigo“), en negro.

Históricamente Vigo estuvo sujeta a la jurisdicción de la Iglesia compostelana, esta circunstancia explica que en el escudo más antiguo de la ciudad del que se tiene noticia figurase, junto a un castillo, una “vieira” o venera jacobea. Finalizada la Guerra de la Independencia se decidió sustituir la vieira o venera, ya que Vigo había dejado de pertenecer a una jurisdicción eclesiástica, por un olivo ya que junto a la iglesia colegial de esta ciudad existía un ejemplar de esta especie que fue considerado emblemático y en el nuevo continente se conocía a Vigo como “la ciudad del olivo”. Desde aquella época en el escudo de la ciudad de Vigo figuró un castillo rodeado por una corona formada por dos ramas de olivo. Este olivo representa la victoria y la fortuna, y fue tan representativo que Vigo llegó a conocerse como la ciudad olívica.

La versión actual del escudo es una copia del que adornaba la fuente de Neptuno que estuvo situada en el pasado en la Puerta del Sol. En 1917 Marcelino Domínguez Elías, cronista de la ciudad, expuso en el Boletín de la Real Academia Gallega la conveniencia de establecer como modelo oficial del escudo, la versión que continúa estando vigente en la actualidad.

Es frecuente que en el escudo no figuren la bordura, la cinta blanca ni la divisa a pesar de la norma que lo regula establece su uso.

Este dedal fue comprado en una de las tiendas de souvenirs que podemos encontrar en el Mercado da Pedra de la ciudad de Vigo.

(28/10/2015)

273. Dedal PORTUGAL // PORTUGAL´s Thimble

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Dedal resina Portugal.

En esta nueva entrada os quiero enseñar otro de los dedales que tengo en mi colección y que me traje de la visita a la Fortaleza. Este dedal es un dedal de resina en el que podemos observar en la parte superior el famoso Gallo de Barcelos, y en la parte inferior una vista de las aldeas de Portugal, de sus gentes y sus costumbres. Este dedal como os comenté al principio de este párrafo, fue comprado en una de las tiendas de recuerdos que podemos encontrar en la Fortaleza de Valença do Minho.

Portugal, oficialmente la República Portuguesa (en portugués: República Portuguesa; pron. AFI [rɛ’publikɐ puɾtu’gezɐ] o [ʁɛ’publikɐ puɾtu’gezɐ]; en mirandés: República Pertuesa), es un país soberano miembro de la Unión Europea, constituido como un estado de derecho democrático. Es un país transcontinental, su territorio, con capital en Lisboa, está situado en el suroeste de Europa (en la Península Ibérica) y en el norte de África. En la parte europea limita al este y al norte con España, y al sur y oeste con el océano Atlántico. En África se encuentra el archipiélago autónomo de Madeira. Comprende también el archipiélago autónomo de las Azores, situado en el hemisferio norte del océano Atlántico.

El nombre de Portugal probablemente provenga del antiguo nombre de Oporto, del latín “Portus-Galliae” —puerto de Galia, debido a que las naves galas frecuentaban este puerto— o, más probablemente, de “Portus-Cale” —topónimo atestiguado en la Chronica del historiador del siglo V Hidacio—, por un amarradero existente en un lugar fortificado llamado “Cale“.

Portugal ha sido un testigo histórico de un flujo constante de diferentes civilizaciones durante los últimos 3100 años. Tartesos, celtas, fenicios, cartagineses, griegos, romanos, germanos (suevos y visigodos), musulmanes, judíos y otros pueblos han dejado huella en la cultura, historia, lenguaje y etnia. Durante los siglos XV y XVI, Portugal fue una potencia económica, social y cultural mundial, así como un imperio que se extendía desde Brasil hasta las Indias Orientales. Posteriormente, sobre todo tras las Guerras Napoleónicas y la independencia de Brasil entre finales del s. XVIII y principios del s. XIX, Portugal empezó a vivir periodos convulsos. El país vivió bajo una dictadura entre 1933 y 1974, cuando cayó tras una revuelta conocida como la Revolución de los Claveles. En 1986 ingresó en la Unión Europea y, desde 2001, forma parte de la Eurozona.

Es un país desarrollado, con un índice de desarrollo humano (IDH) considerado como “muy elevado”, y con una alta tasa de alfabetización. El país está clasificado como el 19.º con mejor calidad de vida, tiene uno de los mejores servicios sanitarios del planeta y es considerado una nación globalizada y pacífica. Asimismo, es el 18.º destino turístico mundial en volumen de visitantes. Es miembro de la ONU, la UE (incluyendo la Eurozona y el Espacio Schengen), la OTAN, la OCDE y la CPLP, entre otros. También participa en las fuerzas de paz de las Naciones Unidas.

La prehistoria de Portugal está unida a la de la Península Ibérica. Hacia el año 10.000 a. C. los íberos comenzaron a poblar el interior de las tierras de la península a la que darían nombre. Entre el 4000 a. C. y el 2000 a.C, Portugal y Galicia vieron como se desarrollaba una cultura megalítica original, con respecto al resto de la península, caracterizada por su arquitectura funeraria, sus rituales propios y por la práctica de la inhumación colectiva. Aún se pueden encontrar monumentos de entonces, sobre todo en el Alentejo: el crómlech de los Almendros, cerca de Évora, los del valle Maria do Meio o de Portela de Mogos, así como el dolmen de Zambujeiro.

En la Edad de Bronce hubo unos primeros contactos marítimos entre el litoral atlántico y el de las islas británicas, mientras que el sur de la península empezaba sus relaciones comerciales con el Mediterráneo: griegos y fenicios, provenientes del actual Líbano, así como sus descendientes, los cartagineses. Esto trajo consigo la instalación de los primeros puestos comerciales semipermanentes. El motor de este comercio era la riqueza de la península en metales (oro, plata, hierro y estaño) así como el salado de pescado atlántico, que gozaba de gran reputación en el Mediterráneo. Los fenicios fueron, precisamente, los que fundaron Lisboa alrededor del año 1000 a. C. La leyenda dice que fue Ulises quien le dio nombre.

Durante la Edad de Hierro, un pueblo indoeuropeo se estableció por toda la región: los celtas. Estos ocuparon todo el territorio hoy conocido como Portugal, vivieron en pequeños núcleos de población aislados que se encontraban en los puntos altos con casas circulares o castros y practicaron la agricultura y la ganadería. Con su dominio del hierro los trabajos de la tierra fueron más eficaces, las cosechas aumentaron y mejoraron las condiciones de vida y la demografía.

Los cartagineses llegaron a la Península Ibérica el s. III a. C., atraídos por sus recursos mineros, pesqueros y por la reputación de los guerreros íberos. Ocuparon el sur de Portugal y, aliados con los lusitanos de origen celta, formaron la primera resistencia a la invasión romana de la península. No obstante, tras las Guerras Púnicas los cartagineses fueron derrotados y los romanos incorporaron la región a su imperio como Lusitania, a partir de 45 a. C. Tras la disolución del imperio romano en el siglo V d. C. Lusitania fue invadida por pueblos como los suevos, los vándalos, los alanos, los burios y los visigodos hasta que, finalmente, fue conquistada por los árabes. En 868, durante la Reconquista, se formó el condado Portucalense, que fue incorporado al Reino de Galicia en 1071.

Mucho antes de que Portugal lograra su independencia hubo algunos intentos para alcanzar una mayor autonomía, e incluso la independencia, por parte de los condes que gobernaban las tierras del condado de Galicia y de Portucale. Con la idea de acabar con este clima independentista de la nobleza local en relación al dominio leonés, el rey Alfonso VI de León entregó el gobierno del condado de Galicia, que en aquel momento incluía las llamadas “tierras de Portucale“, al conde Raimundo de Borgoña. Tras muchos fracasos militares de Raimundo contra los árabes, Alfonso VI decidió dar en 1096 al primo de este, el conde Enrique de Borgoña, el gobierno de las tierras más al sur del condado de Galicia fundándose así el condado Portucalense. Con el gobierno del conde Enrique de Borgoña, el condado conoció no solo una política militar más eficaz en la lucha contra los árabes, sino también una política independentista más activa.

Tras su muerte y la llegada al poder de su hijo Alfonso Enríquez, Portugal consiguió la independencia con la firma en 1143 del tratado de Zamora y reconocida por el papa Alejandro III en la bula Manifestis Probatum en 1179. Posteriormente, conquistó localidades importantes como Santarém, Lisboa, Palmela y Évora. Una vez acabada la Reconquista portuguesa en 1249, la independencia del nuevo reino fue puesta en entredicho varias veces por el reino de Castilla. La primera fue debida a la crisis sucesoria abierta tras la muerte de Fernando I de Portugal, que acabó con la victoria portuguesa en Aljubarrota en 1385.

Con el final de la guerra, Portugal inició un proceso de exploración y expansión conocido como “Era de los Descubrimientos”, cuyas figuras destacadas fueron el infante Enrique el Navegante y el rey Juan II. Tras la conquista de Ceuta en 1415 y el paso del cabo Bojador por Gil Eanes, la exploración de la costa africana continuó hasta que Bartolomé Díaz comprobó en 1488 la comunicación entre los océanos Índico y Atlántico al doblar el cabo de Buena Esperanza. En poco tiempo los portugueses descubrieron rutas y tierras en Norteamérica, Sudamérica y Oriente, en su mayoría durante el reinado de Manuel I, el Aventurero. La expansión hacia Oriente, sobre todo gracias a las conquistas de Alfonso de Alburquerque, concentró casi todos los esfuerzos de los portugueses, aunque en 1530 Juan III inició la colonización de Brasil. Las riquezas allí encontradas hicieron que los portugueses se centraran en el Nuevo Mundo, con la consiguiente pérdida de otras plazas en el Índico, como Ormuz, frente a otras potencias europeas.

El país tuvo su “siglo de oro” durante esta época. Sin embargo, en la batalla de Alcazarquivir contra Marruecos, en 1578, murieron el joven rey Sebastián y parte de la nobleza portuguesa. Subió al trono el rey cardenal Enrique, que murió dos años después, con lo que se abrió la crisis sucesoria de 1580, que se resolvió con la llamada unión ibérica entre Portugal y España, durante la cual los dos reinos tuvieron coronas separadas pero gobernadas por el mismo rey. Felipe II de España fue el primero de tres reyes españoles. Privado de una política exterior independiente y envuelto en una guerra junto con España contra los Países Bajos, el país sufrió grandes reveses en su imperio y perdió el monopolio del comercio en el Índico.

La unión con España acabó el 1 de diciembre de 1640. La nobleza nacional, tras haber vencido a la guardia real en un repentino golpe de Estado, depuso a la duquesa gobernadora y virreina de Portugal Margarita de Saboya y coronó a Juan IV como rey de Portugal. Se inició así la Guerra de Restauración portuguesa, que se prolongó hasta 1668, año en que se firmó el tratado de Lisboa, por el cual el rey español Carlos II reconoció la independencia de Portugal.

El final del siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII fueron testigos del florecimiento de la minería en Brasil: el descubrimiento de oro y piedras preciosas convirtió a la corte de Juan V en una de las más opulentas de Europa. Estas riquezas sirvieron para pagar productos importados, en su mayoría de Inglaterra, ya que no existía industria textil en el reino y las telas eran importadas de las Islas Británicas. El comercio exterior se basaba en la industria del vino y los esfuerzos para invertir la situación con grandes reformas mercantiles del marqués de Pombal, ministro entre 1750 y 1777, impulsaron el desarrollo económico durante el reinado de José I. Fue durante este reinado cuando un terremoto devastó Lisboa y el Algarve, el 1 de noviembre de 1755.

Para no romper la alianza con Inglaterra, Portugal rechazó unirse al bloqueo continental, por lo que fue invadida por los ejércitos napoleónicos en 1807. La corte de la familia real se refugió en Brasil y la capital se trasladó a Río de Janeiro hasta 1821. Ese año, Juan VI, desde 1816 rey del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, regresó a Lisboa para jurar la primera constitución portuguesa. Al año siguiente, su hijo Pedro fue proclamado emperador de Brasil y declaró su independencia con respecto a la metrópolis.

Durante el resto del siglo XIX Portugal vivió períodos de enorme perturbación política y social, como la guerra civil y las repetidas revueltas y pronunciamientos militares como la revolución de Septiembre, la de Maria da Fonte, la de Patuleia, etc. Gracias al Acto Adicional a la Carta Constitucional de 1852 fue posible un periodo de paz interna así como el inicio de las políticas de obras públicas lideradas por Fontes Pereira de Melo. A finales del s. XIX las ambiciones coloniales portuguesas chocaron con las inglesas, lo que provocó el ultimátum británico de 1890. La cesión a las exigencias británicas y los crecientes problemas económicos causaron a la monarquía un descrédito creciente, que culminó con los asesinatos de Carlos I y el príncipe heredero Luis Felipe el 1 de febrero de 1908. La monarquía se mantuvo en el poder durante dos años más, encabezada por Manuel II, pero fue abolida el 5 de octubre de 1910, implantándose en su lugar la república.

El rey salió hacia el exilio en Inglaterra tras la instauración de la república. Después de varios años de inestabilidad política, con luchas de trabajadores, tumultos, levantamientos, homicidios políticos y crisis financieras, problemas agravados por la participación portuguesa en la Primera Guerra Mundial, el ejército tomó el poder en 1926. Dos años más tarde, el régimen militar nombró ministro de Finanzas a António de Oliveira Salazar, profesor de la universidad de Coímbra, que en 1932 se convirtió en presidente del consejo de ministros.

Salazar restauró las finanzas e instituyó el Estado Nuevo, régimen autoritario de corporativismo de Estado con un partido único y sindicatos estatales, además de una afinidad fascista bien marcada, al menos hasta 1945, cuando tras la victoria de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, Salazar sufrió presiones para transformar Portugal en una democracia. En 1968, apartado del poder por una enfermedad, fue sucedido por Marcelo Caetano.

El rechazo del régimen a la descolonización de las provincias ultramarinas supuso el inicio de la guerra colonial primero en Angola (1961), y poco después en Guinea-Bisáu (1963) y Mozambique (1964). A pesar de las críticas de algunos de los oficiales del ejército más veteranos, entre los cuales se encontraba el general António de Spinola, el gobierno se mantuvo firme en su decisión de continuar con esta política. Este último publicó un libro, Portugal y el futuro, en el que afirmaba que la guerra colonial era insostenible, por lo cual fue destituido. Este hecho aumentó el malestar entre los oficiales más jóvenes del ejército, que el 25 de abril de 1974 dieron un golpe de Estado, conocido como la Revolución de los Claveles.

A esta revolución le siguió un periodo de enfrentamientos políticos muy encendidos entre las fuerzas sociales y políticas, llamado Proceso Revolucionario en Curso, que tuvo su punto álgido en el llamado verano caliente de 1975, durante el cual el país estuvo a punto de caer en un nuevo periodo de dictadura, esta vez de orientación comunista. En este período, Portugal reconoció la independencia de todas sus antiguas colonias de África.

El 25 de noviembre de 1975 los paracaidistas y la policía militar de la Región Militar de Lisboa, aliados con diversos sectores de la izquierda radical, llevaron a cabo una tentativa de golpe de Estado sin un liderazgo claro. El grupo de los Nueve reaccionó poniendo en práctica un plan militar de respuesta, liderado por António Ramalho Eanes, que resultó un éxito. Al año siguiente se consolidó la democracia y el propio Ramalho Eanes fue nombrado presidente, el primero elegido por sufragio universal. Se aprobó una constitución democrática y se establecieron los poderes políticos locales —las autarquías— y los gobiernos autónomos regionales de Azores y Madeira.

Entre las décadas de 1940 y 1960, Portugal fue miembro cofundador de la OTAN (1949), la OCDE (1961) y la EFTA (1960), de la que se salió en 1986 para adherirse a la entonces CEE. En 1999, Portugal se adhirió a la zona Euro y ese mismo año entregó la soberanía de Macao a la República Popular China. Desde su adhesión a la UE, el país ha presidido el Consejo Europeo tres veces, la última en 2007 cuando presidió la ceremonia de la firma del tratado de Lisboa.

Gallo de Barcelos.

La leyenda del Gallo de Barcelos cuenta la historia de un peregrino gallego que salía de Barcelos (ciudad portuguesa del distrito de Braga) camino de Santiago de Compostela, y que fue acusado de haber robado el dinero a un terrateniente, por lo que fue condenado a la horca. Como última voluntad, pidió ser llevado ante el juez, que se encontraba comiendo un pollo (un gallo) asado. El peregrino le dijo que, como prueba de su inocencia, el gallo se levantaría y se pondría a cantar. El juez echó el plato para un lado e ignoró las palabras del hombre.

Sin embargo, en el preciso momento en que el preso estaba siendo ahorcado, el gallo se levantó y cantó. El juez, habiéndose dado cuenta de su error, corrió hacia la horca y descubrió que el gallego se había salvado gracias a un nudo mal hecho.

Según la leyenda, el peregrino volvió años más tarde para esculpir el crucero del Señor del Gallo que ahora se encuentra en el Museo Arqueológico de Barcelos.

(07/12/2015)

272. Dedal GALICIA // GALICIA´s Thimble

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Dedal porcelana Galicia.

Y en esta entrada el último de los dedales de Galicia, de estos que son genéricos que los podemos encontrar en cualquier lado, por eso en un principio no me gustaba la idea de coleccionarlos porque te los puedes encontrar en muchos lugares diferentes con un recuerdo de tal sitio por detrás, pero no tienen nada de específico de ese lugar, sino de la región a la que pertenece el lugar, pero finalmente aquí están. Este fue comprado en la ciudad de La Coruña.

Galicia (en gallego Galicia, también Galiza) es una comunidad autónoma española, situada en el noroeste de la Península Ibérica. Está formada por las provincias de La Coruña, Lugo, Orense y Pontevedra, las cuales se dividen en 314 municipios que se agrupan en 53 comarcas. Santiago de Compostela es la capital política de Galicia, dentro de la provincia de La Coruña. Geográficamente, limita al norte con el mar Cantábrico, al sur con Portugal, al oeste con el océano Atlántico y al este con el Principado de Asturias y con la comunidad de Castilla y León (provincias de Zamora y de León).

A Galicia pertenecen el archipiélago de las islas Cíes, el archipiélago de Ons, y el archipiélago de Sálvora, así como otras islas como Cortegada, Arosa, las Sisargas, o las Malveiras.

Galicia posee 2.747.558 habitantes (INE, 1 de enero de 2014), con una distribución poblacional que aglomera la mayor parte en las franjas costeras comprendidas entre Ferrol y La Coruña en el noroeste y entre Villagarcía, Pontevedra y Vigo en el suroeste.

Galicia está definida en el artículo primero de su Estatuto de autonomía como una “nacionalidad histórica”. Tiene una fuerte vinculación histórica con el Reino de Galicia.

Arte.

Las primeras manifestaciones artísticas o simbólicas que se conservan en el noroeste peninsular corresponden a la Edad de Piedra, e incluyen las estructuras funerarias conocidas como dólmenes, y numerosos petroglifos. Posteriormente la cultura de los castros -poblados fortificados de la Edad de Hierro- dejaría un rico legado celto-galaico de joyas y objetos de oro (torques, arracadas, brazaletes…), entre otros enseres. También esculturas en piedra de guerreros o de animales.

De los tiempos romanos se conservan importantes monumentos de valor reconocido internacionalmente, como la Muralla de Lugo, la Torre de Hércules en La Coruña (ambos Patrimonio de la Humanidad), o el Puente Romano de Orense. También han llegado hasta nuestros días algunos mosaicos, esculturas, estelas funerarias y aras votivas.

La Edad Media comienza con la presencia de suevos y visigodos, que dejó ejemplos de arquitectura eclesiástica entre los que destacan las iglesias de Celanova y Santa Comba de Bande, junto a monasterios como el de San Julián de Samos. Es sin embargo entre los siglos XI y XIII cuando encontramos un enorme auge constructivo en Galicia, en estilo románico, que da lugar a las cinco catedrales gallegas, incluida la catedral de Santiago, uno de los principales monumentos en la Europa de la época y meta final de la ruta de peregrinación que la puso en contacto con la cultura europea. Son también de esta época varios monasterios (Sobrado, Oseira…) y centenares de iglesias repartidas por las cuatro provincias, así como algunos de los característicos cruceiros que abundan en el paisaje rural. Cabe destacar en el ámbito escultórico la figura del Maestro Mateo, autor en el siglo XII del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago, obra cumbre de la escultura románica.

Reformas y ampliaciones en siglos posteriores hicieron que algunos de los antedichos edificios románicos incorporasen elementos de estilo gótico (catedral de Tuy), barroco (fachada de la catedral de Santiago de Compostela) o neoclásico (catedral de Lugo).

A comienzos de la era moderna, el Renacimiento nos dejó edificios como la Basílica de Santa María la Mayor en Pontevedra capital, el Colegio del Cardenal (Monforte) y el Hostal de los Reyes Católicos (Compostela), así como la pintura manierista.

Posteriormente, el barroco traerá un nuevo período de esplendor al arte gallego en los siglos XVII y XVIII. Cabe destacar en él la fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago de Compostela y la del monasterio de San Martín Pinario, así como numerosos retablos (el de San Martín Pinario, el de la iglesia del monasterio de Celanova, el de la catedral de Lugo…). Cobra también relevancia la arquitectura civil en la construcción de pazos, mansiones señoriales construidas en el campo por familias nobles o hidalgas de Galicia. En pintura destaca la figura de Antonio de Puga.

Ya en los siglos XIX y XX, movimientos como el eclecticismo, el regionalismo y el modernismo tuvieron expresión en la arquitectura urbana gallega, destacando la figura del arquitecto porriñés Antonio Palacios. En el ámbito de la pintura cabe destacar artistas como Pérez Villaamil, Serafín Avendaño, Luís Seoane, Maruja Mallo, Eugenio Granell, Manuel Colmeiro, Laxeiro y Arturo Souto. En cuanto al género escultórico, sobresalen los trabajos de Asorey, Francisco Leiro y Leopoldo Nóvoa.

Por último, no cabe terminar una panorámica general del arte gallego sin mencionar artes menores como la conocida cerámica de Sargadelos, los encajes de Camariñas, y la orfebrería y azabachería santiaguesas.

Música.

Galicia posee una amplia tradición musical. Su riqueza musical reside en la variedad de ritmos musicales así como de instrumentos.

Los instrumentos que se emplean en la música gallega son fundamentalmente los de viento y percusión. De entre todos ellos, destaca la gaita gallega como el más extendido y conocido, aunque últimamente se está prestando especial atención a la recuperación de aquellos instrumentos que fueron cayendo en el olvido, principalmente los diferentes tipos de flautas gallegas y la zanfona. En cuanto a la percusión, tiene una gran variedad, pudiendo citarse el tamboril, el bombo y la pandereta, entre otros. En cuanto a ritmos musicales destacan las muñeiras y los alalás.

La tienda en la que compré este dedal se llama Brigantium y está situada en la Calle Franja de la ciudad herculina. Por detrás pone lo que os comentaba al principio de la entrada, “Recuerdo de La Coruña“, pero yo prefiero dejarlo como un dedal genérico y que abarque toda Galicia, ya que para dedales de la ciudad de La Coruña ya tengo otros que los encontraréis por el blog, que son específicos de esa ciudad.

(14/11/2015)

271. Dedal SANTA TECLA // SANTA TECLA´s Thimble

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Dedal Cerámica del Castro de Santa Tecla, Pontevedra.

En la entrada de hoy os quiero enseñar un nuevo dedal de la provincia de Pontevedra. El pasado puente de la Constitución, nos acercamos al sur de esta provincia y visitamos algunos de los lugares que podemos encontrar en ella, entre ellos La Guardia y el famoso Castro de Santa Tecla que podemos encontrar en el monte del mismo nombre. De allí me traje unos cuantos dedales, y este dedal de cerámica es uno de ellos.

El castro de Santa Tecla (Santa Trega en gallego) es un castro galaico y un sitio arqueológico que se encuentra en el contorno del monte de Santa Tecla, de 341 metros de altitud, en el extremo más sudoccidental de Galicia, en el municipio de La Guardia (Pontevedra) es un lugar privilegiado desde el que se domina todo el contorno de la desembocadura del Miño. Pertenece a la cultura castreña, el más emblemático y visitado de los castros gallegos. Fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en el año 19312 y también tiene la consideración de Bien de Interés Cultural. En varias de las piedras del monte se encuentran petroglifos elaborados 2.000 años antes de la ocupación del castro, por lo que, según la tesis mantenida por Antonio de la Peña Santos, director de las últimas campañas de excavaciones sistemáticas en la década de los ochenta, tuvo una ocupación continuada entre los siglos I a. C., al poco de comenzar el proceso de romanización de Galicia, y el siglo I d. C., y a partir de ese momento comenzó un lento proceso de abandono, que bien pudo haber sido interrumpido con reocupaciones esporádicas temporales en época tardorromana.

Aunque es de suponer que las gentes de La Guardia debían tener conocimiento de la existencia de restos de antiguas edificaciones en el monte desde hace mucho tiempo, hay que subrayar que, cuando en el año 1745 el Padre Sarmiento visita La Guardia, no hace mención de ellos; sí cita el monte, la ermita y su romería.

El primer descubrimiento del que se tiene constancia fue, en el año 1862, una escultura de Hércules hecha en bronce que fue encontrada por unos canteros que trabajaban cerca de la ermita. Esta escultura fue robada del museo en la década de 1970.

En la segunda mitad del siglo XIX las ruinas comenzaron a ser valoradas en su justa medida. Se constatan las primeras referencias escritas de las ruinas en los apuntes arqueológicos de Ramón López García en el año 1864, y en el testimonio de Manuel Murguía en su obra “Historia de Galicia” en el año 1888, que deduce de las ruinas un emparentamiento con la raza celta de la familia de los galos.

Ya en el siglo XX se crea en La Guardia, en el año 1912, la Sociedad Pro-Monte de Santa Tecla que un año más tarde promovió la realización de obras de acondicionamiento de los alrededores de la ermita y el trazado de una carretera de acceso a la cumbre. Las obras de esta carretera pusieron al descubierto, en el lugar conocido como Campo Redondo, muros de edificaciones y cimientos de lienzos de la muralla exterior del castro.

Ante estos descubrimientos la sociedad solicitó una autorización oficial para iniciar excavaciones sistemáticas en el lugar, autorización que fue concedida el 26 de febrero de 1914, y en la que se nombró arqueólogo jefe a Ignacio Calvo Rodríguez, del Museo Arqueológico Nacional.

A partir de este momento el yacimiento comenzó a aparecer en los medios de comunicación. En el mismo 1914 el canónigo Domínguez Fontela, sin ningún tipo de argumentación, atribuyó los restos a la “civilización ibérico-romana” y los identificó con la histórica Abóbrica mencionada por Plinio el Viejo (teoría aún seguida en la actualidad por algunos autores).

Desde el año 1914 hasta el año 1923 el director de los trabajos arqueológicos fue Ignacio Calvo, que fue dando a conocer el resultado de los trabajos en varios artículos. La Sociedad Pro-Monte también participa en los trabajos de la zona conocida como la Fonte Nova. Calvo atribuyó al poblado una ocupación desde los inicios de la Edad del Bronce hasta la época romana. Fue el primer autor en denominarlo “citania” (siguiendo el ejemplo de la arqueología portuguesa) y en hablar de la posibilidad de identificarlo con el mítico Monte Medulio, donde los escritores clásicos situaron la también mítica última y heroica resistencia de los galaicos.

Entre los años 1928 y 1933, el catedrático de la Universidad de Valladolid, Cayetano de Mergelina y Luna dirigió, utilizando los más avanzados métodos de la época, una serie de campañas arqueológicas centradas, principalmente, en la ladera oriental poniendo al descubierto gran cantidad de viviendas y otros edificios.

En el año 1945 publicó el resultado de sus trabajos en un estudio titulado “La citania de Santa Tecla. La Guardia (Pontevedra)”. Siguiendo las mayoritarias “teorías invasionistas” del momento dató el poblado con una ocupación desde el siglo VI a. C. hasta el siglo III d.C., con una nueva ocupación en el siglo V, y le atribuyó a sus habitantes una naturaleza post-hallstáttica de origen celta.

Pese a haber sido declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en el año 1931, el yacimiento sufrió en estos años la ampliación del trazado de la carretera de subida y una agresiva reforestación del monte que deterioró gravemente el yacimiento.

Desde el año 1933, fecha de la última campaña de Mergelina, los restos puestos al descubierto sufrieron las consecuencias de su abandono llenándose de vegetación. Este período de abandono duró hasta el año 1979.

Durante estos años hubo pocas y breves intervenciones, como la de Manuel Fernández Rodríguez en los alrededores del edificio conocido como Casa Forestal o las reconstrucciones hechas en los años 1965 y 1972 en dos viviendas a ambos lados de la carretera, reconstrucciones que desde el punto de vista científico presentan serios problemas de fidelidad pero que se convirtieron en poco tiempo en un ícono de la cultura castreña.

Esta etapa de abandono finalizó en el año 1979, cuando Alfredo García Alén dirigió trabajos de limpieza y consolidación de las estructuras más próximas a la carretera, promovidos por el Ministerio de Cultura.

En el año 1983, con la colaboración económica de la Xunta de Galicia y el ayuntamiento de La Guardia, el arqueólogo Antonio de la Peña Santos dirigió un equipo del Museo de Pontevedra iniciando un nuevo período de excavaciones sistemáticas. Esta etapa se centró en la esquina septentrional del poblado.

Las estructuras descubiertas en estas campañas y en las anteriores fueron consolidadas en estos mismos años por un equipo dirigido por Montserrat García Lastra Merino.

Desde el año 1988 no se realizaron más trabajos arqueológicos.

Ya en el año 1996 la Consejería de Cultura y Deporte anunció en la prensa que emprenderían acciones para el aprovechamiento sociocultural de este yacimiento. En julio de 2006 la Consejería anunció un plan director para el yacimiento de Santa Tecla, que incluía la protección de todo el monte, nuevos trabajos arqueológicos, etc.

La visita al monte no es gratuita. Por otro lado el yacimiento carece de vigilancia y la cantidad de visitantes sin guía hace que las estructuras sufran importantes deterioros.

Siguiendo a los autores clásicos como Plinio el Viejo, Pomponio Mela, Appiano, Ptolomeo… el extremo sudoccidental de la actual Galicia estaría poblado por la comunidad de los Grovii o Grovios, cuya ciudad más importante sería el Castellum Tyde o Tude, la actual Tuy. Siguiendo la teoría de Antonio de la Peña Santos:

Los castros galaicos no fueron, pues, habitados por celtas en el estricto sentido sino por galaicos sólo muy remotamente emparentados con lo que se lleva entendiendo como culturas célticas continentales, con las que tal vez compartiesen un fondo lingüístico común dentro del grupo indoeuropeo.

Interpretando los hallazgos arqueológicos se trataría de un pueblo cuya estructura igualitaria (construcciones de tamaños semejantes), con carácter pacífico poco belicoso (sistemas defensivos más simbólicos que efectivos) y cuya economía agraria (proximidad a las tierras fértiles, aproximadamente a 1 o 2 km de distancia) pero con una cierta capacidad adquisitiva y comercial (abundantes productos foráneos).

Con el tiempo y producto de las reformas de los emperadores de la dinastía Flavia y la progresiva implantación del sistema romano de explotación, los habitantes del poblado comenzaron un lento abandono para asentarse en las nuevas villae y vici, situadas en los valles y más próximas a las tierras de mayor valor productivo.

La importancia de los cereales en la economía de la comunidad queda patente en los numerosos molinos manuales de piedra encontrados diseminados por toda la zona excavada, la mayoría de los molinos circulares tardíos, que algunos autores relacionan con la influencia romana.

Otros instrumentos encontrados como hachas, aixolas, podones y hoces de bronce y hierro hablan de la labor agrícola.

Destacan las grandes cantidades de cantos de talla monofacial, nódulos discoidales muy regulares encontrados sobre los pavimentos interiores de las estructuras. El primitivo diseño (similar a los Choppers, utensilios líticos muy rudimentarios y antiguos, del Paleolítico Inferior) y su posible utilidad causa extrañeza entre los estudiosos.

La recogida de frutos silvestres sería otra fuente de recursos testimoniada principalmente en los restos de bellotas carbonizadas que se encontraron.

Para el estudio de restos orgánicos son fundamentales los concheros, de los que constataron varios en el yacimiento. En ellos se atestigua, además de la actividad de explotación de recursos marinos, la explotación ganadera de las especies de ovicápridos (Ovis aries y Capra hircus), bóvidos (Bos taurus) y gallináceas (Gallus gallus). Resalta la ausencia de cerdo doméstico.

En relación con la pesca se encontraron tres anzuelos de bronce y dos de hierro, y restos óseos de ejemplares dr las familias Sparidae, Gadidae, Labridade y Morenidae, especies seguramente capturadas desde el mismo litoral. De los restos procedentes del marisqueo más de la mitad pertenecen a la lapa común (Patella vulgata), seguida en cantidad por el mejillón (Mytilus galloprovincialis), el bígaro común (Littorina littorea) y la peonza dentada (Monodonta lineata). Cabe destacar la ausencia de especies propias de zonas de arenal.

Entre las actividades artesanales testimoniadas la más extendida es la textil, testimomiada en la gran cantidad encontrada de pesas de telar, fusaiolas y en las agujas de bronce con ojo ovalado (todas rectas excepto una). Por el contrario son escasos los hallazgos relativos a la actividad metalúrgica, son algunos trozos de crisol y algún molde de piedra.

La actividad comercial debió de ser de gran importancia, tanta que su propia situación vendría determinada por su valor logístico para la navegación comercial marítima de cabotaje así como a fluvial (remontando el curso bajo del Miño). Con la llegada de los romanos la comunidad se incorporara al complejo sistema comercial marítimo y terrestre del Imperio.

El hallazgo de gran cantidad de restos cerámicos de ánforas confirman este comercio. La mayor parte de estos corresponden a modelos usados para el transporte de vino, otros modelos sería para el aceite (principalmente para servir de combustible de las lucernas) y otras mercaderías.

La piezas cerámicas encontradas, de vidrio y otros materiales, refuerzan la importancia de este comercio con el mundo romano (cerámicas campaniformes, de terra sigillata). Por último, el casi centenar de monedas encontradas, principalmente de los gobiernos de Augusto y Tiberio, un grupo de época republicana y otro conjunto de ejemplares acuñados en las cecas del valle del Ebro, nos acercan un nuevo dato sobre el proceso de incorporación al nuevo sistema comercial que estaba a vivir esta comunidad.

Se trata de un poblado castreño-romano cuya ocupación se sitúa dentro de la cultura castrexa ( no confundir con la cultura castreña). Siguiendo las últimas excavaciones hechas se data su ocupación entre el siglo I a.C y el siglo I d. C., en un período en el que el proceso de romanización del noroeste peninsular ya comenzara. Su abandono coincidiría con las reformas administrativas llevadas a cabo por los emperadores de la Dinastía Flavia.

A pesar de esto el sistema constructivo refleja unas técnicas constructivos muy respectuosas con la tradición castreña (predominio casi absoluto de construcciones circulares frente a las rectangulares) y poco influenciado por la presencia romana (siempre urbanísticamente hablando), si bien estudios más pormenorizados podrán acercarnos más datos sobre esta mayor o menor influencia romana.

De la totalidad de lo excavado, un porcentaje muy bajo del tamaño estimado del asentamiento, en la actualidad solo es visitable la zona septentrional excavada en los años 80 y algunas construcciones de la zona más alta del monte. La zona o barrio oriental excavado por Mergelina y el excavado por otros equipos se encuentran cubiertos por los matorrales y árboles y casi no es perceptible. Este estado de abandono hace imposible su estudio. Esto, unido a la inexistencia de una planimetría del yacimiento, hace que sea muy complicado el estudio en conjunto del poblado.

Está delimitado por un sencilla muralla que acoge una extensión de terreno con unos ejes máximos de 700 metros (norte-sur) y 300 metros (este-oeste). Si bien estas dimensiones no están debidamente confirmadas y la visión actual que se tiene del yacimiento está supeditada a las sistemáticas empleadas en su estudio arqueológico, el bajo porcentaje de terreno excavado y a los destrozos que tuvieron lugar desde su descubrimiento (carretera, construcciones en la cumbre, reforestación, etc.).

En el caso de que posteriores estudios confirmen estas dimensiones estaríamos en presencia de uno de los mayores castros de los encontrados hasta ahora tanto en tierras gallegas como del norte de Portugal.

En el diseño de la muralla parece primar una función de delimitación del terreno respecto a su entorno, frente a las funciones defensiva o disuasoria.

La muralla fue realizada en cantería trabada con barro, no sobrepasando los 160 cm de grosor máximo, carece de cimentación y de momento no se han encontrado accesos interiores a ellas, como escaleras o rampas.

Se abre la puerta Norte en su extremo nordeste con un cuerpo de guardia a la derecha. Cara al extremo meridional, no visible hoy por culpa de la vegetación, se abre otra puerta con un sistema de acceso en ángulo recto.

El sistema de comunicaciones en el interior de la zona septentrional se basa en un camino de ronda pegado a la muralla que rodea las construcciones.

Casi todas ellas tienen plantas circulares u ovaladas y son exentas, no compartiendo paredes medianeras salvo contadas excepciones. También son excepción las pocas cabañas con planta rectangular y estas presentan, en su mayoría, esquinas en arco.

El grosor de sus paredes suele ser bastante uniforme, sobre 40 cm de media, y con un mejor acabado cara al exterior. La gran mayoría son de pequeñas dimensiones.

Se asientan directamente sobre la roca madre y sus muros estarían recubiertos con un mortero de cal y arena. Restos de pigmentación encontrados indicarían que los recebados estarían tintados con distintos colores.

Muchas de las cabañas presentan un vestíbulo de acceso que muchos autores entienden que se trata de un influjo mediterráneo adaptado a las características de las construcciones indígenas.

En el interior, algunas presentan bancos adosados y el pavimento en algunos casos es de terra pisada y en otros de losa. En muchos de los umbrales de entrada se pueden ver los goznes, agujeros en los que se ajustarían las puertas.

En este castro se han encontrado una gran cantidad de jambas y dinteles monolíticos decorados con formas geométricas, sogueados, entrelazados. También se encontraron, empotrados en los muros, bloques monolíticos cilíndricos de no muy grandes dimensiones y con una de sus caras decoradas con formas geométricas como espirales, trisqueles, rosáceas o molinetes. Otros elementos, como peanas o los llamados amarraderos, presentan decoraciones similares y también representaciones de animales.

Este tipo de decoración, según Antonio de la Peña Santos:

pone de relieve la existencia de una plástica propia y peculiar del mundo castreño, producto de la asimilación y reelaboración de temas ornamentales de filiación mediterránea

En relación al sistema de techado la teoría tradicional que defiende una cobertura con tejado cónico sustentado por un poste central no se encuentra refrendado por los hallazgos arqueológicos, ya que no se ha encontrado el agujero para fijar el poste central y en ese lugar central se acostumbran a encontrarse lareiras para la combustión. Por esta falta de referencia de los testimonios arqueológicos cabe pensar en un sistema de cubrición que descarga sobre los muros directamente. De la misma manera no existen pruebas que hagan rechazar la posibilidad de una cubrición en forma cónica, plana o a dos aguas. Por otro lado si se tiene constatado el uso de materiales vegetales para su cubrición, reforzados por cuerdas tensadas por lajas perforadas (pesas) que colgarían del límite.

Como es lógico no todas las cabañas tendrían un uso habitacional, las viviendas serían aquellas de mayores dimensiones y con aparejo de mayor calidad (algunas con esos dinteles y elementos decorados ya mencionados), con vestíbulo y que presentan cuidados pavimentos de sablón y con lareiras en el centro de la estancia. En el vestíbulo se encontraría un horno simple.

Otro grupo de construcciones, que se podrían denominar genéricamente almacenes, semejantes en número tendrían usos distintos a los de habitación por lo que presentan una tipología menos elaborada y una construcción menos cuidada que las habitacionales y con umbral más peraltado. En el interior de estas construcciones se encontraron restos de ánforas, algún molino, cantos para tallar, etc.

Estas construcciones se adaptan al terreno con ayuda de pequeños muretes en terrazas que delimitan el espacio. La distribución urbanística se caracteriza por la presencia de grupos de construcciones formando conjuntos perfectamente individualizados. Se trata de las conocidas como Unidades familiares (otros autores hablan de Casas patio) conformadas por las correspondientes viviendas y almacenes estructuradas en torno a un pequeño patio común, muchas veces enlosado.

El urbanismo del yacimiento incluye una compleja red de canales de evacuación de las augas pluviales situadas bajo los pavimentos y llanos, y en ocasiones en la superficie, esculpidas sobre la roca base y cubiertas con losas. En ocasiones estas aguas se canalizan cara a aljibes excavados en la roca y revestidos con una argamasa impermeabilizadora.

Esta ordenación interna del espacio aparece condicionada por la muralla, posible primer elemento en ser levantado, lo que hace pensar a De la Peña Santos en la existencia de una planificación minuciosa previa a la edificación de las cabañas.

En la misma zona donde se levantó el poblado se ha comprobado la presencia humana aproximadamente 2.000 años antes. Testimonios de esta presencia son los grabados rupestres que dejaron en varias localizaciones del posterior castro. Muchos de estos petroglifos fueron cubiertos por las estructuras levantadas en el momento de la construcción del castro.

Entre las distintas representaciones que todavía hoy son visibles, representaciones geométricas, destaca la conocida como Laja Sagrada o Laja del Mapa que, situada en la parte alta del monte, está compuesta por varias espirales, círculos concéntricos y trazos lineales más o menos paralelos. Sus descubridores interpretaron que se trataba de un mapa de la desembocadura del Miño, hipótesis que carece de fundamento científico. Cercana a ésta, entre dos muros que la tapan parcialmente, se encuentra otra roca con grabados similares.

Lo que es evidente es que estos grabados no tienen ninguna relación con el castro ya que son producto de una sociedad que se desarrolló 2.000 años antes, en la etapa final del neolítico gallego.

Además de los hallazgos ya mencionados se puede destacar una gran cantidad de restos cerámicos encontrados, hecho común a los castros galaicos, tanto de cerámica indígena, caracterizados por tener pastas oscuras modeladas a mano o con torno lento, como numerosos restos de otras variedades típicas del mundo romano, como la cerámica campaniforme, de característico barniz verde y partes de terra sigillata, con su característico barniz rojo, así como restos de la llamada cerámica común romana. También se han encontrado fragmentos de un kalathos ibérico pintado. Entre los restos cerámicos también se encontraron trozos de lucernas.

Abundantes fueron también los hallazgos de trozos de vidrios romanos de variadas formas y tonalidades. Destacan dos cuencas fragmentados de vidrio polícromado de una variedad muy escasa conocida como vidrio mosaico o millefiori, propia de los obradores orientales de la primera mitad del siglo I d. C., y que por su calidad pueden considerarse de las mejores encontradas hasta el momento en la Península Ibérica.

Finalmente, también se encontraron gran cantidad de cuentas de collar hechas de vidrio y fichas de juego en el mismo material, estas últimas puede que vinculadas a la aparición de algún tablero de piedra cuadriculado de tipo romano conocido como tabula latrunculata.

Los hallazgos metálicos, poco abundantes en estas tierras por la acidez del terreno, también están presentes en el yacimiento en forma de trozos de calderos, sítulas de bronce y cuchillos de lámina plana de bronce que formarían parte del ajuar doméstico de los habitantes del castro.

La orfebrería también tiene su presencia con dos remates de torques hechos en chapa de oro. Uno de ellos, de gran calidad artística, presenta forma globular acabada en Escocia y profusa decoración geométrica y con un trisquel en la base del extremo. Colgantes de bronce de variadas formas, restos de pulseras y brazaletes también en bronce forman parte de los hallazgos, así como anillos romanos de bronce.

Relacionados con la vestimenta se han encontrado fibulas en bronce de diversas tipologías, en omega, de brazo largo, etc.

Finalmente, los escasos hallazgos en el yacimiento de restos de armamento se reducen a unas cuantas puntas de dardo de hierro, dos regatones de bronce, un puñal romano de hierro (pugio) con remaches en bronce y restos de la vaina, una espada de antenas rematadas en botones bitroncocónicos y hoja de hierro. Estas dos últimas se tratan de piezas tardías de las que se considera fueron usadas más como elementos de distinción social que estrictamente como armas propiamente dichas.

A todos estos elementos habría que sumar la desaparecida estatuilla en bronce que representaba un Hércules y que fuera encontrada a mediados del siglo XIX en las proximidades de la ermita.

En los años en que Ignacio Calvo excavó en Santa Tecla (1914-1923), los hallazgos de estos trabajos comienzan a ser expuestos en un local de La Guardia, germen del museo que años más tarde se abrió en la cima del monte.

En el año 1943 la Sociedad Pro-Monte adquirió un edificio en la parte alta del monte que fuera diseñado por el arquitecto Antonio Palacios para su uso como restaurante. A este edificio trasladaron las piezas encontradas en las excavaciones que configuraron el actual museo, que fue inaugurado el 23 de julio de 1953 con la presencia de los arqueólogos asistentes al III Congreso Nacional de Arqueología.

Este dedal fue comprado en uno de los puestos de recuerdos que podemos encontrar en el monte de Santa Tecla.

(06/12/2015)

270. Dedal CAMINO DE SANTIAGO // CAMINO DE SANTIAGO´s Thimble

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Dedal M&L del Camino de Santiago.

Seguimos con dedales del Camino de Santiago. En esta ocasión, os quiero enseñar este dedal de la colección M&L (Menta&Limón), que lo compré porque me encantó cuando lo ví. Como todos los dedales de esta colección me pareció muy gracioso, por los dibujos que veis en la foto que os dejo para enseñaros el dedal. Este dedal nos enseña a un peregrino totalmente equipado para hacer el Camino de Santiago y  algunas escenas por las que pasa durante el camino.

El dedal que os quiero enseñar en esta entrada es un dedal de porcelana que fue comprado en una de las múltiples tiendas de recuerdos que podemos encontrar paseando por las calles de la ciudad de Santiago de Compostela. Como podéis ver en Santiago hay muchos dedales diferentes y yo solamente tengo unos cuantos, pero en cuanto vuelva a ver si puedo conseguir alguno más.

A continuación os dejo información sobre el Camino de Santiago.

El Camino de Santiago es una ruta que recorren los peregrinos de todo el mundo para llegar a la ciudad de Santiago de Compostela, donde se veneran las reliquias del apóstol Santiago el Mayor. Durante toda la Edad Media fue muy recorrido, transitado o concurrido, después fue un tanto olvidado y en la actualidad ha vuelto a tomar un gran auge. El Camino de Santiago Francés y las rutas francesas del Camino fueron declarados por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1993 y 1998 respectivamente; Itinerario Cultural Europeo por el Consejo de Europa, a la que se unen en 2015 el Camino Primitivo, el Camino Costero, el Camino vasco-riojano y el Camino de Liébana. Además, ha recibido el título honorífico de Calle mayor de Europa.

En 2004 la Fundación Príncipe de Asturias le concedió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. “Como lugar de peregrinación y de encuentro entre personas y pueblos que, a través de los siglos, se ha convertido en símbolo de fraternidad y vertebrador de una conciencia europea”. Tal y como refleja el acta del Jurado reunido en Oviedo el 7 de septiembre de 2004.

El premio entregado a los responsables de todas las Comunidades Autónomas por las que corren las rutas jacobeas, abiertas tras el descubrimiento de la tumba del Apóstol, en el siglo IX.

Miles de peregrinos recorren su trayecto cada año. En sus más de mil años de historia ha generado una gran vitalidad social, cultural y económica.

Los orígenes del culto a Santiago en la Hispania romana son desconocidos, pero parece ser que en el año 812 se encontraron reliquias atribuidas al apóstol. Al final del siglo IX se extiende por la Europa cristiana. En el siglo XI el número de peregrinos aumentó considerablemente gracias a contactos culturales entre las naciones europeas.

Alfonso II, rey de Asturias, mandó construir una iglesia en el lugar que, de acuerdo a la voz de la tradición, reposan los restos del apóstol Santiago. A partir del siglo XV, esta iglesia se convirtió en uno de los principales centros de peregrinación de la Cristiandad y dio origen al actual Camino de Santiago. Por esta vía se expandieron en la Península los nuevos estilos arquitectónicos que triunfaron en Europa.

El nombre castellano “Santiago” proviene del latín Sanctus Iacobus.

Los orígenes del culto a Santiago en Galicia permanecen en la oscuridad de los tiempos. A finales del siglo VIII se difunde en el noroeste de la Península Ibérica la leyenda de que Santiago el Mayor había sido enterrado en estas tierras, tras evangelizarlas. Así ocho siglos después de la muerte del Apóstol Santiago, en el año 813, un ermitaño llamado Pelayo o Paio dijo que vio una estrella posada en el bosque Libredón. Se lo comunicó al obispo Teodomiro, obispo de Iria Flavia, (cerca de Padrón). Fueron allí y descubrieron en la espesura la antigua capilla, donde existe un cementerio de la época romana. El hallazgo del supuesto sepulcro coincide con la llegada al reino astur de mozárabes huidos de las zonas dominadas por los musulmanes, buscando poder practicar sus creencias religiosas.

Es generalizada la creencia, entre algunos estudiosos, de que los restos de Prisciliano fueron enterrados en estos lugares, cuando trajeron su cuerpo desde Tréveris (Alemania). Otros proponen que fueron sepultados cerca de Astorga (León). Según los primeros, el sepulcro de Santiago puede ser la tumba de Prisciliano; aunque las fechas en las que vivieron uno y otro no coinciden.

Alfonso II el Casto, Rey de Asturias, viajó con su corte al lugar, resultando de esta manera en el primer peregrino de la Historia. Fue muestra de su fe la erección de una pequeña iglesia.

Aproximadamente desde el año 821, con el hallazgo de las presuntas reliquias del Apóstol y con el beneplácito de Carlomagno, que quería defender sus fronteras de invasiones árabes, Compostela se convertirá progresivamente en un centro de peregrinaje. Y recibirá su impulso definitivo durante la primera mitad del siglo XI. Muy pronto, la noticia se extiende por toda la Europa cristiana y los peregrinos comienzan a arribar al venerable lugar del sepulcro, el denominado Campus Stellae, que devendrá en el famoso vocablo Compostela.

Menéndez Pidal opinaba que en cierto sentido se puede considerar al caudillo musulmán Almanzor como el gran revitalizador del Camino y quien provocó su fama internacional. En efecto, los repetidos ataques de Almanzor sobre los reinos cristianos españoles llegaron a inquietar a los monjes de la abadía benedictina de Cluny, en aquel momento el más importante centro del cristianismo europeo. Religiosos vinculados a Cluny elaborarán el Códice calixtino y la Historia compostelana y los reyes españoles favorecerán en todo lo posible la constitución y proyección de una red de monasterios cluniacenses en el norte de España y singularmente alrededor del Camino. Esa política está íntimamente relacionada con el deseo de los monarcas españoles de romper con su aislamiento respecto de la Cristiandad mediante lazos dinásticos, culturales y religiosos.

Muchos de los primeros peregrinos procedían de regiones de Europa pioneras en la aportación de novedades musicales. Partiendo algunos del norte y otros de zonas más céntricas de Francia, habían pasado por lugares de culto, como Chartres y Tours. Allí pudieron escuchar las melodías que todo el Occidente cristiano consideraba el verdadero legado del papa Gregorio. Poco importaba que aquellos que venían del norte de Italia y que habían tenido que cruzar los Alpes y Pirineos les dijeran que en su lugar de origen el rito litúrgico era más antiguo y venerable que ése al que ellos llamaban romano.

Tampoco importaba mucho que una vez adentrados en territorio hispánico, y reunidos los peregrinos de distintas procedencias en torno a un mismo Camino, hicieran un alto en algún monasterio riojano y allí se les hablase, no sin nostalgia, de una liturgia que no hacía mucho era el elemento unificador frente a las huestes de Alah que desde hacía siglos ocupaban buena parte del solar hispano.

En esos monasterios riojanos y castellanos aún se miraría con recelo a aquellos caminantes que se dirigían a Campus Stellae. Precisamente siguiendo esa ruta había entrado el principal enemigo del rito hispano. Por la ruta jacobea se fueron contaminando las antiguas ceremonias y costumbres para que aquellos que venían de regiones remotas pudieran entender algo del culto que escuchaban. Tanto es así, que ante los deseos unificadores de Alfonso VI, se abolió el rito autóctono en beneficio de la liturgia llamada romana.

El número de caminantes crece geométricamente a partir del siglo X, cuando la población europea logra salir del aislamiento de épocas anteriores e inicia una serie de contactos e intercambios que, en el campo religioso, llevarán a hacer de la peregrinación: una manera más activa, amplia, inclusiva y sencilla de devoción. Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela serán los destinos más importantes: todos los caminos llevan a Roma. Los cruzados y las ciudades marítimas italianas abren la ruta de Jerusalén. Los monarcas de Navarra, Aragón, Castilla y León facilitan el viaje a Santiago mediante la construcción de puentes, reparación de caminos y edificación de hospitales.

Años más tarde, el carácter apostólico de su iglesia y los bienes, generosamente, obsequiados por los peregrinos permitieron a un obispo emprendedor, Diego Gelmírez, convertir su sede en arzobispado.

Después del siglo XIV se produjeron muchas convulsiones sociales en Europa que desvían a los peregrinos potenciales hacia otros destinos. Por otra parte, la Reconquista desplaza toda la atención económica y gubernamental de los reinos españoles hacia el sur. El Camino de Santiago pierde el esplendor de los siglos anteriores. El Cisma de Occidente en 1378 agrava y divide a la Cristiandad. El siglo XV tampoco ayudó a su revitalización, plagado de acontecimientos desagradables en el viejo continente: guerras, hambre, peste, malas cosechas, sequías…

Aún así, muchos creyentes seguían acudiendo hasta la tumba del apóstol para cumplimentar su penitencia pero, año tras año, el Camino fue cayendo en el olvido.

(06/08/2015)

269. Dedal MADRID // MADRID´s Thimble

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Dedal de la Fuente de Cibeles. Madrid.

En esta entrada os quiero enseñar el último de los dedales de monumentos de la ciudad de Madrid que tengo en mi colección de dedales. En esta ocasión, vuelve a ser el mismo tipo de dedal, un dedal de porcelana en el que podemos observar una imagen de la Fuente de Cibeles.

La fuente de Cibeles (más conocida por el pueblo madrileño sencillamente como La Cibeles) se encuentra en la ciudad española de Madrid, en la plaza del mismo nombre. Se instaló en 1782 en el Salón del Prado, junto al Palacio de Buenavista, de cara a la fuente de Neptuno (actualmente en el centro de la plaza de Cánovas del Castillo, en el Paseo del Prado junto al Palacio de Villahermosa, actual Museo Thyssen-Bornemisza, y al Hotel Palace). Incluye a la diosa Cibeles, símbolo de la Tierra, la agricultura y la fecundidad, sobre un carro tirado por leones. La actual plaza se llamó al principio Plaza de Madrid y en el año 1900 tomó el nombre plaza de Castelar. En la actualidad está delimitada por los grandes edificios del Palacio de Buenavista (Cuartel General del Ejército), Palacio de Linares (Casa de América), Palacio de Comunicaciones (antes sede de Correos y actualmente de la Alcaldía de Madrid) y Banco de España. Lo curioso es que cada uno de estos monumentos pertenece a un barrio distinto de Madrid.

Los encargados de su realización fueron Francisco Gutiérrez (figura de la diosa y el carro), Roberto Michel (los leones) y el adornista Miguel Ximénez, de acuerdo con el diseño de Ventura Rodríguez. La diosa y los leones fueron esculpidos en mármol cárdeno del pueblo de Montesclaros (Toledo), y el resto en piedra de Redueña, localidad enclavada a 53 km al norte de Madrid, cerca de la sierra de La Cabrera.

El estar enclavada en un lugar tan céntrico, su ajetreada historia, e incluso tradiciones recientes como lugar de celebraciones deportivas de los triunfos del Real Madrid en todas las competiciones han contribuido a que sea uno de los más conocidos símbolos de Madrid a nivel mundial.

En la segunda mitad del Siglo XVIII surge en Europa la Ilustración, un movimiento que incluye renovación ideológica, política y también artística, primando el neoclasicismo como una revisión de los cánones y de la mitología griega y romana. Carlos III vendrá de Italia fuertemente influenciado por la Ilustración, emprendiendo una serie de reformas urbanísticas en Madrid (alumbrado público, adoquinado de calles, etcétera). Estas reformas de la capital también adquieren una relevancia estética. El objetivo es situar a la capital de España, Madrid, al nivel estético de ciudades europeas como París o San Petersburgo. En este plan de renovación estética se incluyen otros proyectos emblemáticos como la Puerta de Alcalá o la Fuente de Neptuno.

Esta fuente fue recreada por el arquitecto español Ventura Rodríguez que realizó el proyecto entre los años 1777 y 1782. Ventura Rodríguez, Maestro Mayor de la Villa y de sus Fuentes y Viajes de Agua, diseñó la fuente mediante unos dibujos a lápiz y papel. Quiso compaginar la función ornamental con la práctica, creando una figura infantil con una jarra de la que brotaba un surtidor de agua potable para el uso público. Para la construcción de la fuente fueron empleados unos 10.000 kilos de piedra.

El escultor Francisco Gutiérrez Arribas esculpió la figura de la Diosa Cibeles y las ruedas del carro y el francés Roberto Michel esculpió los dos leones. Miguel Jiménez cobró 8.400 reales por labrar las cenefas decorativas del carro. Estos tres artistas trabajaron en equipo.

En 1791 el nuevo Maestro Mayor de Madrid, Juan de Villanueva, propuso disponer en los costados de la fuente dos esculturas de piedra de un dragón y un oso, obra de Alfonso Bergaz hijo, que arrojaban agua por unos caños de bronce insertos en sus bocas. El dragón se destinó para uso público y el oso para que llenasen sus barriles los 50 aguadores que se acabarían asignando a la fuente. En 1862 el dragón y el oso fueron retirados.

Ya en su ubicación actual, poco a poco, al elevarse las rasantes de su entorno por la renovación de la edificación circundante, la gran pila de agua de la fuente ha ido quedando semienterrada.

Parece ser que en principio esta fuente iba destinada a los Jardines de La Granja de San Ildefonso en Segovia, pero cuando se empezó a remodelar el ancho Paseo del Prado, la fuente se colocó frente al Palacio de Buenavista, muy cerca de él, a la entrada del Paseo de Recoletos y mirando hacia la otra gran fuente, la de Neptuno. Entre ella y el palacio había unos edificios pequeños donde estaba ubicada la Inspección de Milicias y más tarde la Presidencia del Consejo de Ministros, hasta que en 1780, se incendió todo el grupo. Instalada la fuente en 1782, no funcionó hasta el año 1792.

En 1895 se trasladó el monumento al centro de la plaza, colocando a la diosa mirando al primer tramo de la calle de Alcalá. Este traslado levantó mucho revuelo y críticas que se vieron reflejadas en la prensa de la época donde se dieron todos los detalles de la polémica entre el Ayuntamiento y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Hasta el año 1981 no hubo ninguna restauración.

La figura principal es la diosa Cibeles, obra del escultor Francisco Gutiérrez. Está montada en un carro dispuesto sobre una roca que se eleva en medio del pilón. En sus manos lleva un cetro y una llave y en el pedestal se esculpieron un mascarón que escupía agua por encima de los leones hasta llegar al pilón, más una rana y una culebra que siempre pasan desapercibidas. Dos leones esculpidos por el francés Roberto Michel, tiran del carro. Los leones representan a los personajes mitológicos Hipómenes (o Melaión) y Atalanta, la gran cazadora del grupo de Diana. Hipómenes se enamoró de ella y consiguió sus favores con la ayuda de Afrodita y del truco de las manzanas de oro, pero al cometer los amantes sacrilegio cuando se unieron en un templo de Cibeles, Zeus se enfureció y les convirtió en leones condenándoles a tirar eternamente del carro de la gran diosa.

La fuente no sólo era un monumento artístico sino que tuvo desde el principio una utilidad para los madrileños. Tenía dos caños que se mantuvieron rústicos hasta 1862. De uno se surtían los aguadores oficiales que solían ser asturianos y gallegos y llevaban el agua hasta las casas y del otro el público de Madrid. En el pilón bebían las caballerías. El agua procedía de un viaje de aguas que, según la tradición, databa de la Edad Media de la época en que Madrid era musulmán. Tenía fama de poseer buenas propiedades curativas de cualquier mal. Los caños eran incómodos y de difícil acceso y estaban situados en el lugar donde hoy saltan los surtidores. Precisamente por eso en el año 1862, el Ayuntamiento decidió cambiarlos por dos figuras artísticas y de diseño simbólico para la villa de las que manaba ampliamente el agua: un oso y un grifo (criatura mitológico mitad águila, mitad león) que además fueron colocadas de manera que se facilitara el acercamiento de la gente.

En 1895, con el traslado de la fuente al centro de la plaza, y con motivo de las obras pertinentes, se hicieron nuevas remodelaciones. Se colocó el monumento sobre cuatro peldaños y se le rodeó de una verja para evitar en este caso el acceso. La fuente ya no cumplía su cometido porque la mayoría de las casas tenían o empezaban a tener agua corriente, por lo que el añadido del grifo y el oso se quitó, volviendo así al primitivo proyecto de Ventura Rodríguez. El grifo estaba en buenas condiciones así que se guardó en los almacenes de la villa, junto con otras piezas de monumentos varios donde quedó abandonado y olvidado. Cuando a finales del siglo XX se restauró la casa de Cisneros, alguien se acordó del grifo de Cibeles y fue trasladado al jardincillo de este edificio. Por su parte, el oso adornaba uno de los paseos de la Casa de Fieras del Retiro. En la actualidad, tanto el oso como el dragón forman parte de las colecciones del Museo de los Orígenes de Madrid, en cuyo patio renacentista pueden contemplarse, junto a los remates de tritones y nereidas de las Cuatro fuentes del Paseo del Prado.

A través de los años, en una nueva remodelación la verja desapareció sin que el Ayuntamiento diera explicación alguna y la gente se olvidó de ella, hasta que a finales del siglo XX, la prensa dio con su paradero por casualidad e informó de ello: se halla en la entrada al recinto de la sede de la banda de cornetas y tambores de la policía municipal que está ubicada cerca del Puente de los Franceses.

Además se añadieron en la trasera dos amorcillos; uno (cuyo autor es Miguel Ángel Trilles) vierte agua de un ánfora, y el otro (su autor es Antonio Parera) sostiene una caracola. Pero con este cambio no se perdió la traída de aguas del viaje antiguo y para suplir la fuente como tal se construyó una fuentecilla con caño en la esquina de la plaza, del lado de Correos. Esta fuentecilla siguió siendo todo un símbolo para el pueblo de Madrid que allí acudía a llenar cántaros, botijos y botellas, como sus antepasados. La fuentecilla dio lugar a que la música le dedicara una canción: “Agua de la fuentecilla, la mejor que bebe Madrid…”

Durante la Guerra Civil Española, el bando republicano, que aún dominaba Madrid, cubrió la fuente de Cibeles con una montaña de sacos terreros y, sobre estos, una estructura enladrillada de forma piramidal, para protegerla contra las bombas y disparos del bando enemigo (que ya habían causado deterioros en su brazo derecho, nariz y en el morro de uno de los leones), gracias a lo cual se evitaron daños mayores en el monumento.

A mediados del siglo XX el agua de la fuente se hizo más artística con el añadido de surtidores y diversos chorros formando cascadas y agregando la iluminación de colorines que hizo las delicias del pueblo madrileño. En el estanque superior hay dos surtidores verticales que alcanzan los 5 m de altura, acompañados de una serie de chorros inclinados que ellos envían el agua desde la diosa hasta la parte externa.

En los años 1994 y 2002, la escultura fue mutilada, siéndole arrancada en ambas ocasiones una mano; en una de las ocasiones la mano original apareció, pero en la otra no, teniendo que ser sustituida por una nueva de origen moderno.

Algunas crónicas señalan que en caso de que las alarmas de la Cámara del Oro del Banco de España salten por intento de robo, todas las habitaciones de dicha cámara, a 35 metros de profundidad, se inundarían con el agua de La Cibeles, gracias a la canalización de las aguas desde la fuente hasta la citada estancia.

Aunque desde mediados de los años 70 había sido un lugar de celebración para los aficionados de los dos equipos grandes de la ciudad, el Real Madrid Club de Fútbol y el Atlético de Madrid, a partir de la Copa del Rey de 1991, se convierte en lugar de encuentro para la celebración de los títulos del Real Madrid ya que los aficionados del Atlético se trasladan a la cercana fuente de Neptuno. La historia de la relación con el Real Madrid se remonta al 18 de junio de 1986, cuando el entonces futbolista del Real Madrid Emilio Butragueño marcó cuatro goles en un partido de la Copa Mundial de Fútbol de 1986 de México entre las selecciones de España y Dinamarca en la eliminatoria de octavos de final. Este acontecimiento hizo que varias decenas de personas de concentraran en la citada fuente al grito de Oa, oa, oa, Butragueño a la Moncloa (a los pocos días se iban a celebrar las elecciones generales de ese año).

En un principio todo el mundo se encaramaba a la fuente en las celebraciones, pero velando por la conservación del monumento, el Ayuntamiento de Madrid restringió el acceso únicamente a los jugadores, pasando posteriormente a colocar una pasarela alrededor de la fuente para prohibirle también el acceso a los futbolistas. Cuando el Real Madrid ganó la Liga 2002/2003, ningún jugador pudo llegar a tocar a la diosa, lo que provocó el enfado de los capitanes con el alcalde. En la celebración de la trigésima Liga (2006/2007), el capitán del Madrid (Raúl) pudo llegar a la escultura desde una grúa y le colocó una bufanda del equipo. Para los festejos de la temporada 2007/2008, el Ayuntamiento instaló una pasarela para que Raúl pudiera acceder a la diosa con menos dificultades que el año anterior. Esto sucedió una vez más en la madrugada del 21 de abril de 2011, después de que el Real Madrid se convirtiera en campeón de la Copa del Rey el día anterior, el 20 de abril de 2011, tras ganar la final. En esta ocasión, el capitán Iker Casillas le colocó en el cuello una bandera de España con el nombre del Real Madrid y una bufanda del equipo para terminar besando a la diosa. El 3 de mayo de 2012 se le colocó una bandera y una bufanda madridista por haber ganado la liga de 2011-2012. Y la noche del 25 de mayo de 2014, Casillas volvió a colocar la bandera con motivo de la celebración de la décima copa de Europa ganada por el Real Madrid.

Réplicas. En la Plaza de Cibeles, Avenida Oaxaca, en Ciudad de México, se encuentra una réplica exacta de la fuente madrileña. Fue donada por la comunidad de residentes españoles en México como símbolo de hermanamiento entre ambas metrópolis. Fue inaugurada el 5 de septiembre de 1980 por el alcalde de Madrid por aquel entonces, Enrique Tierno Galván.

Hay una segunda reproducción exacta de la estatua de la Cibeles de Madrid. Está situada en la Plaza Presidencial de una zona residencial de Pekín.

Este dedal como la mayor parte de los anteriores de esta colección, fue comprado en una tienda de Madridsouvenirs.com, situada en la Calle Preciados de la capital española.

(23/09/2015)