243. Dedal MADRID // MADRID´s Thimble

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Dedal Palacio Real de Madrid.

En esta entrada os quiero enseñar otro de los dedales de la ciudad de Madrid que tengo en mi colección. Este es un dedal de porcelana en el que podemos observar una imagen del Palacio Real de la ciudad.

El Palacio Real de Madrid es la residencia oficial del Rey de España; no obstante, los actuales Reyes no habitan en él, sino en el Palacio de la Zarzuela, por lo que es utilizado para ceremonias de Estado y actos solemnes.

Con una extensión de 135 000 m² y 3418 habitaciones (en superficie, casi el doble que el Palacio de Buckingham o el Palacio de Versalles), es el palacio real más grande de Europa Occidental. Alberga un valioso patrimonio histórico-artístico, destacando el conjunto de instrumentos musicales conocido como los Stradivarius Palatinos, y colecciones muy relevantes de otras disciplinas como pintura, escultura y tapicería. Las salas de Estado y las colecciones artísticas están abiertas a las visitas siempre que no haya actos oficiales.

Es conocido también como Palacio de Oriente, a pesar de estar situado en la parte más occidental de Madrid, debido a su ubicación en la Plaza de Oriente, llamada así al estar situada al este del palacio. A eje con el palacio, y enfrentado, se encuentra al otro extremo de la plaza el Teatro Real.

El palacio fue construido por orden del rey Felipe V, sobre el solar dejado por el Real Alcázar de Madrid, destruido casi del todo por un incendio en 1734. Tanto los cimentos del antiguo alcázar como alguna de sus estructuras fueron utilizadas para la construcción del nuevo palacio. El episodio del incendio sirvió para justificar la sustitución del viejo edificio por un palacio acorde al gusto de la época. Su construcción comenzó en 1738, según trazas del arquitecto Filippo Juvara, quien proponía un palacio mayor pero en una ubicación diferente. Al morir Juvara, se encomendó el proyecto a su discípulo Juan Bautista Sachetti, a quien se exigió adaptar los planos de Juvara al solar del antiguo Alcázar. Otros distinguidos arquitectos españoles como Ventura Rodríguez participaron y se formaron en la cantera del nuevo palacio, a él se debe la configuración de la Real Capilla. Francesco Sabatini se encargó de la conclusión del edificio, así como de obras secundarias de reforma, ampliación y decoración. Carlos III fue el primer monarca que habitó de forma continua el palacio.

El último monarca que vivió en palacio fue Alfonso XIII, aunque Manuel Azaña, presidente de la Segunda República, también habitó en el mismo, siendo por tanto el último Jefe de Estado que lo hizo. Durante ese periodo fue conocido como “Palacio Nacional“. Todavía hay una sala, al lado de la Real Capilla, que se conoce por el nombre de “despacho de Azaña“.

El interior del palacio destaca por su riqueza artística, tanto en lo que se refiere al uso de toda clase de materiales nobles en su construcción como a la decoración de sus salones con obras de arte de todo tipo, como pinturas de artistas de la importancia de Caravaggio, Velázquez, Francisco de Goya y frescos de Corrado Giaquinto, Giovanni Battista Tiepolo o Anton Raphael Mengs. Otras colecciones destacables que se conservan en el edificio son las de la Armería Real, porcelana, relojería, mobiliario y platería.

Actualmente Patrimonio Nacional, organismo autónomo dependiente del Ministerio de la Presidencia, gestiona los bienes de titularidad pública puestos al servicio de la Corona, entre ellos el Palacio Real.

El antecedente directo del Palacio de Oriente fue el Real Alcázar, fortaleza levantada en el mismo solar donde hoy se alza la construcción barroca. Su estructura fue objeto de varias reformas —sobre todo la fachada—, pues el rey Enrique III de Castilla lo convirtió en una de sus más frecuentadas residencias, tras lo que el recinto obtiene el adjetivo de “real”. Su hijo Juan II edificó la Capilla Real y varias dependencias. Sin embargo, durante la Guerra de Sucesión Castellana (1476) las tropas de Juana la Beltraneja fueron sitiadas en el alcázar, lo que ocasionó algunos destrozos en el viejo castillo.

El emperador Carlos I comenzó con reformas en el alcázar, empleando ya una arquitectura renacentista, pero fue realmente Felipe II quien impulsó mayores obras contratando a artistas de Italia, Francia y los Países Bajos. Fue por entonces cuando se construyó la llamada Torre Dorada y la Real Armería, derribada en 1894. Felipe III, Felipe IV y Carlos II continuaron con este proyecto.

Cuando llegó al trono Felipe V de Borbón en 1700 consideró que el antiguo alcázar era demasiado austero y estaba anticuado por lo que acometió nuevas reformas. La reina María Luisa Gabriela de Saboya por su parte y la Princesa de los Ursinos redecoraron las estancias al gusto francés. El incendio parcial del Alcázar en la nochebuena de 1734 fue una buena excusa para demolerlo casi por completo (exceptuando parte de los cimientos y algunas estructuras) y construir un nuevo palacio más acorde al gusto de la época y la nueva dinastía.

La construcción del nuevo palacio se inició en 1738. Para evitar futuros incendios el nuevo palacio sería enteramente de fábrica, con cubiertas abovedadas, limitando el uso de madera únicamente a carpinterías y estructuras de cubierta.

El arquitecto Filippo Juvara, uno de los más destacados de su época, fue el encargado de dirigir los trabajos del nuevo palacio.

El italiano ideó un monumental proyecto de enormes dimensiones, inspirado en los proyectos de Bernini para el Palacio del Louvre de París; el plan de Juvara no llegó a realizarse debido a su repentina muerte. Juan Bautista Sachetti, discípulo de Juvara, fue elegido para continuar la obra de su maestro; planteó una estructura de planta cuadrada, centrada por un gran patio también cuadrado y resolviendo los distintos ángulos con cuerpos salientes, estructura que recordaba tanto el antiguo Alcázar como la tradicional forma palacial española.

Las obras concluyeron en el reinado de Fernando VI. El programa escultórico de la fachada, pensada por el Padre Sarmiento, que contó con la mano de numerosos escultores como Felipe de Castro, consistía en la coronación de la balaustrada superior con las figuras de todos los reyes de España desde tiempos de los Visigodos, así como la instalación de cuatro emperadores romanos flanqueando la portada principal.

Carlos III a la muerte de su hermanastro en Madrid, abandonó el palacio de Caserta y el reino de Nápoles, y se instaló en Madrid como nuevo rey de España. La moda, que en Italia avanzaba hacia el nuevo clasicismo, influyó al rey que decidió retirar todas las esculturas de la cornisa. Pero esta decisión no se debió solo a razones estéticas; a Carlos III le desagradaba que la estatua de su padre Felipe V estuviese emparejada con la de su primera mujer y no con Isabel de Farnesio, su madre. Tampoco le agradaba el protagonismo de las estatuas de su hermanastro Fernando VI y Bárbara de Braganza.

Carlos IV a la muerte de su padre hizo mover la escalera principal de lugar al simétrico opuesto, para no tener que trasladar sus aposentos principescos.

Fernando VII, que estuvo muchos años preso en Francia, en el castillo de Valençay, inició una nueva remodelación de la decoración del palacio en el siglo XIX. El objetivo de esta reforma era convertir el anticuado edificio construido a la italiana en un moderno palacio al estilo francés. Según las malas lenguas, este cambio decorativo propició la fundación del actual Museo del Prado: el rey quería decorar sus salones con papeles pintados y candeleros, para lo cual retiró numerosos cuadros antiguos, que quedaron amontonados. Sería su esposa Isabel de Braganza quien impulsó la recopilación de muchos cuadros para el futuro museo.

Posteriormente el nieto de Fernando VII, Alfonso XII, siguiendo la tradición de acomodarse al gusto imperante trató de convertir el palacio en una residencia al estilo victoriano. Las obras fueron dirigidas por el arquitecto José Segundo de Lema y consistieron en la transformación de varias habitaciones, la sustitución de pavimentos de mármol por parqué y la adición de mobiliario de la época.

Las restauraciones efectuadas durante la segunda mitad del siglo XX tuvieron que reparar los daños causados durante la Guerra Civil, instalar o reinstalar nuevos conjuntos decorativos y sustituir los entelados de las paredes dañados por reproducciones fieles al original.

Este dedal fue comprado en una tienda de souvenirs de la Calle Preciados de Madrid.

(23/09/2015)

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